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Los verdaderos principios rectores del PSOE, basura desvelada para goce de nuestros lectores

Decálogo del buen socialfascista ¿español?

Documento secreto ofrecido en exclusiva por El Revolucionario

Viernes 2 de enero de 2009, por Grupo Promacos

El Grupo Promacos ha decidido que no hay mejor forma de comenzar el año 2009 que ofreciendo los principios que guían al socialfascismo español, para desengaño de los incautos. Tales principios son «secretos» en tanto que quienes se guían por ellos no son capaces de discernirlos, pero los ejercitan a la perfección, como veremos en el caso del PSOE.

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«¡España es socialista!»
Los votantes socialfascistas, presos del mito de la «voluntad general», confunden la parte que ellos representan con el todo que es España

1. Una mentira repetida mil veces es una verdad. Como bien dijo el ministro nazi José Goebbels. En consonancia con este principio, será necesario monopolizar los medios de comunicación para convencer a la masa indocta, mediante un mensaje saturante y cansino, de las bondades de nuestros principios, aunque en nada tengan relación con la realidad. La mentira constante habrá de ser nuestro ideario, y mediante mentiras y cortinas de humo, que empezarán por nuestras propias siglas (PSOE), ocultaremos nuestra acción de gobierno.

2. Socialistas de palabra, fascistas de hecho. Como bien dice la definición, el socialfascismo es socialismo de palabra y fascismo de hecho. Defenderemos a las clases trabajadoras en nuestros mítines y nos llenaremos la boca de «derechos sociales». Mientras, exterminaremos, igual que hizo José Mengele, a quienes son seres sobrantes para el modo de producción capitalista: ancianos, impedidos, disminuidos físicos y psíquicos, fetos no nacidos y todos aquellos que supongan una carga económica para la Sociedad del Bienestar.

3. Ayudaremos a nuestros amigos los grandes empresarios monopolistas, con especial predilección por los banqueros. No dudaremos en frenar a las empresas que les perjudiquen (véase el expolio de Rumasa). Bajo ningún concepto la banca será nacionalizada.

4. Seremos «de izquierdas de toda la vida». Usaremos del dualismo maniqueo izquierda/derecha, descalificando a nuestros rivales bajo el segundo rótulo. La distinción maniquea entre derecha e izquierda tiene mucho éxito entre la masa indocta y analfabeta de nuestra democracia de mercado. Así, tras una intensa pedagogía política con nuestros medios de comunicación adictos, la mera invocación a la llegada de la derecha hará que nos voten masivamente.

5. Secuestraremos el término «socialismo». Si nosotros los socialfascistas somos «de izquierdas de toda la vida», la derecha será el egoísmo e individualismo más atroz, causante de guerras (como la de Iraq) que provocan muertos en nombre de sus intereses empresariales —por nuestra parte, entraremos en todas las guerras que nos dé la gana, pues será en nombre del Progreso, y siempre podremos camuflarnos bajo el rótulo de «misiones de paz», para engañar a nuestros estúpidos votantes. No importará que también sea socialista una sociedad anónima o una sociedad de mercado; nos dará igual ocho que ochenta. Nosotros, como hombres «de izquierdas» y «socialistas», abanderaremos los nobles principios que guían a la Humanidad: el Progreso, la Solidaridad, &c. En consonancia con este ideario, el socialfascismo habrá de estar presente en el gobierno de Estados Unidos, en tanto que Imperio realmente existente, y en las reuniones más importantes a nivel mundial, aunque sea como mero comparsa.

6. Atacaremos a la religión católica. Profundamente arrepentidos de habernos empapado de agua bendita en nuestra vida pretérita de seminaristas o de clérigos, nos despojaremos de los hábitos y nos bañaremos con colonia de modernidad. Atacaremos por ello de forma furibunda y sin argumentos a la Iglesia católica, en tanto que representa la tradición histórica de España. No obstante, no nos declararemos ateos, sino agnósticos, pues la fe es para nosotros los miembros del PSOE algo propio del fuero interno de la conciencia. Así, respetaremos a los musulmanes, los animistas, hechiceros y demás chusma para que sigan profesando sus irracionales dogmas.

7. Sólo el socialfascismo, en tanto que partido que lleva al «progreso» a la metafísica Humanidad, tiene legitimidad para gobernar. Aquel que pretenda descabalgar al PSOE de su poltrona, aunque haya obtenido una mayoría parlamentaria suficiente, será rociado con las más innobles y groseras calumnias: derechista, cavernícola, reaccionario, belicista, &c. En ningún momento reconoceremos su legitimidad para gobernar, aunque ostente la mayoría absoluta. En cambio, nosotros estaremos más que legitimados para realizar todo tipo de pactos aunque tengamos la mayoría más endeble de la Historia democrática. El mito de la voluntad general está de nuestro lado.

8. Todo vale con tal de permanecer en el poder. No dudaremos en vender nuestra alma al mismísimo diablo. Fausto será un aprendiz a nuestro lado. Si es necesario, daremos todas las prebendas necesarias para que la derecha extravagante, esto es, los partidos secesionistas que ansían destruir España, pueda seguir laborando en pos de sus ideales independentistas. Es más, dado que para nosotros España nace «por consenso» en 1978, siempre podremos argumentar que toda la Historia anterior fue un error «derechista y franquista» que habremos de subsanar destruyendo España y disolviendo sus partes resultantes en Europa.

9. Usaremos la retórica en favor de las clases trabajadoras y desfavorecidas para luego apuñalarlas por la espalda. Si nos votan, les adularemos; en caso contrario, serán insultados y descalificados como «obreros de derechas» por los medios de comunicación a sueldo del socialfascismo. En cualquier caso, no dudaremos en realizar reformas laborales que les perjudiquen en sus derechos sociales, mientras damos todo tipo de facilidades a nuestros amigos los empresarios para abaratar el despido y aumentar el ejército de reserva del capitalismo.

10. Según convenga. Dado que el socialfascismo carece de doctrina, podremos ampliar o reducir nuestro decálogo según convenga a nuestros intereses, que no son otros que ostentar el poder por el poder mismo.


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