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Balance negativo después de casi medio siglo

Se cumplieron 48 años de triunfante entrada de Castro en La Habana

La Revolución cumplió el lunes 8 de enero el 48 aniversario de la entrada de los «barbudos» comandados por Fidel en La Habana

Miércoles 10 de enero de 2007, por ER. Santiago de Cuba

El lunes 8 de enero se cumplieron 48 años de la llegada triunfal a La Habana de Fidel Castro, momento en el que asumían símbolicamente el poder en Cuba los revolucionarios del Movimiento 26 de Julio

Ese poder se transformó pronto en el de un Caudillo, el «máximo líder», que centró en sí el mando completo de la Revolución, llegando a personificarla en él a tal punto que su mismo hermano y segundo en el liderazgo haya dicho recientemente que «Fidel es insustituible» y que las frases «La Revolución es Fidel» o «Cuba es Fidel» sean de uso común tanto dentro como incluso fuera de Cuba.

Cuando unido a este aniversario, Fidel está apartado del poder por enfermedad, quizás definitivamente, parece ser buen momento para hacer un balance comparativo brevísimo de la situación de hace 50 años y la actual, teniendo en cuenta los aspectos geopolítico, económico y social de Cuba. El debe y el haber de esta comparación habría que abonarlos en exclusiva a la figura histórica de Fidel Castro y no a una verdadera «Revolución Cubana» que, con la inestimable ayuda del Partido Comunista Cubano y sus guías ideológicos en la antigua Unión Soviética, fue ahogada poco después de nacer y nunca tuvo oportunidad de desarrollarse.

Después de 48 años la Base Naval Norteamericana en Guantánamo sigue en poder de los Estados Unidos de Norteamérica, utilizada además para un fin tan insultante para Cuba como el de una nueva Isla del Diablo. Como contraste, en los 57 años de lo que el gobierno actual llama «pseudo república» se había recuperado la soberanía sobre Isla de Pinos (1925), se había abrogado la Enmienda Platt (1934) y los Estados Unidos habían demostrado repetidamente una notable incapacidad para influir en la política cubana (1933, 1952, 1959). Pésimo el estadista que mete la plena soberanía sobre el archipiélago cubano en un callejón sin salida como el actual, sin atender al sentido común y a la prudencia.

La situación económica del cubano es hoy mucho peor que lo era hace 48 años. De acuerdo a todas las fuentes fiables, Cuba ocupa hoy uno de los últimos lugares en Hispanoamérica cuando ocupábamos entonces uno de los primeros. ¿Quién habló de prudencia o de sentido común?

Los principios básicos de libertad, igualdad y fraternidad, que ya promulgaron los revolucionarios franceses hace más de 200 años, han sido conculcados para los cubanos durante casi todos estos 48 años. Nada mejor lo demuestra que el sinnúmero de balseros que ha perdido y sigue perdiendo la vida huyendo del país, aparte de los que protagonizaron huidas masivas que el gobierno cubano no tuvo más remedio que tolerar como válvulas de escape de la creciente tensión social.

Noticias recientes, generadas en la propia Cuba, ponen en evidencia la falsedad y poca seriedad de la propaganda sobre las excelencias de la salud y de la educación cubanas. Aparte de la escasez de medios que va pareja al nivel económico del país, a todos evidente, incluidos los turistas a los que se les ruega traigan material sanitario a Cuba, el gobierno cubano ha tenido que hacer venir a Cuba a un cirujano español para que evalúe la salud del Jefe de Estado, y hace pocos días constatamos el seguimiento que tienen aquí supersticiones irracionales como la de la «letra del año», totalmente incompatibles con una educación racionalista ampliamente difundida.

Los males de la «pseudo república» contra los que se gestó la Revolución fueron el caudillismo (Machado, Batista), la corrupción política y administrativa (Batista, Grau, Prío), el incumplimiento de las leyes por el Estado, incluyendo la abrogación de la Constitución de 1940 (Batista), y la represión violenta de la oposición política (Batista). No fue una supuesta presencia yanqui dominante en los asuntos de Cuba, que económicamente era ya minoritaria y que políticamente había prácticamente desaparecido. Pero los males originarios no se han atacado, más bien se han agudizado hasta el extremo y nuevos males han surgido, como la ausencia de una prensa crítica, un sistema judicial independiente o una oposición política significante. Lo peor es que en el proceso, agravado con la permanente crisis económica, se ha sumergido a toda la población en una atmósfera de delincuencia habitual que es necesaria para sobrevivir, y que está destruyendo la moral pública en la nación.


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