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Una guardia personal al servicio del PSOE

Un ejército de demagogia

Kosovo, la última canallada contra nuestras tropas

Viernes 27 de marzo de 2009, por Grupo Promacos

El actual gobierno socialista de España considera no sólo que sus preferencias ideológicas, por absurdas y ridículas que sean, han de adaptarse a las necesidades políticas españolas, sino que además las tropas españolas destinadas a velar por la seguridad de la Nación ante amenazas externas, han de subordinarse también a tales espúreos y traicioneros fines.

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Carmen Chacón junto a las tropas españolas
Una traidora independentista catalana se cuadra hipócritamente junto a unas tropas a las que desprecia y usa para sus espúreos intereses

Si la retirada de Kosovo ha puesto de manifiesto la viscosa ideología socialdemócrata, no menos viscosas y estúpidas fueron las justificaciones de la Ministra de Defensa, la separatista catalana Carmen Chacón, y las del Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero: apelaciones a la Guerra de Iraq y al supuesto ridículo que nuestras tropas habrían hecho al recuperar la parte de territorio español que correspondía al Islote Perejil, invadido por soldados marroquíes.

Pero lo cierto es que ese 17 de julio de 2002, tan caricaturizado por el socialfascismo, se produjo un acto legítimo de ejercicio de la soberanía española y de nuestras tropas: se repelió una agresión externa proveniente del enemigo islámico más cercano que tiene España: Marruecos, con quien ha establecido vulgares componendas el actual gabinete socialdemócrata, en forma de la vulgar Alianza de Civilizaciones. De ahí el escándalo que suscita en tan biempensante gobierno que sus antecesores en el cargo defendieran España frente a la amenaza islamista.

Pero aquellos tiempos de defensa de la soberanía nacional por nuestras tropas quedaron atrás. Ahora el uso que se estila es la demagogia contra los rivales políticos. Por ejemplo, el accidente del avión de transporte Yak 42, que tan nefastas consecuencias tuvo en la pérdida de vidas de nuestros soldados, y cerrado en falso durante el anterior gobierno «popular», es usado día sí y día también como cortina de humo para que el socialfascismo tape sus vergüenzas. Los familiares de las víctimas, cómplices objetivos del socialfascismo al permitir que jueguen de manera tan rastrera con sus sentimientos, son usados para atacar al Partido Popular en un vomitivo y repetitivo ejercicio de demagogia.

Sin embargo, poco importa ya el dolor de otras víctimas, como las del 11 M, asunto cerrado completamente en falso y que tantos réditos aportó al socialfascismo del PSOE, o las que presuntamente mueren «en son de paz» en el Líbano o en Afganistán, tan carentes de medios como los que murieron al estrellarse el Yak 42, asunto que tanto parece preocupar a los socialdemócratas, sin que hagan absolutamente nada para evitar que suceda un nuevo desastre de similares características.

Si ya nada más llegar al poder el socialfascismo, logró que en Iraq nuestros soldados fueran convertidos en gallinas por huir del lugar, abucheados y blanco de las burlas de otros destacamentos comprometidos en la zona bajo la forma de lanzamiento de huevos, los constantes bandazos en política exterior han ido configurando un ejército que ya no es el Ejército de España, sino el Ejército del Socialfascismo (¿Español?). La última jugarreta tuvo lugar con las tropas desplazadas a Kosovo, pero no menos importantes han sido los desaires a los pocos militares que han mostrado su descontento con la política del gobierno socialista de España. El General Mena, que alertó en su discurso de Enero de 2006 que una deriva separatista obligaría al ejército a intervenir para mantener la soberanía nacional, fue acusado de traición al gobierno y apartado de sus cargos.

Sin embargo, por mucho que el socialfascismo fantasee con el disminuido y ridiculizado ejército español como guardia de corps a su exclusivo servicio, el ejército de una nación política no es un instrumento de un partido político sino de la nación, su capa cortical en definitiva. La que tiene que defender a la Nación, no a un partido político, de amenazas externas y de los riesgos de disgregación de la soberanía nacional.

Y si esa capa cortical está integrada en otra organización de mayor potencia de obrar, como la OTAN, en tanto que integra a los países miembros del orden internacional realmente existente, lo lógico y normal es que se mantengan los compromisos firmados dentro de ese tratado, y que en cualquier caso se abandonen con una causa bien justificada y previo aviso a los miembros de la Alianza Atlántica. No salir huyendo sin previo aviso y simplemente porque toca realizar la extravagancia de turno ante los medios de comunicación.

Asimismo, si un gobierno de España, por sus acciones clandestinas y traidoras a la Nación, siguiese una deriva que pusiera en peligro la pervivencia de la nación política, el ejército no debería permanecer sumiso, sino intervenir para evitar la desintegración nacional, ya fuera haciendo el «ruido de sables» o incluso deponiendo al gobierno felón que intenta destruir la nación. Un acto que incluso habría que calificar como de plena democracia, o como forma de salvar el actual régimen democrático.

Desde el Grupo Promacos llamamos a la rebelión contra este gobierno nazi que desacredita a España y a su Ejército.


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