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La actual Presidenta del Tribunal Constitucional hace más de año y medio debería haber sido sustituida

Emilia Casas desea un «Estatut» que a todos satisfaga

Más de tres años de sediciosos arreglos en la sombra

Viernes 3 de julio de 2009, por ER. Madrid

Fue en octubre de 2007, en el madrileño Paseo de la Castellana. Con el marcial ruido de fondo del Desfile de las pacifistas Fuerzas Armadas Españolas, doña Emilia Casas Baamonde, era reprendida, ante la estuporosa mirada de los asistentes y de las cámaras de televisión que recogieron tan tenso instante, por la vicepresidenta del Gobierno de España: doña María Teresa Fernández De la Vega. Años más tarde, ya repuesta del sofoco, pero con la lección bien aprendida, Casas, declaró la semana pasada que desea que la sentencia en torno a los recursos presentados contra el antiespañol Estatuto de Cataluña, aprobado en consulta pública por menos de la mitad de los catalanes, satisfaga a todos

La actual Presidenta del Tribunal Constitucional, que hace más de año y medio debería haber sido sustituida, muestra una vez más la docilidad de los togados, meros títeres de cuota a manos de la partitocracia española, que en el caso del TC, aún no han sido capaces de determinar si la afirmación de que Cataluña es o no una nación, es constitucional. Tras años llevan estos talmudistas constitucionales dándole vueltas al asunto, ajustándose a los calendarios electorales y al ritmo de la política española. Mientras tanto, un desleal y abiertamente hispanófobo tripartito, aprueba leyes y consolida de facto, medidas que en el caso de que los magistrados derriben el estatuto al que se acogen dichos políticos provincianos y facciosos, será interpretado como un «ataque a Cataluña».

Para El Revolucionario, las aparentemente correctas y prudentes palabras de la señora Casas, entrañan una enorme gravedad, habida cuenta de que tras este tono aterciopelado, tiránico signo de nuestros tiempos, esconde el propósito de realizar –y que nos perdonen nuestros lectores antitaurinos, a fuer de antiespañoles casi siempre- una «faena de aliño» en la que la sacrificada será de nuevo, y acaso de forma definitiva, la Nación Española que, dicho sea de paso, es incompatible con la peregrina idea de «nación de naciones», prueba evidente de que en el Tribunal Constitucional tienen cabida incluso aquellos que no saben geometría.

No dudamos de que el fallo, que probablemente se produzca en período vacacional, en atención al diagnóstico que nuestras clase política ha hecho de los españoles, a saber: ese perezoso e indocumentado grupo que, distraído bajo las estivales sombrillas, nada hará ante tal saqueo, podrá lograr los deseos de doña Emilia.

Tampoco tienen dudas numerosos colectivos e instituciones que ya se han puesto manos a la obra para este nuevo «aggiornamiento». La semana pasada, en Gerona, antiguo vocablo ahora clandestino frente al impuesto: Girona, se presentaba una fundación, es decir, una fundació: la Fundació Princep de Girona (sic), proyecto impulsado por la Cámara de Comercio de Girona, Caixa Girona, la Fundació Gala-Salvador Dalí y La Caixa, a cuyo estreno acudió la plana mayor de la burguesía catalana, colectivo que en su día apoyó a Primo de Rivera o a Francisco Franco. Durante la inauguración, el proable heredero de la Corona, que hasta la fecha no se ha pronunciado ante la erradicación del español en las escuelas, introdujo en su discurso fragmentos en catalán, hecho que ya se ha repetido en otras ocasiones en que don Felipe hablaba en territorios que sufren la misma tiranía lingüística que se da en Cataluña.

Se trata de ponerse al día, de agradar, más no debería el Borbón olvidar las palabras de un insigne español, Juan de Mariana, en cuyo nombre se bautizaría siglos más tarde al símbolo de la evolución Francesa, la Marianne. Allá por el siglo XVII, el jesuita afirmó que toda persona tenía el derecho a matar al monarca que usurpa los derechos y libertades de los individuos.


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