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Continúan los ataques inmisericordes a España desde dentro

El partido de derecha extravagante no alineada Coalición Canaria, gobernante en Canarias con el Partido Popular, muestra su faz neofeudalista

Hablan de "nación canaria", piden la cosoberanía con España y un modelo confederal de Estado

Lunes 27 de octubre de 2008, por ER. Barcelona

La gravedad extrema de las declaraciones realizadas en el IV Congreso del partido de derecha extravagante Coalición Canaria —en las que niegan la verdad de la nación española, afirman que sólo son naciones las naciones étnicas, hablan de cosoberanía con el Estado y piden un modelo administrativo confederal— no pueden pasar desapercibidas. Estas son las consecuencias de un Estatuto de Cataluña firmado por el socialfascismo en connivencia con el neofeudalismo, ambos enemigos de España

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Caricatura de Paulino Ribero
Un neofeudalista que quiere convertir Canarias de región de la Nación Española en Estado bananero colonia de terceras potencias

España está amenazada interiormente por grupos de derecha extravagante no alineada, separatista, que quieren destruir la nación a la que pertenecen, la nación que les permite actuar y existir. Quieren destruir a España, Nación Política de Ciudadanos Libres e Iguales en Derechos y Deberes que nación, como Marx y Engels explicaron en «La España Revolucionaria» —reeditado hoy con el nombre «Escritos sobre España»—, nació durante la Guerra de la Independencia de 1808 a 1814 frente a la invasión francesa y con la históricamente grandiosa Constitución de Cádiz de 1812, que proclama en su primer artículo que « la Nación Española es la unión de todos los españoles de ambos hemisferios ». Previamente a estos acontecimientos revolucionarios, España ya existía como nación histórica, como monarquía absoluta y como Imperio Católico Generador.

Todas estas verdades históricas irrefutables a las que ningún revolucionario español e hispánico debería jamás renunciar ni poner en duda, y en el marco de una democracia en la que, gracias al mercado pletórico y al fundamentalismo democrático, se relativizan o, peor aún, se niegan desde grupos ideológicos directamente socialfascistas (PSOE), de izquierda indefinida (IU), neofeudalistas (ERC, BNG, PNV, CC, ETA, &c.) o, incluso, partidos supuestamente defensores de la nación pero en realidad oportunistas de derecha que sólo buscan el poder, un sillón en la Moncloa desde el que administrar prevendas y privilegios a militantes de su propio partido para, así, y sin hacer asco alguno a la corrupción típica de toda democracia capitalista, vivir la vida según la felicidad canalla. Este partido, que no mira por España sino por puestos burocráticos seguros de los que vivir sin apenas problemas, se llama Partido Popular. Ya Platón previno en «La República» de cómo el relativismo total de todo, la falta de honor, disciplina en los jóvenes y de valores sólidos que la democracia y el hombre democrático, con su filosofía vulgar de vivir al día y de negar todo lo que pueda definirle, promueve como «lo bueno», puede derivar en tiranía. Platón habló en su imprescindible obra filosófica antes citada de cómo había cinco sistemas políticos, del más recomendable al menos, y de como del mejor derivan poco a poco el resto (a cada forma de gobierno corresponde un tipo de hombre): la aristocracia y el hombre aristocrático, la timocracia y el hombre timocrático, la oligarquía y el hombre oligárquico, la democracia y el hombre democrático y la tiranía y el hombre tiránico.

Platón señala que de la libertad excesiva y del todo vale deriva la tiranía. Y España, hoy día, está cerca de derivar en una tiranía. Una tiranía a la que contribuyen a formar las fuerzas facciosas que pretenden destruir España. La última en postular esta destrucción el la neofeudalista Coalición Canaria, partido nacionalista étnico canario gobernante en esa región española en coalición con los supuestos patriotas del Partido Popular. Este partido acaba de celebrar su IV Congreso, en el cual, definen a Canarias como «nación», impulsando el 22 de octubre domo «día de la nación canaria», una fecha elegida por las juventudes del partido (siempre el fascismo ha apelado a la juventud como la vanguardia de su movimiento; así hacen también las juventudes de ERC en Cataluña o los batasunos en Vascongadas) como el día en que se izó la bandera de las siete estrellas, la bandera separatista canaria. Asímismo, defienden la «bilateralidad Canarias—Bruselas» además de la «Canarias—Madrid». Hablan de cosoberanía con el Estado, pero esto se traduce en realidad por la aplicación a Canarias, y al resto de España, en un modelo confederal (que defienden abiertamente), un modelo de Estado superfluo en el cual el flujo de capitales no tenga ningún control y el neoliberalismo económico haga su agosto. Es decir, Coalición Canaria defiende lo que todo neofeudalismo: los privilegios étnicos incluído el privilegio de secesión, la desigualdad entre los españoles bajo la fachada de «derechos históricos», destruir la racionalización holizadora de la Revolución Española de 1808-1814 que creó la Nación Española, y la explotación y opresión directa e indirecta de la disidencia patriótica, revolucionaria o no, que luche contra ellos. Una explotación que no tiene remordimientos para marginar económica y socialmente a los que no sigan sus doctrinas racistas.

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El Gran Marruecos
Coalición Canaria, y el Partido Popular cogobernante en las islas con los facciosos, son cómplices del imperialismo depredador marroquí antiespañol

Las declaraciones textuales del documento del IV Congreso del partido de Paulino Ribero (un especimen deleznable, que ha vendido su trasero tanto a PSOE como a PP a cambio de dinero y privilegios para su partido y sus funcionarios afines) se pueden considerar sin duda como alta traición: «Necesitamos un nuevo estatuto para dar respuestas adecuadas a nuestro hecho diferencial». Es decir, ellos son diferentes del resto, y por ello tienen el privilegio de decidir robar al resto de los españoles parte que nos ha pertenecido a todo durante siglos. «Coalición Canaria abrirá un debate social y político para conseguir las reformas legislativas oportunas que tenga por objeto conseguir la bilateralidad como eje central de la relación con el Estado español para encontrar más espacios de decisión propia». Esto es, Coalición Canaria quiere convertir a Canarias en un Estado independiente, ideal para ser paraíso fiscal como las Bahamas o, incluso, para ser objetivo más fácil para terceros Estados interesados en anexionarse las Canarias, terceros Estados apoyados internacionalmente por coaliciones afines. Pero a los neofeudalistas no les importan aliarse con terceros Estados y convertirse en colonias, su odio a España es más poderoso que cualquier razonamiento lógico.

«Queremos un tratamiento por parte del Estado similar al que nos reconoce la Unión Europea». Es decir, Coalición Canaria vende esta región española al Eje Franco-Alemán. Sin rubor y sin despeinarse, prefieren ser europeos a españoles. Prefieren la Europa sublime a la Hispanidad, y con ello, a la Hispanidad Revolucionaria y Socialista que desde El Revolucionario afirmamos. Coalición Canaria se convierten así en vasallos de Estados imperialistas depredadores enemigos de España, Estados que desde siempre han querido destruir lo que España, con gran esfuerzo, construyó, y apropiarse de ello. La traición de Coalición Canaria (un partido de derecha que nació como escisión de Unión de Centro Democrático, UCD, partido de ex-franquistas comandado por el ex presidente español Adolfo Suárez, transformó la dictadura franquista en la democracia coronada de Juan Carlos I durante un proceso político conocido falsa y pomposamente como «Transición»; Coalición Canaria es una muestra de hasta dónde llegó la putrefacción de UCD y de toda la monarquía actual española). «La idea centralista que se fundamenta en que el régimen de dependencia entre el Estado central y la Comunidades Autónomas tiene que ser obligatoriamente similar». El centralismo, para estos traidores, significa la igualdad entre todos los Españoles, y como ellos son «diferentes», no quieren centralismo, sino neofeudalismo, separatismo para vivir de otros o, como «mal menor» para ellos, un Estado confederal, al estilo del fracasado Imperio Austrohúngaro, del que sigan chupando del bote, mientras un monarca egoísta e incompetente sigue ejerciendo sus funciones como un pequeño emperador de pacotilla.

«Esta relación se rompe con el reconocimiento de las ’Comunidades Históricas’ de igual a igual, sin subordinaciones de ningún tipo. Además, el Estado debe ser leal con la Nación Canaria y no desleal como en la actualidad». Para estos traidores de derecha extravagante, Canarias es una «nación» histórica oprimida durante siglos. Quieren ser reconocidos como tales. Estos neofeudalistas racistas antiespañoles han aprendido la lección de sus camaradas vascos y catalanes, que les han enseñado que la invención de la historia, unida al control político del Reino de Taifa correspondiente, es la mejor forma de presión del poder de Madrid para conseguir sus racistas fines: la destrucción de la patria. «Ese nuevo status marcará el inicio de una dinámica en la que las relaciones con el Estado central tendrán un rango de igualdad entre pares y, en otro contexto, las relaciones con la Unión Europea (UE) deben ir evolucionando hacia la bilateralidad entre Bruselas y Canarias». Si hablan de igualdad entre pares es porque se consideran aparte el Estado, aparte de la Nación Política Española, se consideran «diferentes», superiores. Esto es mentira y es traición y mala fe. Canarias no puede jamás tener una relación bilateral con España porque Canarias ES España. Y si defienden eso es porque Coalición Canaria son enemigos de España. Y el Partido Popular, que gobierna con ellos en coalición, es cómplice egoísta de esta felonía. Con lo cual, el Partido Popular se convierte también en enemigo de España.

Coalición Canaria incide en todo lo que El Revolucionario lleva denunciando desde hace tiempo: «Coalición Canaria es un partido político progresista y nacionalista. Queremos ser el vehículo de la construcción democrática de la Nación Canaria, la defensa de su identidad y el ejercicio de su autogobierno. Defendemos la integración diferenciada de Canarias en el Estado español. Necesitamos confluir con otras fuerzas nacionalistas canarias». Para empezar, el progresismo es un concepto que parece siempre utilizado como palabra comodín, como coartada, para justificar las ideas delirantes, irracionales, metafísicas y racistas de estos partidos autodenominados democráticos. Y asumen, en una total deformación de la historia de España, que el nacionalismo étnico, el paletismo racista, es progresista, mientras que el españolismo es fascismo. ¿Cómo se puede ser tan imbécil y analfabeto para afirmar eso? ¿Acaso los liberal-revolucionarios de Cádiz eran ya franquistas? ¿Acaso el fascismo es algo eterno y ya los Reyes Católicos eran fascistas? ¿Acaso Pelayo o Favila tenían el carnet de Falange? Quien afirme que españolismo es igual a fascismo sólo puede ser calificado de imbécil. Quien esto afirma sólo puede recibir desprecio por parte de los revolucionarios. Y aparte, ¿cómo puede hablar de progresismo, entendido como algo «de izquierdas», quien apela a un inexistente hecho diferencial, basado en premisas racistas? ¿Es «progresista» acaso el separatismo para convertirse en un paraíso fiscal, en un hervidero de tráfico de mujeres, de armas y de drogas? ¿Es «progresista» la ilegal secesión de Kósovo?

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Hitler
El creador de la Unión Europea, inspirador de Coalición Canaria

Y por supuesto, Coalición Canaria, este partido derechista, no puede ocultar su discurso filonazi al hablar así de la inmigración: «Como consecuencia del desmesurado crecimiento poblacional, la sociedad canaria ha sido alterada de forma sustancial por un nuevo modelo de convivencia, lo que está configurando una nueva identidad colectiva con la consiguiente pérdida de la identidad canaria. Por tanto, se hace necesario reforzar nuestra indentidad como pueblo». Es decir, para Coalición Canaria la identidad racial de los canarios está en peligro por la inmigración, y por ello han de destruir a España, que no es más que un Estado opresor que atrae inmigrantes a las Islas. Lo ideal es venderse a Europa, la cual garantizará que la identidad étnica canaria sea salvaguardada. Si esto es ser «progresista» entonces Hitler debería ser el gran campeón del progreso. Nuestro sarcasmo no ocultra nuestra indignacion ante tales despropósitos de supremacismo racial blanco por parte de Coalición Canaria. Supremacismo que piden amparar debido al que llaman «principio archipielágico», según el cual las islas, islotes y aguas que rodean a las Canarias han de integrarse como el Lebënsraum guanche. Además, otra clave del asunto, es su petición de una «Hacienda Nacional Canaria, que gestionaría la totalidad de tributos recaudados en esta tierra, los cuales financiarían nuestro autogobierno, aportando al estado —lo ponen con minúsculas estos facciosos— la parte proporcional a los servicios prestados y en función del criterio que más nos beneficie». Es decir, no sólo quieren privilegios raciales, sino también, y como todos los neofeudalistas, privilegios económicos. Crear una agencia tributaria llamada «nacional» (cuando Canarias no es ni ha sido jamás una nación, ni siquiera étnica), para quedarse con dinero que, por derecho, pertenece a todos los españoles. Racismo, antihispanismo, europeísmo filofascista, extravagancia política y privilegios económicos: este es el «progresismo» de Coalición Canaria, partido que gobierna en coalición con el PP. Y por supuesto, como todo nazi que se precie, Coalición Canaria es ecologista, ya que defienden el «desarrollo sostenible».

Y claro, todo se reduce a una falsedad de la que alardean no sólo los neofeudalistas de la derecha extravagante no alineada de los partidos secesionistas, sino también los socialfascista del PSOE y del PP que pactan gobiernos con ellos: la negación de la realidad nacional española. Estos racistas, malnacidos traidores a la patria, consentidos por la monarquía coronada borbónica que afirma que «hablando se entiende la gente», siguen con los argumentos de sus camaradas, los facciosos secesionistas catalanes, vascos, gallegos, andaluces, entre otros. Afirma el documento: «Las naciones del propio Estado español poseen unos derechos históricos y territoriales más antiguos que la formación de este Estado, que no se debaten, que son tabú. Tabú debido a que el concepto de Nación española no existe. El concepto de nación nace en Francia tras la Revolución». Traducción: España no es una nación porque no es una etnia única como nosotros, las naciones étnicas tienen derechos que provienen de la Edad Media, y sólo por ello, esos derechos —en realidad privilegios del Antiguo Régimen— están por encima de la igualdad de los españoles, igualdad que sólo puede garantizar la Nación Política Española. Por ello, esa Nación ha de ser negada, porque al negar a España, niegan la igualdad del pueblo español. Si España no existe, no existe la igualdad de todos los españoles ante la Ley. La única nación verdadera sería Francia, con lo que demuestran ser unos afrancesados traidores a la patria, que prefieren ser colonias francesas antes que ciudadanos de la nación más antigua de Europa. Prefieren ser súbditos de la Europa depredadora antes que ciudadanos de la Hispanidad. Coalición Canaria quiere sumir a los canarios a la esclavitud política y racial que el Eje Franco-Alemán ya impuso en la antigua Yugoslavia.

Platón ya habló de como el libertinaje de la democracia traería consigo la tiranía. España está al borde de esa tiranía, si seguimos los argumentos de Platón. España se encuentra en la fase democrática platónica en la cual el hombre democrático «pasa su vida día tras día -dije yo- condescendiendo con el deseo que le sale al paso, ya embriagando y tocando la flauta, ya bebiendo agua y adelgazando; otras veces haciendo gimnasia; otras, ocioso y despreocupado de todo, y en alguna ocasión, como si dedicara su tiempo a la filosofía. Con frecuencia se da a la política y, saltando a la tribuna, dice y hace lo que le viene a las mientes; y, si en algún caso le dan envidia unos militares, a la milicia va, y si unos banqueros, a la banca. Y no hay orden ni sujeción alguna en su vida, sino que, llamando agradable, libre y feliz a la que lleva, sigue en ella por encima de todo» [1]. En una España en la que todo vale, en la que cada uno puede decir y hacer lo que le de la gana sin consecuencias, en la que el honor, la disciplina y unos valores éticos y morales firmes son ninguneados; en definitiva, en una España postmoderna producto del capitalismo de bienestar avanzado, los consumidores satisfechos llegan al punto de negar a la misma Nación Política Española su misma existencia con tal de satisfacer sus demandas como ciudadanos consumidores. El Partido Socialista Obrero Español, el Partido Popular, Izquierda Unida y el resto de partidos secesionistas de la derecha extravagante, son cómplices de esta situación. Platón, en la España de hoy, sería un proscrito. Y de hecho, ya el PSOE en la época de Felipe González, lo hizo proscrito al traer a España y a mimar al escritor neoliberal Carlos Raimundo Popper —hoy alabado por los liberales de todos los partidos—, el cual en su libro «La sociedad abierta y sus enemigos», afirmaba que Platón era el primer gran enemigo de esa «sociedad abierta» —cómo no, capitalista y democrática—, y el inspirador de todos los demás (hasta Marx o Lenin y hasta Mussolini o Hitler).

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Platón
Sin el racionalismo griego, la revolución está perdida

La respuesta de Platón sería clara: la «sociedad abierta» es el preludio de la tiranía. Y Coalición Canaria, con este infame comunicado racista, neofeudalista y antihispano, pone una piedra más en el camino de España hacia la tiranía de los separatistas y los fundamentalistas democráticos. Para Platón, la tiranía era el gobierno más injusto. El exceso de «libertad de» y «libertad para» engendra el gobierno tiránico. El abuso de estas libertad intoxica la democracia, la cual acaba denigrando a los que observan la ley y buscan la eutaxia del Estado. La disciplina desaparece, todo tipo de jerarquía y subordinación, por procedimental que sea, se cuestiona y se ataca hasta el punto de no respetar la Ley en absoluto, sea esta la que sea. En medio de esta anarquía los más laboriosos y enérgicos se presentan ante el pueblo como sus campeones, como los defensores de sus derechos. Ahí surge el jefe, el guía, el dictador o caudillo. El pueblo, halagado por sus promesas, protege al tirano y le presta su adhesión. El tirano, con el miedo perenne a ser asesinado, se impone sobre sus enemigos, empezando su gobierno de manera prudente, siempre haciendo promesas y siempre sonriendo. Pero cuando su poder ya se ha afirmado, provoca guerras para que el pueblo comprenda que le necesita sino quiere perder su libertad. Toda oposición es perseguida y eliminada, llevada a los tribunales o al exilio. El Estado se priva así de sus mejores, y el tirano se hace con el servicio incondicional de sujetos ruines. Cada vez necesitará más guardianes y mercenarios, a los que pagará para que le protejan y obedezcan sus caprichos. Durante un tiempo aparecerá como honesto hasta el momento en que exprima a la nación para que esta pague y soporte sus caprichos y los de su banda de facciosos. Así, el tirano se convierte en déspota.

El tirano se vale del fraude, de la violencia y del artificio para conservar el poder. La ciudad tiranizada es la peor de todas. Platón dice que el tirano es un desgraciado que no sabe lo que quiere. Se trata de un ser que se ve obligado a gobernar a los demás mientras es incapaz de gobernarse a sí mismo. Es un esclavo cobarde, sin amistades, sin alegría, desconfiado, maldito para sí mismo y para su país. Probablemente, la Nación Política Española se encuentra a día de hoy gobernada por individuos que converjan con esta descripción platónica de la tiranía. Y sólo el derrumbe de la tiranía y del tirano y la banda de facciosos comprados por él puede devolver la justicia y la virtud a una España cuyos votos en las urnas han propiciado la llegada a esta situación. Coalición Canaria, y el Partido Popular que gobierna en Canarias con ella, son un síntoma más de la degradación de España. Se hace más necesaria que nunca la revolución.

Notas

[1] «La República», de Platón


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