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Pese a las gestiones de Sarkozy

El Estado mexicano no extraditará a Florence Cassez

El Revolucionario México rectifica parte de su análisis

Martes 23 de junio de 2009, por ER. México


En nota del 11 de marzo pasado, ER.México daba cuenta de la visita extraordinaria de Sarkozy a México con la que el mandatario francés habría de poner todos los recursos de su prudentia política para persuadir por vía diplomática a Felipe Calderón y, por su través, a la opinión pública mexicana y a las instituciones del Estado, para que la señora Florence Cassez, probada criminal que hubo de estar involucrada con la mafia del secuestro en la ciudad de México, pudiera quedar sometida a los mecanismos de derecho internacional para poder ser, así, extraditada a su país de origen y ser en Francia donde, se dijo, habría de cumplir "la pena".

Nuestro análisis remataba con un escenario en el que se planteaba la muy probable hipótesis de que la diplomacia francesa, que de hecho organizó una "comisión de estudio" binacional para los efectos, habría de tener éxito en sus afanes por desmontar el derecho mexicano y lograr en efecto la salida de la francesa.

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Florence Cassez
En principio, a la cárcel por 60 años

Pues bien, el día de hoy nuestro escenario hubo de ser refutado, toda vez que, muy al contrario de nuestro pronóstico, el Estado mexicano ha fallado en contra de Francia y, pese a la visita misma de Sarkozy, ha determinado que la señora Cassez habrá de quedarse en suelo mexicano para cumplir la sentencia de 60 años a la que ha sido condenada (la pena es de 70 años, pero la constitución nacional tiene como límite 60).

Pero sin perjuicio de reconocer nuestro error en el pronóstico final, y de rectificar el escenario de aquél nuestro análisis, ER.México mantiene no obstante la tesis del enanismo político de Felipe Calderón en tanto que Jefe de Estado, evidenciado a contraluz de la visita misma de Sarkozy y sus gestiones que, en tanto que Jefe de Estado, hizo a favor de su criminal conciudadana, pues, no obstante su fracaso efectivo, el mandatario francés se situó por encima de cualquier consideración fáctica o jurídica para defender a una compatriota, en contraste aplastante -según nuestro análisis de marzo- con el silencio miserable con que el régimen mexicano encabezado por Calderón dejó y tiene en el desamparo jurídico a Lucía Morett, la mexicana involucrada en el ataque que Colombia hubo de hacer al campamento de las FARC en Ecuador.

Y decimos esto sin dejar de mirar críticamente el infantilismo ético de izquierda otro-mundo-es-posible, tan típico por lo demás dentro de la izquierda indefinida latinoamericana, que Morett ha estado manifestando: al apelar a los derechos humanos de todos los desaparecidos en el ataque de Colombia, pareciera que Morett se está refiriendo a un grupo de boy scouts, de una ONG de jesuítas o a algún grupo alter-mundista "sin fronteras" que estaba haciendo labor humanitaria y ética en ese campamento, y no de una guerrilla marxista-leninista -acaso la más vieja de hispanoamérica- del más duro perfil ideológico y organizativo que tiene una declaración de guerra al Estado colombiano.

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Lucía Morett
El régimen de Calderón miró y mira para otro lado; ¿qué hubiera hecho Sarkozy? Esa es la cuestión

En todo caso, los periodistas de banqueta, poderosos "intelectuales" y líderes de opinión de hoy en día e ideólogos del fundamentalismo democrático más ramplón, se desgarraban las vestiduras ante la criminalidad implicada en el hecho de que Morett pudiera estar involucrada con la guerrilla colombiana, justificando y aplaudiendo así la absoluta y tajante no-intervención ni defensa de Morett por parte del régimen mexicano: Calderón habría hecho muy bien en conducirse de esa manera; pero cuando Sarkozy vino a México a gestionar la defensa de una probada criminal, los pequeños periodistas sólo llegaron al estúpido análisis de que lo estaba haciendo por motivos electoreros y para mejorar su posición interna frente a la opinión pública francesa, como si Calderón no hubiera estado acaso haciendo lo mismo, anunciando la decisión de su gobierno de no-extradición de Cassez a dos semanas de las elecciones intermedias.

Y es que la clave de la cuestión, es decir, lo que estamos comentando, no tiene que ver tanto con los finis operantis -con la intención subjetiva- de Calderón o de Sarkozy (el efecto electoral para uno y para otro, por ejemplo) sino con los finis operis -con la efectividad objetiva de la acción según su propia naturaleza- de uno y otro en tanto que Jefe de Estado mexicano y Jefe de Estado francés: aquí es donde está al diferencia que en su momento, y ahora, destacamos.


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