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Se cumplen el 6 de diciembre tres décadas de democracia «realmente existente» en España

Treinta años de expolio en España «por consenso»

En contra de los fundamentalistas, ha agravado las amenazas y peligros que se cernían sobre la nación española

Viernes 5 de diciembre de 2008, por Grupo Promacos

El 6 de diciembre de 1978 se aprobó una Constitución en la que se suponía que España nacía «por consenso» tras cuatro décadas de «oscurantismo» [sic] franquista, tras el que se suponía que España, el problema, se acabaría en la solución que representaba Europa, la Europa sublime y de los pueblos en la que confluirían las nuevas autonomías que la Constitución autorizaba y que pronto verían la luz jurídica con sus respectivos Estatutos.

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Partitocracia mafiosa de España
Exhiben su consenso y solidaridad a la hora de mantener sus privilegios y expolio de España

Las anteriores efemérides constitucionales siempre han destacado esa circunstancia: el consenso, como base fundamental de la Constitución de 1978, lo que le daría plena legitimidad frente a las demás Constituciones de nuestra Historia, en las que un grupo se impuso frente a los demás (Constitución de 1812, de la II República, &c.). Por lo tanto, esta Constitución sería un preciado tesoro que habría que mantener a toda costa.

Sin embargo, desde el Grupo Promacos consideramos esa apelación al consenso como mera palabrería vacía, que nada explica. Un gran consenso no tiene por qué ser algo positivo. También los atentados de la banda terrorista ETA generan un gran consenso en Vascongadas, pues atemorizan a la población de esa zona de España prácticamente en bloque. El miedo es sin duda una forma de consenso tan válida como la constitucional.

También generó un gran consenso entre la población de Estados Unidos el mafioso Al Capone, pues todos los norteamericanos acudían a sus licorerías clandestinas a consumir alcohol, lo que le convirtió en uno de los hombres más queridos de su nación. Justo hoy se cumplen 75 años de la derogación de la ley federal que prohibía el consumo de alcohol en Estados Unidos.

¿Qué es lo que generó entonces la unanimidad constitucional en 1978? Hubo consenso, es cierto, pero ello hay que considerarlo un efecto y no una causa. Pues, pese al consenso existente, ello no excluía que los Padres de la Patria redactasen una Constitución resultado de una mera suma de discursos contradictorios y autistas uno respecto del otro. Finalmente, las distintas facciones del estado franquista que transitaba a la democracia «de la ley a la ley», acordaron la formación del estado de las autonomías, como freno a la posible intervención del Partido Comunista de España a nivel nacional, que trastocaría el proceso de Transición pacífica en plena Guerra Fría.

Sin embargo, lo que en principio era considerado algo meramente inofensivo y expresión de las culturas regionales, se transformó en un complejo entramado donde las competencias estatales eran reducidas casi al mínimo —incluyendo al propio idioma español, quedando la soberanía en manos de caciques autonómicos expoliadores (inclusive de partidos nacionales, que pasaban a tener una óptica típicamente aldeana) que multiplicaban los gastos y la corrupción por diecisiete. Los partidos nacionalistas, con representación territorial y no nacional, se fueron convirtiendo, ya a partir de 1987 con el pacto entre el PSOE y el PNV, en los verdaderos gobernantes de España, por encima de los partidos nacionales, PSOE y PP, en el caso de no haber una mayoría absoluta.

Las dos legislaturas del gobierno del Partido Popular parecieron un freno a los intentos de disgregación y fragmentación de España. Sin embargo, el PSOE aprovechó el descontento que producía este intento en los caciques autonomistas —que no querían perder sus privilegios, como es natural— y en los partidos secesionistas para formar el frente de «Todos contra el PP» . Esta reacción no fue bien combatida por el PP, poco enérgico y demasiado tibio en su acción de gobierno en sus últimos cuatro años de permanencia en el poder.

Sea como fuere, los intentos de reconformación del modelo de estado volaron por los aires con los atentados del 11 M, que devolvieron al poder al PSOE, formando «el consenso» a nivel nacional que el Pacto del Tinell establecía en Cataluña: se trataba de que el Partido Popular no volviera jamás a gobernar en España, pese a que quienes lo decían se llenaban la boca de «democracia», mientras despreciaban la rebelión cívica contra el gobierno en plena calle, consecuencia de la expulsión de esa media España que representa el PP de la vida política. Mientras, se seguía avanzando en la disgregación de España por medio de la reforma estatutaria en Cataluña, Valencia, Andalucía, que ya en connivencia con el PSOE aceptaba denominarlas «naciones».

La solución a esta estúpida praxis política es muy sencilla: aprovechando que los dos partidos nacionales disponen de mayoría suficiente, hay que cambiar la Constitución de 1978, suspendiéndola primero por aplicación del Artículo 55 que autoriza al gobierno de la Nación a la eliminación de las autonomías que resulten levantiscas y no respeten la ley —por la vía de los hechos supondría la salida del ejército para aplastar a quienes no respetan la soberanía española.

Sin embargo, la ideología ambiente de la democracia ha hecho estragos en nuestros parlamentarios, quienes están presos del maniqueísmo que distingue derecha e izquierda como dos entidades eternas y sin posible relación, identificadas con PP y PSOE en España. La «Cultura», la «Democracia», la «Humanidad», la «Tolerancia», la «Paz», el «Diálogo» y otras ideas fuerza sólo sirven para realimentar una ideología en la que, por puro oportunismo —algo en lo que el socialfascista PSOE es el rey—, sólo interesa aniquilar al rival y asegurar el asiento y la clientela, perdiendo de vista el bien común de España. Cualquier cosa vale con tal de favorecer al partido, lo que hace imposible cualquier acuerdo. En suma, despotismo, demagogia, un régimen torcido que sustituye el bien común por el bien propio.

Sea como sea, la pervivencia de España no depende de la Constitución de 1978, por mucho que los ideólogos e intelectuales del régimen así lo afirmen, como Goebbels, una y otra vez, sino que España, la Nación española, es previa a dicha Constitución y su permanencia frente a sus enemigos ha de garantizarse, al margen de los consensos que una mafia política pueda conformar para mantener su poltrona y expolio.


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