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De una parte Zapatero, de la otra vendrá Obama

Sobre Obama, el PSOE y la progresiva socialdemocratización de Cuba

La Revolución Patriótica y Socialista en peligro

Martes 11 de noviembre de 2008, por ER. Matanzas

Aunque todavía hay elementos gubernamentales firmes, conscientes de lo que el Movimiento 26 de Julio todavía representa en el mundo, entre los cubanos se extiende, sino un deseo de volverse liberal-capitalistas, sí algo peor: convertir a la isla en el paraíso de la socialdemocracia mundial, particularmente española. Las cesiones del Gobierno socialfascista español a Cuba en montos de dinero no son más que intentos de influir en el Gobierno de Raúl Castro para acercarle a los postulados del socialdemocratismo alejando a Cuba del marxismo-leninismo. Por si fuera poco, la Obamanía también ha azotado la isla, aunque por fortuna para la Revolución, no al nivel de los últimos huracanes

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El huracán Obama se acerca a Cuba
Más peligroso que los que ya pasaron, y con el riesgo de convertirse en permanente

La victoria presidencial de Barack Obama en el Imperio realmente existente, en un principio, no habría tenido la mayor importancia para ningún miembro coherente del Partido Comunista de Cuba. Ni siquiera la campaña presidencial del candidato mulato (no negro) demócrata habría tenido repercusión sobre los cuadros más conscientes del Partido mayoritario en Cuba. Y aunque Fidel en alguna de sus columnas de opinión haya podido hacer alguna reflexión, siempre ligera, sobre el presidente electo de los Estados Unidos de Norteamérica, la sensación para la mayoría de los miembros del PCC es que nada ha cambiado ni nada va a cambiar con respecto al Imperio. Cubavisión ni siquiera transmitió el discurso del día de la victoria demócrata sobre los republicanos.

Sin embargo no se da la unanimidad ni en consenso frente a Obama, un presidente electo que, si se me permite la licencia, tiene más de mesías que de político. Entre parte de la población de la isla Obama representa un cambio real con respecto a la política de bloqueo, y algunos miembros del Partido, sobre todo en su base —lo más peligroso del asunto— tienen ilusión, esperanza y optimismo con respecto a un hombre, en primer lugar, no es comunista. Creen que Obama levantará el embargo a Cuba, y que su carácter dialogante, progresista (en el sentido socialdemócrata de la palabra) y «negro» —en Cuba sabemos distinguir un negro de un mulato; quien esto escribe lo es—, como si la característica «negro» fuese sinónimo de democracia o incluso de socialismo. ¿Nadie se acuerda de dictadores africanos como Bokassa, Mobutu o el general Amín? Por no hablar de la Nación del Islam del reverendo Farrakhan en Estados Unidos, un grupo racista, supremacista negro, antijudío y fundamentalista islámico. Algo sólo posible en el Imperio. No deja de ser infantil, y en el fondo algo racista y esnob, el creer que alguien que no sea blanco, rubio y de ojos azules (por mentar el tópico), pueda ser buen gobernante, e incluso, buena persona. En Cuba lo sabemos. Al no haber racismo en Cuba es imposible que caigamos en ese paternalismo hacia los que no son (somos) blancos, rubios y de ojos azules. Todos somos iguales, en lo bueno y en lo malo. Es el mundo influído por la hipócrita cultura anglosajona el que es incapaz de entrar en esas disquisiciones. Y de ahí el peligro de ver a Obama al nivel de un revolucionario. Ni siquiera llegará a reformista.

El delirio obamista en Cuba llega a tal punto que empiezan a circular a nivel popular fábulas con respecto al presidente electo del Imperio, convirtiendose en ocupaciones únicas y a menudo delirantes. La más rocambolesca es que Obama sería descendiente, en vez de negros de origen keniata, de afrocubanos. Así se puede ver en algunos sitios de Internet salidos de la isla (y yo diría que fomentados por la gusanera de Miami para confundir a la población), que afirman que la madre de Obama estuvo varias veces en Cuba participando en trabajos voluntarios para la construcción del socialismo en la isla. Y fue durante esos trabajos cuando conoció a Cundo, un negro de Sagua, en el centro del país, que la dejó embarazada. A los dos meses de quedar preñada volvió con el padre keniata de Obama y se casó con él. Internet es un pozo de rumores, y los que en este medio escriben gozan de impunidad democrática para legitimar sus mentiras. Y lo peor es que mucha gente, de buena fe pero indocta, se crean estas boludeces (como dirían los argentinos).

Lo peor que podría ocurrirle a la Revolución, y no tengo miedo en decir esto, es que el bloqueo acabase con Obama, porque el Imperio no desbloquearía el comercio con la isla sin recibir algo a cambio. Y ese algo a cambio sería el llenar la isla de bienes y servicios de todo tipo procedentes de Estados Unidos que transformaría Cuba en lo que los materialistas españoles que conozco llaman mercado pletórico de bienes. Y no sería Bush y su cónclave ultraconservador quienes lograsen derribar la Revolución, sino los izquierdistas (lo digo en sentido leninista) que a la vez que lucen camisetas con la efigie de Ernesto Che Guevara aplauden el «Yes, We Can» del sibilino Barack Obama. Si en el Partido cundiera la obamitis aguda que se percibe en parte de los cubanos —afortunadamente no en todos— sería el fin de nuestro sistema político.

Pero ya hay algunas declaraciones que preocupan. Obama ofrece diálogo a la isla, y José Ramón Machado, primer vicepresidente, dijo el domingo que la elección de Barack Obama era «interesante», y recalcó que ya nuestro nuevo presidente, Raúl, en tres ocasiones (las mismas que Pedro negó a Cristo) dijo que dialogaría «sin condiciones» con el emperador mulato. «Interesante es, y realmente se demuestra ahí que hubo un cambio, hubo algo que no es habitual. No podemos aceptar negociar nada con condiciones. Sin condiciones, él ya lo ha dicho tres veces. Vamos a ver si lo dice la cuarta vez». Declaraciones de Machado. «Él» es Raúl Castro. «A ver si logramos que se levante el bloqueo, que se quite el bloqueo, que eso es lo que hace falta, esa es la mejor ayuda que hay», añadió.

Pero no todos, por fortuna, los miembros del Partido bajan la guardia. Armando Hart, un verdadero patriota cubano, afirmó: «Si cumple su promesa, nacerá una nueva etapa en el combate ideológico entre la revolución cubana y el imperialismo. En ella, para alcanzar la invulnerabilidad ideológica a la que aspiramos, será necesario ell diseño de una nueva concepción teórica y propagandística acerca de nuestras ideas y su origen. Una amplia migración con distintos objetivos puede venírsenos encima y para ello debemos prepararnos culturalmente. La supresión de las limitaciones económicas impuestas a los viajes a Cuba significará que alrededor de un millón de nacidos en esta tierra o sus descendientes pueden venir como turistas o por el interés de entrar nuevamente en contacto con el terruño y sus familiares. Cuba tendrá el reto inmenso de cómo enfrentar un tiempo nuevo en la lucha cultural contra el enemigo». Es decir, cambio en la estrategia cubana sí; bajar la guardia, nunca.

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Miguel Ángel Moratinos y Felipe Pérez Roque
El primero, representante del socialfascismo español; el segundo representante de un socialismo que pretende ser deglutido por el primero

¿Y qué nación política del mundo ha influido, con «ayuda» externa, tanto en dinero como diplomática, a que en Cuba haya comenzado un progresivo atontamiento de la población, en dirección a la socialdemocracia de cuño europeo? La respuesta: España. Nos comentan que la oposición en España, el Partido Popular, tilda al Partido Socialista Obrero Español (no se confundan por el nombre, es un partido socialdemócrata y keynesiano, muy influído por el socialdemocratismo alemán de mediados del siglo pasado) de radical izquierdista e incluso de bolchevique. Pero la estrategia de este partido, al que me referiré como PSOE —sus siglas— en el resto del artículo, para Cuba no es la de ser aliados de la Revolución. Se diría que su estrategia es similar a la de otro socialdemócrata, el venezolano Hugo Chávez: convertir a Cuba a su imagen y semejanza. Aunque mientras Chávez trata de imponer un modelo unitario en el continente, eso sí, todavía sin concretar, el PSOE trata de llevar a los comunistas cubanos (a los que ven como «hermanos descarriados de la verdadera izquierda») a la izquierda verdadera, real, para ellos: una izquierda fundamentalista, a la vez socialdemócrata y liberal, a la vez mística y amiga del comunismo, que lanza discursos supuestamente críticos con el capitalismo pero que luego en lo real viven como auténticos aristócratas de nuevo cuño. Eso es la socialdemocracia europea, de la que la española es su esperpento más radicalizado (aunque también podríamos hablar de la italiana o la francesa). España, o mejor dicho, la socialdemocracia española, quiere convertir a Cuba en su paraíso, una isla a su imagen y semejanza, y llevan años haciendo obras para conseguirlo.

Por si alguien no conocía esta anécdota, diré que la Reina Sofía de Grecia, esposa de Juan Carlos de Borbón, rey de España, en un despacho con el compañero Fidel, le preguntó una vez «¿Por qué no abres un poquito, un poquito?», a lo que Fidel, muy prudente y firme, respondió «¡Nooooooo, mi Reina! Si ahora abro un poquito mañana van a querer un muchito». Si el PSOE defiende la monarquía en España (como todos los partidos allá, de facto, incluso los «comunistas») es porque la monarquía española representa muy bien los intereses tanto de la banca española (una de las más fuertes y sólidas del mundo) como de la burguesía, mayoritariamente socialdemócrata, esto es, del PSOE.

Hace unos días, el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, viajó a Cuba. Se le reprochó no reunirse con la oposición al Gobierno, a lo que él contestó que nadie se lo pidió. Pero esta dejadez con respecto a la oposición no es sinónimo de simpatías hacia la Revolución. También dijo a la prensa española que confiaba «en un futuro más abierto y de cambio» para el país. Tras su reunión con funcionarios cubanos dijo que mantuvo «discrepancias profundas» con los mismos. «Creo que las conversaciones, desde las discrepancias profundas que mantenemos, han sido suficientemente francas como para valorarlas positivamente. Creo que se puede abrir un tiempo de esperanza», dijo Blanco.

Mesías de la tolerancia y el diálogo, el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero logra que sus lacayos, como Blanco, tengan la lección bien aprendida. El socialdemócrata Blanco dijo que vio estupendo que la administración cubana se vaya dando cuenta de «la necesidad de cambios y de apertura, gracias a la fuerza de la palabrá, de la razón —una vez más, se menta a la razón ilustrada sin decirlo, como si la razón fuese algo universal para todos los hombres; desde luego para los socialdemócratas españoles sí, si se es socialdemócrata y zapaterista, u obamista ahora—, y de los argumentos».

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Manuel Cuesta Morúa, líder de Arco Progresista
El contacto socialfascista del PSOE español, aliado en su intento de impregnar a Cuba del Pensamiento Alicia español

Pero también mintió a su prensa, porque sí se reunió con un grupo opositor, el llamado Arco Progresista de Manuel Cuesta Morúa, grupo absolútamente afín a la ideología socialdemócrata del PSOE y a los intereses de esa máquina de poder que es el Partido Socialista Obrero Español, que pretende hacer de Cuba el paraíso de sus más altos cargos y simpatizantes. Blanco dijo que ningún otro grupo se lo pidió y no se reunió con otros, pero que estaba «abierto al diálogo». Pero lo único que interesa al PSOE es hacer de Cuba una isla socialdemócrata.

El PSOE, respondiendo a las críticas del Partido Popular español y de opositores cubanos más afines al Imperio Estadounidense que a la socialdemocracia española, afirmó que tenía una relación fluída con toda la oposición cubana a la Revolución, y que al mismo tiempo era un partido «comprometido con el futuro del pueblo cubano». Así lo dijo la secretaria de política internacional de este partido, Elena Valenciano. La mala fe de los socialfascistas españoles no tiene límites. Blanco dijo a la prensa mexicana en una entrevista que: «Estamos en tiempo de cambio, hay que hacer algunos cambios, en eso puedo resumir algunas de las expresiones que he escuchado a lo largo de estos días. Hay que responder a los nuevos desafíos y los nuevos retos, para eso no todo debe ser igual y creo que esa reflexión es compartida por parte de gobierno cubano, al menos es la interpretación que hago de las expresiones que he escuchado». Si bien tras los huracanes Cuba no ha recibido ayudas del Imperio, en cambio, incomprensiblemente —y ahí se ve la deriva ideológica cubana alejándose progresivamente del marxismo-leninismo— sí acepto la ayuda del PSOE, un partido dispuesto a cualquier cosa para imponer su «buena nueva», el Pensamiento Alicia, allá donde pueda. «En un momento en que la isla y por tanto sus ciudadanos fueron víctimas de dos huracanes... es más importante que nunca el esfuerzo para ayudar a esas personas» dijo también Blanco. Y ahí el PSOE, aprovechando la desgracia tras los huracanes, con su sibilino discurso, impone su imperialismo sobre Cuba. La secretaria de Estado de España para la Cooperación Internacional, Soraya Rodríguz Ramos, visitó hace poco menos de un mes nuestra patria, y consiguió conceder a Cuba un total de 33,7 millones de dólares estadounidenses en ayudas para resarcir por los daños de los huracanes. Siendo como es España el principal socio económico de Cuba dentro de los países de la Unión Europea (o mejor dicho, del Eje Franco-Alemán) no cabe duda que esta ayuda, muy criticada por la miope oposición a la Revolución, no se va a darnos sin algo a cambio. Y ese algo a cambio son cesiones económicas, políticas e ideológicas al socialfascismo español.

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Luis Yáñez-Barnuevo
Socialfascista español al servicio de la oligarquía financiera española, que tanto le debe al PSOE

Pero no le será fácil. Todavía hay resistencia a la seducción tenebrosa de la serpiente socialdemócrata de Zapatero. Luis Yáñez-Barnuevo, miembro del PSOE, diputado del Parlamento Europeo, pretendió reunirse con sus homónimos cubanos del Arco Progresista de Manuel Cuesta Morúa. Pero Elio Rodríguez, embajador cubano ante el Eje Franco-Alemán, trasladó a Yáñez-Barnuevo la negativa de las autoridades nacionales a permitir dicha reunión entre socialfascistas españoles y cubanos. Quédense con la palabra Progresismo —Progreso, Progresista, «Progres», como despectívamente se llama a los socialdemócratas en España—, ya que es la más utilizada para autodefinirse el socialfascismo. No en vano, Yáñez-Barnuevo es copresidente de la asociación Cuba-Europa en Progreso. La socialdemocracia española no menta a España, sino a Europa, como enlace con nuestra isla. Con lo que además muestra que, sin dejar de lado sus propios intereses facciosos con la isla, siguen a terceros, en este caso a Francia y Alemania, Estados más poderosos que España y a los que el PSOE rinde pleitesía día sí día también, especialmente a Francia, nación que considera a España casi como su colonia. «En mi larga vida política es la primera vez que se me niega un visado de entrada en un país. Estuve en el Chile de Pinochet, en la URSS de Breznev o en la Argentina de Videla, entrevistándome con opositores a los gobiernos», dijo Yáñez-Barnuevo. Lo que no dijo es que no le movía solamente el ansia (social)democratizadora a nivel mundial, sino también los intereses de la clase dirigente española, que tanto le debe al PSOE.

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Propaganda del PSOE
El socialfascismo de Zapatero es directo heredero de la Falange, grupo político gobernante junto a otros en el franquismo

Es por tanto, en gran parte, responsable de la obamitis cubana el Partido Socialista Obrero Español, que en una clara muestra de dialéctica de clases y de Estados compite con el Imperio mismo para transformar a Cuba en un paraíso tropical socialfascista. Eso sí, utilizando al Imperio para ello. Está por ver si Obama y Zapatero se convierten en el reverso sonriente de la alianza de Bush y Aznar. Lo mismo de siempre, pero en progresista. Y está por ver qué harán las autoridades cubanas para resistir al envite de la izquierda socialdemócrata, una ideología profundamente anticomunista (socialfascista), una ideología viscosa que todo lo impregna, y que pretende desde hace décadas impregnar a Cuba. Por el bien de todos nosotros, espero que la resistencia a la seducción «progre» sea lo suficientemente fuerte como para impedir el derrumbe de todo lo bueno conseguido en los últimos 50 años de Revolución Patriótica y Socialista (socialista marxista, no socialista zapateril; siempre hay que afirmar nuestras irreconciliables diferencias).


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