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Válvula de escape económica como liberadora de presiones sociales y políticas internas

Nuevo record de remesas provenientes de Estados Unidos ingresadas a México en 2006: 21 mil 295 millones de dólares

La economía nacional depende de su monopolio estatal, PEMEX, y de sus ciudadanos expulsados por el desempleo y la miseria económica

Domingo 14 de enero de 2007, por ER. México DF

Mientras los monopolios mexicanos se reparten la anatomía de la sociedad civil (la economía política), es decir, su estructura de división del trabajo y de acumulación capitalista, México vive de su válvula de escape económica: las remesas de emigrados a Estados Unidos

Siguiendo una alarmante tendencia en ascenso, el 2006 registra un nuevo record en los ingresos de remesas al país por parte de trabajadores mexicanos en Estados Unidos: esta vez la suma asciende a 21 mil 295 millones de dólares, 16,51% más que el monto registrado para 2005. Esto hace del rubro de remesas el segundo en importancia después del que lleva como rótulo «ingresos petroleros».

Según informes del Banco Central, en los últimos tres años las remesas han incrementado su peso en la economía nacional, alcanzando ya un nivel del 2,6% del Producto Interno Bruto.

México depende económicamente entonces de su monopolio estatal más importante: PEMEX y de sus ciudadanos expulsados y explotados, muchos de ellos de forma ilegal, en el Imperio del Norte.

Por su parte, PEMEX es un monopolio nacional estratégico en torno de cuyo control se despliegan estrategias geopolíticas de potentes multinacionales petroleras; el gobierno del señor Calderón, en línea con el bloque neoliberal instalado en el poder del estado fundamentalmente desde Salinas de Gortari (1988-1994) y en consonancia orgánica con los ideólogos del fundamentalismo del libre mercado, deslizan poderosos intereses revistiendo cada movimiento con la retórica de la globalización, la competitividad, el libre mercado, la modernidad y la necesidad de «atraer inversiones para generar los empleos que el país requiere».

Ante este escenario tan vergonzoso y aberrante, un escenario caracterizado por el desmantelamiento progresivo de la estructura económica estratégica del estado mexicano, nos preguntamos por lo siguiente: ¿por qué se nos sigue diciendo que hay que abrir los mercados estratégicos para atraer inversiones, si en los últimos años la tendencia de dependencia de remesas de trabajadores mexicanos en Estados Unidos ha seguido en aumento? ¿Por qué no se cansan de repetirnos que «hay que terminar de poner en práctica las reformas estructurales» para que el país prospere, cuando el resultado de tales reformas, de momento, ha puesto a 4 o 5 «hombres de negocios» en las listas de los más ricos y poderosos de la tierra mientras México sigue dependiendo dramáticamente de agricultores o trabajadores domésticos ilegales explotados en Estados Unidos?

La contradicción es evidente: se promueve la apertura y el libre mercado de modo genérico (formalmente); el resultado concreto (material) es rotundo: se concentra la acumulación y se reduce cada vez más el número de monopolios pero aumentando cada uno de ellos, en proporción inversa, su control y poder económico político, mientras que, en efecto y por otro lado, se abren las puertas del país pero para que salgan expulsados por la miseria y el desempleo millones de mexicanos que a la postre son los que, con sus remesas, nos mantienen económicamente.

¿Pero qué pasa aquí? ¿De qué naturaleza es el ajuste que verdaderamente se necesita? ¿A qué escala se define? ¿Tendrá que ver con la estructura de poder político? ¿Tendrá que ver también con los monopolios privados?


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