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Protejo luego obligo

Visita de Hillary Clinton a México

Dos días duró la visita relámpago de la Clinton, allanando la llegada de Obama

Jueves 2 de abril de 2009, por ER. México


Con esa insufrible sonrisa permanente en la cara, común denominador de la igualmente insufrible suficiencia de los políticos norteamericanos de uno y otro bando -los demócratas en particular, al igual que los socialdemócratas europeos o hispanoamericanos, véase por ejemplo a Bachelet, se caracterizan por su idealismo pánfilo e infantil y por su progresismo metafísico y armonista, no marxista ni dialéctico en absoluto, propio del Pensamiento Alicia-, la Secretaria de Estado del imperio del norte, señora Hillary Clinton, estuvo de visita por México la semana pasada - y es que, para ya decirlo todo, ¿de qué estará riéndose en todo caso Clinton, si ya no es candidata de nada?-.

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Hillary Clinton
La Secretario de Estado con su insufrible, insufrible sonrisa permanente

Originaria de los suburbios de Chicago, de familia metodista y anti-comunista, habiendo participado primero en las filas del Partido Republicano para luego, tras haber sido iluminada por el resplandor de Luther King y el movimiento de los derechos civiles, pasarse a las filas del Partido Demócrata -lo que deja ver la impertinencia, según estas claves, de considerar a los demócratas norteamericanos, llámense Obama, Clinton, Gore, Kennedy o Kerry, de "izquierdas", según nuestras coordenadas, pues la norteamericana es una tradición intelectual e ideológica distinta de la de los países del área de difusión católica, como Francia, España, México, Italia o Venezuela-, la afamada política graduada en Derecho por la Universidad de Yale tuvo como tema central de su visita, además de servir de avanzada de la del señor Obama -otro que no deja de sonreir-, contemplada para la segunda mitad de abril, fue sin lugar a dudas el de la seguridad interna de Estados Unidos a la luz del descontrol (distaxia) de que está dando muestras claras el Estado mexicano frente al crímen organizado. Y decimos bien que la cuestión es relativa a la seguridad interna y no a la política exterior de Estados Unidos, pues México no es prioritario en ese sentido para ellos, sólo lo es por los problemas causados desde el punto de vista de su inoperancia como Estado soberano.

Como contexto de la visita, distintas autoridades del Estado Mayor de Obama -como Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Interna, o Dennis Blair, del sistema de inteligencia norteamericano- habían puesto en circulación la tesis de que México es un "Estado fallido", suscitando la polémica al interior de nuestras fronteras, al tiempo de que, en el terreno fáctico, la administración Obama activó una serie de operaciones en distintos frentes que respaldaban la tesis esgrimida: reforzamiento de la frontera con México con 300 o 400 federales más; creación de un centro regional de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI); conclusión del muro fronterizo; donación de cinco helicópteros por parte de Washington a la Fuerza Aérea Mexicana; asignación por parte de la agencia antidrogas (DEA) de 16 nuevos vigilantes en la frontera, donde de hecho hay ya alrededor de mil 200; inversión millonaria por parte de Estados Unidos para la Iniciativa Mérida de seguridad, y unos cuantos etcéteras más.

Pero, cerrando la pinza, Clinton, al tiempo de confirmar el despliegue objetivo de destacamentos militares, financieros y de inteligencia, vino a desmentir en México la tesis del Estado fallido: "la estrategia que están empleando aquí es excelente y México está ganando", dejando entonces, así, a todos contentos ante la "nueva actitud diplomática" de la administración demócrata, tan diferente a la "arrogancia" de Bush, según hubo de declarar, haciendo gala de su psicologismo barato, el senaodr del PRD, señor Carlos Navarrete. Porque, Navarrete ha de enterarse del hecho de que, con sonrisas o sin ellas, con arrogancias o sin ellas, la dialéctica de Estados entre el Imperio USA y México obliga a que sus dirigentes tomen en efecto medidas para mantener la eutaxia en sus respectivos territorios. La clave entonces no radica ya en las estúpidas interpretaciones psicológicas tan comunes en nuestra indocta y ramplona clase política, sino en lo ya expuesto con todas sus letras y realismo por Henry Kissinger, a saber:

"el rasgo distintivo de una potencia revolucionaria no es que se sienta amenazada –ese sentimiento es inherente al carácter de las relaciones internacionales basadas en los estados soberanos- sino que nada puede tranquilizarla. Sólo la seguridad absoluta –la neutralización del oponente- se considera una garantía suficiente, y por lo tanto el deseo de una potencia de contar con una seguridad absoluta significa la inseguridad absoluta para todas las demás" (Henry A. Kissinger, Un mundo restaurado. La política del conservadurismo en una época revolucionaria, FCE, México, 1973, p. 12)

Una inseguridad, la comentada por Kissinger, que ha llevado a Estados Unidos a intervenir -como no puede ser de otra manera- en todas las grandes conflagraciones mundiales en donde su ortograma político imperial fue considerado susceptible de encontrar barreras. Y todo esto independientemente de que en la Casa Blanca estuviera un republicano o un demócrata; sea dicho esto ad hominem pensando en los idealistas y pánfilos izquierdistas infantiles del No a la Guerra que en el mundo entero, y por supuesto que en México, lloraron de alegría y esperanza por la llegada de Obama a la presidencia norteamericana con la bandera del "Sí, se puede".

Y es que, de hecho, según consigna Robert Kagan en El retorno de la Historia y el fin de los sueños (Taurus, México, 2008), "todas las administraciones estadounidenses -todas: demócratas o republicanas, ER.México- del último medio siglo han intentado diseñar cambios de régimen por todo el mundo, desde los golpes de Estado de Eisenhower, promovidos por la CIA en Irán y en Guatemala y el proyecto de derrocamiento de Fidel Castro que Kennedy intentó llevar a cabo, hasta las conspiraciones del propio Kennedy contra Ngo Dinh Diem en Vietnam y contra Trujillo en la República Dominicana, la injerencia de Nixon en Chile, la llamada de Carter al derrocamiento de Somoza en Nicaragua, el apoyo de Reagan a las fuerzas guerrilleras anticomunistas de Nicaragua, de Angola, de Afganistán y de Camboya, la invasión a Panamá ordenada por George H. W. Bush y las acciones de Clinton en Somalia, Haití y Bosnia" (p. 173 y 174).

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Patricia Espinoza, Canciller mexicana
Lección 1 de Introducción a las Relaciones Internacionales: México quiere contribuir a la construcción de un mundo de paz, seguridad y desarrollo para todas las naciones, donde el respeto a los derechos de las personas y los pueblos sea la norma básica: ¡No a la Guerra!

Pero tenía que aparecer la tranquilidad diplomática de la canciller mexicana, señora Patricia Espinosa, para calmar a las fuerzas del Estado mexicano y decir, como buena profesora de Introducción a las Relaciones Internacionales de cualquier universidad privada, como el ITAM -cantera de ambiciosos y neoliberales jóvenes políticos, moldeados precisamente al calco del modelo norteamericano, es decir, que tampoco dejen de sonreir-, que las nuevas medidas anunciadas por el Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos son congruentes con la cooperación bilateral en la lucha contra el crimen organizado, con lo cual eran medidas consideradas por México de todo punto legítimas y positivas. Dijo también nuestra "canciller Alicia", recordando el manual de Introducción a las Relaciones Internacionales del primer semestre de la carrera, que habría de ser un honor contar con la Secretaria de Estado y, en su momento, de Obama, así como trabajar "con su gobierno en la construcción de un mundo de paz, seguridad y desarrollo para todas las naciones, donde el respeto a los derechos de las personas y los pueblos sea la norma básica". Bien, sin comentarios.

Barack Obama tiene contemplado visitar México en la segunda mitad de este mes de abril.

El Revolucionario mira con alarma las acciones que por vía de los hechos están teniendo lugar de parte de los Estados Unidos, pues, al márgen de las declaraciones que, para tranquilizar a periodistas y políticos de medio pelo, se esgrimen por funcionarios norteamericanos y por la profesora de relaciones internacionales que tenemos por Canciller, lo que está al alcance de la más elemental intuición política es que México está, en efecto, considerado como un Estado incapaz de mantener bajo su control y designios las estructuras y líneas fundamentales que vertebran las capas de su cuerpo político.

Habrá que estar atentos tanto a las acciones por venir como a la visita del señor Obama, haciéndolo desde una perspectiva crítica y realista, y teniendo a la vista siempre la divisa de Carl Schmitt según la cual ’protego ergo obligo’, es el ’cogito ergo sum’ del Estado .


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