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Como parte de una gira hispanoamericana

Manuel Zelaya visita México

Reuniones a todos los niveles del Estado, incluido el del gobierno del DF

Viernes 7 de agosto de 2009, por ER. México


Entre la ambigüedad del formalismo y del fundamentalimso democrático liberal, caracterizados por la apelación a la democracia y los derechos humanos antes que al planteamiento dialéctico de proyectos estructurales y antagónicos, don Manuel Zelaya estuvo de visita por México por espacio de un par de días, para sostener reuniones a todos los niveles de la capa conjuntiva del Estado: el poder legislativo, el ejecutivo federal y el ejecutivo local de la ciudad de México.

A resultas de la entrevista con Calderón, el acuerdo obtenido por Zelaya es el de que el primero habrá de "platicar" con el emperador Obama en la próxima reunión que ambos tendrán en el marco del encuentro de mandatarios de América del Norte, a celebrarse en Guadalajara en fechas próximas. En ese encuentro, según lo acordado, Calderón intentará persuadir a Obama de que no obstante haber mostrado su apoyo a "las democracias" de la región, este apoyo no ha sido lo suficientemente firme como para lograr derribar al gobierno de facto de Honduras. Para Zelaya, en efecto, Obama ha venido comportándose tibiamente hasta el momento en lo que atañe a la situación actual del país centroamericano.

Luego, al presentarse en la tribuna de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, Zelaya planteó la ridícula por humanista propuesta -ridiculez que no tardó en persuadir a algunos legisladores, obviamente que, entre ellos, muchos considerados progresistas y con "sensibilidad" de izquierda- de que México formalice ante organismos internacionales la alternativa de tipificar el golpe de Estado como delito de lesa humanidad en tanto que viola todos los derechos humanos y constituye un quebranto al voto y al ejercicio de la democracia.

Luego, en el segundo día de su visita, Zelaya pisó el escenario del Teatro de la Ciudad, en el Distrito Federal, donde tuvo lugar el encuentro con el recién formado Movimiento de Solidaridad con Honduras, y con simpatizantes del movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador (quien está de visita por el estado de Oaxaca).

Habiendo pasado también por el Senado, en donde hubieron también de exponerse condenas por la violación a los derechos humanos y a la democracia, Zelaya recibió la medalla y la llave de la Ciudad de México, que lo acreditan como Huésped Distinguido, de manos del jefe de gobierno, Marcelo Ebrard. En sus discursos, ambos mandatarios señalaron y repudiaron el golpe orquestado contra Zelaya, destacando Ebrard que tales medidas le recordaban los años 70 y 80 en los que México, y en particular la ciudad de México, recibió a centenares de latinoamericanos que llegaban a nuestro país como refugiados y perseguidos políticos por las dictaduras en el cono sur.

Para Ebrard, lo que está de fondo en todo esto no es otra cosa que la "interrupción de la vida democrática de Honduras". Y Zelaya, incurriendo una vez más -al igual que todos, todos los políticos con los que se entrevistó- en ese idealismo pacifista liberal democrático que todo lo anega en el discurso políticamente correcto de hoy, que renuncia categóricamente a la guerra y a la violencia -imaginamos a todas las sensibilidades de izquierda del país a las que les fue dado escucharlo que rompieron en llanto estremecidos y ultra sensibilizados-, seguro de que esa vía haría retroceder a la humanidad muchos años (sic): "aplaudimos a los que lo han -al golpe- condenado y los miran -a los golpistas- como un mal ejemplo para la humanidad, en este caso el jefe de Gobierno del DF", fueron parte de las palabras de nuestro compañero de Houndras, don Manuel Zelaya.

Bien, ER.México no tiene más que manifestar el extrañamiento -vale decir irritación- por el panfilismo formalista liberal con el que todos los involucrados, salvo los golpistas y acaso, acaso Hugo Chávez, se están conduciendo en toda esta dialéctica política, porque unos y otros, Zelaya a la cabeza y acompañado por la legión de progresistas con sensibilidad de izquierda preocupados por el destino de la Humanidad, están queriendo presentarse como ángeles democráticos que han sido avasallados por unos lobos malvados (los halcones americanos y sus aliados hondureños) que están atropellando su sublime y espontánea democracia.

Y es que ni unos ni otros son ángeles, demonios o corderos inocentes, sino representantes de fuerzas políticas antagónicas dispuestas en un tablero geopolítico que afecta a su vez las tensiones internas de cada nación política de referencia; y si el golpe de Estado contra Zelaya tuvo en efecto lugar, no fue porque los golpistas y sus aliados desprecian a la democracia, los derechos humanos o a la Humanidad, sino porque ellos y quienes los respaldan -Estados Unidos, Obama, Hillary Clinton, además de los halcones, la CIA, el FBI, es decir, el imperio americano, además de algún oligarca hispanoamericano como aquellos que apoyaron con millones de dólares el golpe de Estado contra Salvador Allende en 1973- están decididos a frenar el avance de la revolución bolivariana impulsada por el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela y del que forma o formaba parte -por lo menos en su retórica, pues Honduras depende en más del 70% de Estados Unidos en términos económcios- la administración de Zelaya.

¿Porqué tanta basura retórica y tanto idealismo humanista en vez de llamar las cosas por su nombre? ¿Por qué tanta papilla democrática y pacifista?

En definitiva, Obama, la CIA, Hillary y los halcones no están apoyando a los golpistas hondureños por su soberbia de derecha y porque odian a la humanidad, sino porque muy poco es lo que les importa Honduras y porque quieren mandar el mensaje de que esa "Nueva Era" para las Américas de la que habló el pánfilo cínico liberal de Obama en la Cumbre de Trinidad y Tobago, es una Era de pax americana, una paz que no tiene modo de coexistir con un proyecto como el de la revolución bolivariana o culaquier otro que acaso pueda surgir en el futuro. De eso se trata, de enviar un mensaje a toda Hispanoamérica antes que a la Humanidad.

Lo peor de todo es que, al parecer, todos se han tragado enterito el cuento de Obama y compañía, y es por eso que piden mediaciones para que, en definitiva, se decida a ser más firme y derrocar, en cinco minutos incluso -palabras del mismísimo Zelaya-, al gobierno establecido.

¿Porqué pedir de rodillas la ayuda de Obama y no organizar otro tipo de estrategia política, realista, dialéctica y firme, apoyada por los países hispanoamericanos cuyos mandatarios tanta ira muestran en su pánfila retórica democrática?

¿Pero qué no hay nadie aquí, señores, que haya leído a Maquiavelo o a Lenin?


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