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¿Se avecina nuevo «quinquenio gris» para intelectuales y artistas en Cuba?

La televisión cubana exalta a viejos «comisarios de la cultura»

En programas recientes a horas de alta audiencia, se ha elogiado a destacados represores culturales de los setenta

Lunes 15 de enero de 2007, por ER. Santiago de Cuba

El día 7 de enero, el programa «Impronta» de Cubavisión entrevistó en plan encomiástico a Luis Pavón Tamayo, ex-presidente del Consejo Nacional de Cultura durante el periodo de 1971 a 1976, conocido como «quinquenio gris» entre los intelectuales en Cuba, sometidos tras el descalabro de la zafra de los 10 millones, al estalinista Congreso de Educación y Cultura de abril de 1971 y a las directrices del realismo socialista y el comunismo científico

Ramiro Valdés, Juan Almeida y Raúl Castro

Pavón Tamayo, por quien algunos nombran «pavonato» al periodo, fue el responsable inmediato de las políticas de «parametrización», que expulsaron a muchos intelectuales de la vida cultural, por razones ideológicas, religiosas o de preferencia sexual. Los creadores eran clasificados según las letras A, B y C, lo que determinaba sus salarios y sus posibles destinos y ocupaciones dentro del territorio nacional. Muchos escritores, acusados de «conducta impropia» fueron llevados a la cárcel o, despojados de sus puestos y salarios, destinados a puestos burócraticos de poco rango en los que tuvieron que esperar más de diez años antes de poder publicar de nuevo. Otros que pudieron, marcharon al exilio. Antes de ser presidente del CNC, Pavón fue director de Verde Olivo, la revista de las Fuerzas Armadas, a las órdenes directas del Comandante Raúl Castro, y en 1968 había participado directamente en las presiones ejercidas ante el jurado de la UNEAC para no conceder el Premio de Poesía Julián del Casal a Heberto Padilla por su poemario Fuera de Juego.

Por otra parte, el pasado 13 de diciembre, el programa La diferencia de la televisión cubana incluyó una entrevista de media hora con Jorge Serguera, quien fuera fiscal en muchos de los juicios sumarísimos de los primeros sesenta que terminaron en fusilamientos, y luego Presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), desde donde colaboró en tándem con Pavón Tamayo en la purga de artistas. Serguera dijo que no se «arrepentía de nada» de lo hecho al frente del ICRT.

Y en noviembre, en el programa Diálogo abierto del Canal 2, fue entrevistado Armando Quesada, al que Pavón tenía encargado vigilar la ortodoxia ideológica del teatro cubano.

Durante la última semana, ha habido una reacción airada por parte de numerosos intelectuales en Cuba, incluyendo tres ganadores del Premio Nacional de Literatura, a esta resurrección de viejos inquisidores. Algunos de estos premiados sufrieron precisamente esas persecusiones, aunque pudieron volver a la vida pública y rehabilitarse a partir de mediados de los ochenta. La reacción está más que justificada porque la resurrección se ha hecho sin señal alguna de arrepentimiento y la mayoría de la audiencia de esos programas, por su edad, ignora la historia completa y el daño que causaron esos personajes a la cultura cubana.

La reacción no es de todos: las «vacas sagradas» guardan por el momento silencio. Y los que protestan parecen acusar al mensajero, «tocan el manto, pero no el santo», porque naturalmente temen las consecuencias, al igual que las «vacas sagradas».

A nosotros nos parece que estas emisiones televisivas son síntomas de un proceso iniciado a principios de agosto de 2006: con la desaparición física de Fidel a las puertas, la Revolución se atrinchera guiados por sus comandantes más duros, Ramiro Valdés y Raúl Castro. «La batalla de ideas» dentro de Cuba se dará ahora de verdad. Sus intelectuales pueden irse preparando.


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