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Entre la dialéctica de Estados y la Realpolitik

Sarkozy y la miseria política de Felipe Calderón

La estatura de Calderón y Sarkozy es casi la misma, ese no es el caso en tanto que jefes de Esado

Miércoles 11 de marzo de 2009, por ER. México

Cuando se trató del caso Lucía Morett, mexicana detenida en Ecuador por haber estado en un campamento de las FARC, Calderón miró para otro lado; Sarkozy reconoce, en cambio, en la cara de este pusilánime representante de la República mexicana, que debe proteger a su conciudadana francesa por más que sea ésta una repugnante secuestradora de mexicanos: ¿queda claro quién es el enano político?

Razón política

Según sentencia del Magistrado Federal del Estado Mexicano, Fermín Rivera, la señora Florence Cassez, de ciudadanía francesa, incurrió en seis tipos de delitos: tres secuetros, la agravante de actuar en delincuencia organizada y posesión de dos armas prohibidas. Estas son las razones que, según la ratio jurídica de México, le habrían de valer a Cassez una condena por 60 años de cárcel.

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Nicolás Sarkozy
La razón de Estado de Francia por encima de todo

Pero todas estas razones jurídicas no han sido suficientes ni mucho menos -tantum juris, quantum potentia- para que Nicolás Sarkozy, presidente francés que pisó suelo mexicano en relampagueante visita de Estado, adujera ante unos y otros, pero sobre todo, en público y obviamente en privado, ante su homólogo Felipe Calderón, que él, en tanto que Jefe de Estado de Francia, debe de situarse por encima de cualesquiera consideraciones locales para erguirse el primero, ante quien deba hacerlo, en impertérrito representante de Francia y los franceses: "yo me ocupo de la señora Cassez porque es conciudadana mía. He visto a su madre, a su padre y es mi deber hacerlo; no quiero interferir en los asuntos mexicanos, no tengo que aportar ningún juicio sobre la justicia mexicana", afirmó Sarkozy en una de las tan citadas y reportadas declaraciones ofrecidas.

Y no, en efecto, Sarkozy no asume juicio alguno sobre la justicia mexicana, simplemente lo asume ante el Estado mexicano mismo, sirviéndose de los mecanismos diplomáticos en base a cuya lógica opera la dialéctica de Estados (para eso es, como la guerra, la diplomacia: para romper y saltarse jurisdicciones nacionales o regionales), dando, al hacerlo, lecciones de razón de Estado a su pusilánime homólogo: "y me imagino que si un mexicano se encontrara en una situación como ésta, el presidente de México, sea cual sea, sentiría la misma responsabilidad... como lo haría cualquier edil de México".

Nos preguntamos qué pasaba por la cabeza del señor Calderón al escuchar esta Lección 1 de razón de Estado del francés; porque habría que decirle a nuestro amigo: pues no señor Sarkozy, no necesariamente pasa igual en México, pues precisamente Calderón no supo comportarse ni siquiera como el más humilde edil de pueblo en el caso de Lucía Morett, una mexicana que, junto con algunos otros, estuvo presente en el campamento de las FARC cuando fue éste atacado por el Ejército Colombiano en Ecuador.

Morett sobrevivió al ataque, pero no tuvo nunca apoyo alguno por parte del Estado mexicano -el apoyo vino antes de Nicaragua y, después, de miembros del PRD y de doña Rosario Ibarra de Piedra en México-, ni Calderón visitó Colombia o Ecuador para cosa alguna relacionada con el conflicto diplomático detonado, ni se inmutó cuando el presidente colombiano Uribe acusó en su cara que Morett era una terrorista. Y al día de hoy, a pesar de que siguen pendiendo sobre Morett emplazamientos a juicio tanto en Ecuador como en México, Calderón, ese enano político, no mueve un dedo. ¡Pareciera que Sarkozy estaba haciendo sus comentarios como contrapunto, precisamente, del caso Morett en México! La miseria política no puede ser ya más patente.

El resultado de las gestiones de Estado de Sarkozy son por demás conocidas: conformación de una Comisión Binacional extraordinaria que seguramente dictaminará, previo trabajo diplomático y jurídico, y previo olvido mediático orquestado por instrucción superior, que Cassez habrá de ser extraditada a Francia donde, se nos dirá con solemnidad y protocolo, cumplirá las más rigurosas penas, pero con arreglo ahora, claro es, a la ratio jurídica de Francia.

Razón económica

México cuenta en la actualidad con 347 empresas francesas (filiales, sucursales y oficinas de representación), las que conforman, en su acumulación global, una suma aproximada de 100 millones de dólares en ventas. Francia es el proveedor número 11 de México, con una cuota de mercado estable durante varios años ya; es también el proveedor de México número 4 a nivel europeo, después de Alemania, Italia y España.

El Grupo de Alto Nivel bilateral Franco-Mexicano, presidido por el francés Henri Lanchmann, a su vez Presidente del Comité de Vigilancia de Schneider Electric, está conformado por los siguientes miembros de la oligarquía nacional y francesa:

Por la parte de la France: Jean-Louis Beffa (Santi-Gobbain), Bruno Lafont (Lafarge), Jean-Paul Herteman (Safran), Henri Lanchmann (Schneider Electric), Gerard Mestrallet (GDF-Suez), Gilles Pelisson (Accor), Franck Ribound (Danone), Louis Gallois (EADS) y Jen-michel Blanquer (Rector de la Academia de Créteil).

Por la parte de la oligarquía du Mexique: Alberto Bailleres (Grupo Bal y Presidente del ITAM), Manuel Arango (Grupo Concord y Wal-Mart de México), Miguel Alemán Velasco (Interjet), Juan Beckman (Grupo Cuervo), Manuel Medina Mora (CITIGROUP América Latina y México), Emilio Azcárraga (Grupo Televisa), Juan Gallardo Thurlow (GEUSA) y Jean Meyer (historiador).


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