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Más de la mitad de los diputados en el Congreso español ausentes en el debate sobre el paro y la crisis

Los representantes de la Nación Española, una panda de vagos, irresponsables y vividores

Un diputado del Partido Popular que tenía que hacer una pregunta al ministro de Economía, Pedro Solbes, no fue al Congreso

Jueves 30 de octubre de 2008, por ER. Barcelona

Ramón Aguirre es el nombre del diputado del Partido Popular que no se presentó justo el día que tenía que formular una pregunta al ministro de Economía sobre la crisis económica. Pide disculpas y dice que se despistó, alegando haber ido siempre desde hace años al Congreso. De nada sirven las excusas de un irresponsable al que los españoles votan para que les represente y a él le trae sin cuidado la confianza que han depositado en él

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Ramón Aguirre
Un vividor e irresponsable que traiciona a España cobrando por ello

Uno de los síntomas de la degradación de la Nación Política Española es esta dejadez de los representantes legítimos de los españoles en el Congreso de los Diputados. En unos momentos en que una crisis financiera mundial amenaza la eutaxia española e incluso su permanencia en el euro, todo el hemiciclo parlamentario, PSOE y PP, Izquierda Unida y partidos de derecha extravagante no alineada (ERC, PNV, CiU, BNG, Nafarroa Bai), muestran que los votos, la confianza del pueblo, les trae sin cuidado. Sólo pretenden vivir comodamente en sus sillones calientes, cobrar, e incluso aumentar su sueldo de diputados a pesar de la crisis, y traicionan a la nación, dándoles igual si esta se desmembra o se empobrece. Más de la mitad de los diputados se ausentaron ayer de la sesión de control al Gobierno en el Congreso, que tenía que versar sobre la crisis y el paro. De un total de 350 diputados sólo se presentaron 160. El personalismo que siguen tanto PSOE como PP es tal que cuando Rajoy o Zapatero se ausentan nadie va al Congreso, y sólo se llena cuando estos politicastros estrella españoles se insultan en el hemiciclo (y sí, decimos se insultan, porque la dialéctica propia de los oradores políticos clásicos brilla por su ausencia en España).

Pero además del partido gobernante, el socialfascista PSOE, y los partidos extravagantes nacionalistas étnicos y neofeudalistas que pactan gobiernos con él, parece que el hasta hace unos meses (las elecciones generales de marzo de este año) españolista Partido Popular, demuestra una dejadez, una irresponsabilidad y una indiferencia terrible hacia España y hacia su actual situación de fragilidad económica y política. Un tipo tan anodino y del que muy pocos en España han oído hablar, Ramón Aguirre, podría haber tenido sus «quince minutos de gloria» (expresión acuñada por Andy Warhol) ayer si hubiese formulado esta sencilla pregunta al ministro español de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, al que muchos culpan de graves errores en la previsión de la crisis e incluso de su ocultamiento. «¿Cómo cree que va a afectar a la economía española el enorme incremento del paro?», debió ser la pregunta que Aguirre, del Partido Popular, hubo de formular. Pero este individuo, al ser llamado por el Presidente del Congreso, el socialdemócrata José Bono, no estaba. Consecuencia, Bono retiró la pregunta y la sesión de control continuó. Pero, ¿qué clase de control al Gobierno es esa en la que los encargados de controlarlo no están presentes? ¿Qué control al Gobierno es ese que cuenta con la menos de la mitad de los representantes de la Nación Española?

Y lo más grave es que éste mentecato de Ramón Aguirre pidió disculpas a José Bono, dando una vez más la razón al filósofo materialista Benito Espinosa (Spinoza para los antihispanos) cuando afirmó que «el que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable». Atribuyó todo a un despiste, aduciendo que se encontraba desde las nueve y cuarto de la mañana en la biblioteca del Congreso buscando información sobre la pregunta que iba a formular, y espera este señor que la Cámara no tome ninguna medida contra él, atreviéndose incluso a decir que «el primer dañado soy yo».

Y lo cierto es que Bono le va a perdonar, ahondando en su grave falta ante la patria por dejación de su responsabilidad como representante de todos los españoles. «Yo he hablado posteriormente con él, me ha pedido disculpas y lo entiendo perfectamente». Bono entiende que esa dejación beneficia al socialfascismo en el poder en España, que presenta una vez más al PP actual como un partido débil, descoordinado, falto de liderazgo y de proyecto político, además de mostrar a Aguirre como un caradura. ¿Pero cómo no va a entender Bono perfectamente la irresponsabilidad de Aguirre si su partido, el PSOE, ve como buena esa dejación de los problemas del pueblo español porque ellos hacen lo mismo? Ningún partido con representación parlamentaria, ninguno, está interesado por España. Y de ahí, entre otros motivos, la progresiva decadencia y degradación de la nación.

Pero por supuesto, los más beneficiados por esta dejación de España son sus enemigos, empezando por el ministro de Economía Pedro Solbes y el presidente Alicia José Luis Rodriguez Zapatero. Que representen a España una panda de vagos, corruptos, vividores y antipatriotas sólo beneficia a los grupos extravagantes neofeudalistas que quieren destruir a España en nombre de «derechos históricos» inventados que ocultan la búsqueda de privilegios en razón de la etnia. La democracia española degenera poco a poco en un sistema político alejado por completo de la virtud política. Como dice Gustavo Bueno en su último libro, «El mito de la derecha»:

«[...] son hoy muchos los que sospechan que la democracia parlamentaria no puede durar mucho tiempo en las condiciones en las que hoy se desenvuelve, fundándose en debates parlamentarios cotidianos en los cuales jamás se llega a ningún acuerdo, en donde todo son malentendidos, ambigüedades, insultos personales, una vez perdida la antigua cortesía parlamentaria. Este fracaso continuado de resultados en los debates parlamentarios, que no conducen nunca a una conclusión lógica interna (aunque sistemáticamente los militantes de cada partido aplaudan a sus portavoces y abucheen a los contrarios), plantean la cuestión de cuál puede ser su funcionalidad política.»


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