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Un paso adelante frente a la demagogia indigenista

Farruco Sesto cambia el nombre de las librerías públicas venezolanas

Venezuela sustituye el nombre de Librerías Kuai Mare, del sistema público de promoción del libro venezolano, que pasan a denominarse Librerías del Sur

Sábado 16 de diciembre de 2006, por ER. Caracas


El ministro de cultura de Venezuela, Francisco Sesto Novás, hizo público que el Consejo de Ministros aprobó recientemente el cambio de nombre de las Librerías Kuai Mare, las cuales se denominarán a partir de ahora Librerías del Sur, como ya ha confirmado la Gaceta Oficial, en su número 5.036, 11 de diciembre de 2006.

El ministro Sesto ha declarado que este cambio de nombre responde a la nueva definición que se pretende para tal red de librerías, conformada actualmente por 49 sucursales, además de las denominadas «librerías de bolsillo». Se pretende de esta manera favorecer la integración con el resto de los países hispanos, en el proyecto bolivariano, a través de la industria editorial.

La noticia debe ser entendida como un paso adelante frente a la demagogia indigenista venezolana, pero es sólo una mínima reforma en la errática política ideológica de la que es principal responsable el ministro Farruco Sesto.

Francisco de Asís Sesto Novás, español de nacimiento (Vigo 1945), arquitecto (profesor jubilado de diseño en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela), poeta (por ejemplo: Estudio de la mirada, la presencia, la belleza, la necesidad, el deseo, la desolación y la resurrección, antología poética, 2002) y ensayista (por ejemplo: Por qué soy chavista, 2002), es uno de los principales responsables de la política cultural venezolana de los últimos diez años. Fue Viceministro de la Cultura en el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes; Presidente del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC); miembro de la Comisión Presidencial para la Alfabetización (Misión Robinson). En junio de 2004 durante la reorganización y reestructuración de la política cultural venezolana, fue nombrado Ministro de Estado para la Cultura, siendo ratificado por el presidente Chávez como el primer ministro de Cultura de Venezuela, al crearse el 10 de febrero de 2005 el Ministerio de la Cultura.

Ministerio de la Cultura que pretende oficialmente «a través de la creación de políticas de Estado, imprimir un cambio sustancial al sector, en el que se trabaje bajo dos conceptos de cultura en términos prácticos: la cultura como identificación de un colectivo y como instrumento de crecimiento y liberación» con el fin de «refundar la institucionalidad cultural del país».

Ministerio de la Cultura que ha adoptado como lema «El Pueblo es la Cultura» y que pretende fundar su acción sobre líneas estratégicas de base como «la desconcentración, democratización y masificación de la acción cultural».

Ahora bien, el preámbulo de la Constitución de Venezuela de 1999 asegura que se pretende «Refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia…», el artículo 100 dispone que «las culturas populares constitutivas de la venezolanidad gozan de atención especial, reconociéndose y respetándose la interculturalidad bajo el principio de igualdad de las culturas», y el artículo 121 consagra que «los pueblos indígenas tienen derecho a mantener y desarrollar su identidad étnica y cultural, cosmovisión, valores, espiritualidad y sus lugares sagrados y de culto. El Estado fomentará la valoración y difusión de las manifestaciones culturales de los pueblos indígenas, los cuales tienen derecho a una educación propia y a un régimen educativo de carácter intercultural y bilingüe, atendiendo a sus particularidades socioculturales, valores y tradiciones».

Pero entonces, «la Cultura», en singular, a la que dice dedicarse el Ministerio creado en 2005, y «El Pueblo» en singular que «es la Cultura», en singular, ¿cómo puede entenderse con una sociedad pluricultural, de culturas populares, de igualdad de culturas, intercultural, y con identidades propias de los indígenas? Quienes en Venezuela hablan parajuano, japrería, arawak, akawaio, piapoco, ninam, mutús, curripaco, baré, puinave, sáliba, yuwana, guarequena, baniwa, yukpa, macushi, cuiba, motilón, sanumá, panare, yaruro, nhengatu, mandahuaca, pemon, maquiritari, caribe, guahibo, yanomamo, piaroa, warao o wayuu, en total unos pocos miles de venezolanos, ¿no alcanzan su reconocimiento como ciudadanos venezolanos, libres e independientes, precisamente desde el momento en el que pueden hablar el español, que les introduce en la historia y les permite abandonar aquella situación supersticiosa y mágica, propia del pretérito, en la que el hombre todavía no podía ser persona?

El emblema que el Ministerio de la Cultura de Venezuela adoptó al crearse, en 2005, es un sello inspirado en dibujos elaborados por miembros de la etnia panare, del noreste de Guayana, que representan un perro y una rana, de color semejante al producido por la semilla de la planta de onoto, uno de los colores usados en su momento por los panare para embadurnar los sellos con los cuales se pintaban sus cuerpos. Un emblema particular (los panares no llegan a los dos millares de individuos), que podría tener sentido para una institución local dedicada a la Etnología, a la Antropología o al Folklore... ¿cómo puede asociarse a esa «Cultura», en singular, que aparece en el nombre del Ministerio de Farruco Sesto?

¿Y qué sentido pudo tener llamar Fundación Kuai Mare a la institución dedicada a promover el libro venezolano?

Dicen que «Kuai Mare es el gran espíritu, el feliz que habita arriba, muy lejos de la tierra, en el mar de arriba, que es de color azul. Su padre Jololi y su madre Yajuma viven junto a él en una hermosísima casa en la que habitan también sus dos mujeres Korata y Koratari, y muchísimos hijos, uno de los cuales, llamado Kuai-Nasi, tiene la cabeza tan pequeña y reluciente como las cuentas de los collares que los guaraos se ponen para adornarse el cuello. Kuai Mare es parecido a un guarao, pero es muy blanco, y su palidez se refleja por las noches sobre el agua de los caños, haciéndolos transparentes y luminosos. Los ojos son muy grandes y relumbran como si fueran de fuego. Sus cabellos largos y suaves como chorros de rubia miel, le caen por encima de los hombros. Sus orejas son enormes y cuelgan a lo largo del cuerpo, una por el lado del poniente y otra por el del oriente. Las lleva adornadas con preciosos zarcillos, los cuales brillan como el oro y la plata…»

Al adoptar este nombre, ¿será acaso porque el ministro poeta Farruco Sesto cree de verdad que existen «arriba» espíritus que nos envían la Gracia en forma de Cultura? Y si no es así, ¿no es hacer demasiadas concesiones a los cuentos, a los mitos, a las supersticiones, que pueden resultar muy interesantes para quienes las ven desde la racionalidad, desde la firme plataforma de la ciencia, pero letales para quienes están prisioneros de tales mitos, y supersticiones, que seguirán así siendo hombres, sin duda, pero no ciudadanos venezolanos libres y racionales, americanos, personas?

De hecho, al denominar el Ministerio como «de la Cultura» se está haciendo a esa cultura sinónimo de Civilización, y la civilización es una en cada momento histórico, e incompatible con las culturas étnicas propias de hombres que aún no han podido integrarse en la historia. Por lo que todo lo demás es, como poco, peligrosa demagogia indigenista.

Por eso es una rectificación que debe ser celebrada la sustitución del nombre de Librerías Kuai Mare por el de Librerías del Sur. Un Sur que en América se caracteriza porque habla en español. ¿Se pretende quizá así marginar a los hispanos de la América del Norte? ¿No hubiera sido mucho más preciso, puesto que el ideal bolivariano debe aspirar a todo América, haber en el cambio optado por la marca Librerías Hispanas?


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