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Ayer en Montjuic

Laporta, el Berlusconi catalán, presumiendo de hispanofobia

Akelarre neofeudalista

Jueves 15 de octubre de 2009, por ER. Barcelona

En una ceremonia de homenaje al racista hispanófobo Luis Companys, nacionalista catalán que intentó pactar con Mussolini y Hitler la secesión de Cataluña y España durante la Guerra Civil, el presidente del Futbol Club Barcelona Juan Lapuerta (Joan Laporta en provenzal-catalán) ha lanzado soflamas primordialistas hispanófobas, todo para convertirse en el caudillo del futuro Estado catalán. De empresario capitalista de éxito a jefe de Estado étnico

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Akelarre neofeudalista. Las antorchas son muy queridas por los grupos racistas

El neofeudalismo es una ideología que defiende el mal llamado «derecho de autodeterminación», una ficción jurídica que, bajo soflamas idealistas, fundamentalistas democráticas e incluso de «izquierdas» (anarquistas o marxistas vulgares), lo que realmente defiende es un privilegio de secesión por el cual se elimina la soberanía nacional y la igualdad ante la Ley de los ciudadanos de una nación política, permitiendo que un grupo de ciudadanos, por razones únicamente de censo (bajo el pretexto de la lengua, la etnia, la religión; en definitiva, la cultura), decida sobre la unidad de una nación por encima del resto de ciudadanos de esa misma nación, ejerciendo así un privilegio que retrotrae a los privilegios étnicos de la época feudal medieval. Un neofeudalismo relacionado además con la servidumbre económica a líderes políticos y empresariales mediante la obediencia y el pago tributario fiel y leal. Una vuelta al Medievo a que nos ha llevado el descalabro de la Unión Soviética, de Yugoslavia y del Imperio Austrohúngaro, defendido por muchos izquierdistas sólo porque Lenin lo apoyaba (algo que no es exacto, puesto que para Lenin la autodeterminación sólo valía para las colonias y no para el resto de naciones europeas).

Sin embargo, a «izquierda» y «derecha», el neofeudalismo se afianza unido a tres mitos: el de la cultura, el de la izquierda y el de la derecha. El de la cultura por la sacralización de la misma, que no es otra cosa que la secularización del mito cristiano de la gracia de Dios, transmitido a la cultura gracias a filósofos alemanes como Fichte, Schelling o Hegel, y que tuvo su máxima concreción en la Alemania nazi. El de la izquierda por pensar en que esta es única, sin tener en cuenta que hay varias izquierdas, cada una con un proyecto político propio incompatible con otras izquierdas (no son compatibles el proyecto socialdemócrata y el comunista, o el anarquista). Y el de la derecha, por atribuir erróneamente a una llamada derecha elementos ideológicos que son tradicionalmente de izquierdas, como la defensa de la nación política, de la igualdad ante la Ley o de la crítica de los privilegios en nombre de la cultura.

Joan Laporta, presidente del Fútbol Club Barcelona, es el ejemplo más claro de neofeudalista hoy día en España. Empresario de éxito del club de fútbol hoy día más potente del mundo, hispanófobo, resulta ser un oportunista que utiliza sus negocios capitalistas para auparse como líder del secesionismo catalán (incluso tratando de liderar a los secesionistas catalanes que, a izquierda y derecha, tienen componentes socialistas). Ayer en Montjuic, en un Akelarre neofeudalista del partido pequeñoburgués de extrema derecha Esquerra Republicana de Catalunya (Izquierda Republicana de Cataluña, nombre que esconde una ideología etnicista-culturalista y supremacista de clara orientación europeísta hispanófoba), llamó a la «resistencia antiespañola de los catalanes»:

«Son momentos de levantarnos ante quienes cada día del año tratan a Cataluña con intransigencia. Trabajar por la plenitud nacional es tan justo como rendir homenaje a Companys».

Companys, fusilado por el ejército sublevado franquista durante la Guerra Civil, a pesar de sus veleidades fascistoides (pero no es compatible el fascismo españolista con el fascismo antiespañolista), es nombrado martir por Laporta. De ahí que se vaya con antorchas al castillo donde fue fusilado. Es un error homenajear a cada fusilado en la Guerra Civil por el bando franquista, puesto que no todos los fusilados eran de izquierdas o demócratas (como es el caso de Companys o del musulmán Blas Infante; también se podría citar a José Antonio Primo de Rivera, fusilado por los republicanos, pero cuyo asesinato fue tolerado y consentido por Franco para evitar competencias carismáticas por el poder y el liderazgo del bando insurrecto a la Segunda República).

Laporta es lo más cercano que hay a Berlusconi, el corrupto y putero presidente italiano, fuera de Italia. Nadie impidió, incluso fue elogiado, que se acercara de esta manera a los políticos neofeudalistas:

«A los políticos a veces se os intenta callar apelando al bien general. También a mí se me ha intentado callar muchas veces».

Aún criticado en las propias filas secesionistas, Laporta pretende liderarlas contra España, para Europa y convertir así Cataluña en el nuevo Kósovo. Está por ver si los catalanes le auparán a ese puesto mesiánico al que él aspira, y si los españoles patriotas en su conjunto, en cualquier espectro ideológico, permitirán que este nocivo sujeto racista empresarial se salga con la suya.


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