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Treinta años de fanatismo en el país de los ayatolas

La revolución islámica de Irán

Expertos coinciden en la importancia que tuvo el acontecimiento en el mundo musulmán

Viernes 30 de enero de 2009, por ER. Teherán

La revolución islámica, que este 1 de febrero cumple su treinta aniversario, no sólo supuso el fin de una era en Irán, sino que contribuyó a cambiar también la faz del Islam, introdujo un giro crucial en la historia de Oriente Medio y sacudió el tablero político internacional.

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El Ayatola Jomeini durante su exilio
De él volvió para ser el guía del fanatismo chiíta en Irán

La revolución que protagonizó Jomeini tras la huida del Sha el 16 de enero de 1979 y su entrada desde el exilio el 1 de febrero, cambió el Islam, Oriente Medio y la política mundial en general. Así lo consideran historiadores y expertos mundiales. El giro iraní puso en guardia a los países árabes, todos ellos sunnitas, sobre todo cuando Jomeini descabezó a los tontos útiles no musulmanes que le apoyaron, imponiendo así un sistema teocrático, donde gobiernan los ayatolas, personajes iluminados, dicen, por un iman oculto.

Temerosos de que el ejemplo de Irán cundiera en otros lugares, los Estados Unidos armaron a Sadam Husein para que en septiembre de 1980 Iraq emprendiera una guerra de desgaste contra Irán, que duró hasta 1988, un año antes del fallecimiento de Jomeini. Tras el asalto a la embajada norteamericana en Teherán, era algo más que lógico.

Aún así, la semilla de la revolución chiíta llegó al Líbano, donde se fundó Hezbollá, el Partido de Dios, para así mejor atacar a Israel.

Echar a los judíos al mar

Fue Jomeini quien acuñó la famosa frase «echar a los judíos al mar» e instauró la celebración del día de Jerusalén, como fiesta de apoyo al seudoestado palestino.

La frase no dejaba de ser algo simpático para el orden internacional, hasta que el año 2002 un informe alertaba sobre el programa nuclear iraní, que dejaba al descubierto una red clandestina de armamento atómico. Entonces, algunos despertaron de su panfilismo y se dieron cuenta que Irán pronto dispondría de medios para, literalmente, «echar a los judíos al mar».

El presidente de Estados Unidos, Jorge Bush II, incluyó entonces a Irán en el denominado «eje del mal», endureciendo las sanciones contra el régimen chiíta, momento en el que Mahmud Ahmadineyad alcanzó el poder, en el año 2005. Ahora, con la investidura de Barack Obama, Estados Unidos se encuentra en la encrucijada de qué hacer para evitar que se convierta en realidad el deseo de los musulmanes para con los judíos y el resto del mundo.


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