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Diferentes perspectivas de relaciones entre Uruguay y otras Naciones

Dialéctica de Clases y Dialéctica de Estados en Uruguay

Mientras Argentina sigue con su política agresiva contra la República Oriental, Brasil, China y otros países juegan sus cartas con Uruguay

Miércoles 10 de enero de 2007, por ER. Montevideo

Mientras la municipalidad argentina de Concordia decide cerrar sus pasos fronterizos con Uruguay, uniéndose a Cólon y Gualeguaychú, Brasil echa un cable a la República Oriental, a la vez que esta recibe inversiones extranjeras y se acerca a China

La tensión entre Uruguay y Argentina se acrecienta

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Ecologistas Argentinos de Entre Ríos
En la pancarta se lee "No a las papeleras, sí a la vida"... ¿y qué hay de la vida de los trabajadores uruguayos?

El conflicto maderero entre las naciones políticas argentina y uruguaya se agrava a cada momento. Uruguay puede quedarse con todas sus fronteras terrestres con la Argentina cerradas, si la municipalidad de Concordia decide unirse a lo que ya han hecho las de Colón —en este caso, la medida se toma por tiempo indefinido— y Gualeguaychú. La izquierda extravagante ecológica de Entre Ríos, con su irresponsabilidad tozuda y su mala fé, están agravando un conflicto entre Naciones Políticas iberoamericanas, con un pasado hispánico común, del que se aprovecha la oligarquía argentina para colmar sus propios intereses económico-políticos. Si Concordia se une, los tres pasos terrestres entre Argentina y Uruguay quedarán complétamente cerrados. A través de asambleas (método muy querido por las izquierdas indefinidas) el «pueblo» decidirá si corta su comunicación terrestre con la ciudad uruguaya de Salto. Pretenden cortar este viernes la ruta de acceso en carretera como demostración de fuerza, coincidiendo con las primeras pruebas hidráulidas de la empresa finlandesa de producción de pasta papelera Botnia. También señalan estos ecologistas asamblearios y alternativos que pretenden con todo ello forzar la negociación entre los dos gobiernos implicados, eso sí, cortando la comunicación —por unas horas, dicen, pero sin especificar cuántas— entre ciudades como las argentinas Concordia, Colón y Gualeguaychú y las uruguayas Salto, Paysandú y Fray Bentos. Desde luego, si las izquierdas extravagantes pretenden hacer corresponder sus actos con su pretensión de unidad de todo el continente iberoamericano, continuamente fracasarán debido a su nula percepción de la realidad por influencia de su pensamiento pequeñoburgués travestido de izquierdismo.

A esta medida se opone el gobernador de Entre Ríos Jorge Bustí, aunque solidarizándose con Gualeguaychú, que fueron quienes empezaron todo esto. El conflicto ha llegado incluso al cine, ya que el director argentino de cine, Eduardo Montes-Bradley ha producido la película documental «No a los Papelones», donde satiriza una cuestión que no ha dudado en calificar de «guerra santa bananera», «irracional» y «estupidez», por lo que ha recibido insultos y amenazas de los piqueteros ecologistas argentinos, tachándole de agente de la CIA, al más puro estilo de la izquierda fundamentalista española. Una estupidez, por cierto, que se extiende entre algunos uruguayos, que en Punta del Este, y al grito de «¡ Viva Botnia !», amenazaron e insultaron a turistas argentinos. Como se ve, hasta la burguesía finlandesa sale beneficiada de este estúpido conflicto.

Uruguay se acerca a otros países

La República Oriental, por su parte, recibe inversiones extranjeras como contrapartida del conflicto con la nación argentina. La empresa española ENCE ha instalado en Uruguay su oficina central en Iberoamérica, ya que consideran que Uruguay es un punto vital de su plan estratégico para el continente. También han anunciado que recolocarán su planta de celulosa en el país. Por su parte, Brasil ha decidido suprimir el doble arancel del Mercosur tanto a Uruguay como a Paraguay. Este doble arancel hacía que un producto que ingresara a un país y pagara un impuesto por ello, volviera a pagar otro impuesto de importación por entrar en otro país socio del Mercosur. Esta medida ayudaría a mitigar la poca importación de madera al Uruguay por parte de Argentina, entrando por Brasil.

Por su parte, China, el «imperio del centro», nación política con importantes intereses estratégicos en Iberoamérica, prometió fortalecer la cooperación política y económica con Uruguay, fortaleciendo así su influencia en el continente más diréctamente sometido a la influencia imperial de los Estados Unidos del Norte de América.


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