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Entrevista de El Revolucionario a Gustavo Daniel Perednik

Perednik: «Nuestros pacíficos vecinos anhelan borrarnos del mapa»

El profesor israelí desconfía de Hamás y de Al Fatah, y cree que lo más conveniente para Israel es una democracia estable entre los palestinos

Domingo 7 de enero de 2007, por ER. Tel-Aviv

Nacido en Buenos Aires en 1956 se formó en universidades de Israel, Francia, Perú, y completó en Nueva York sus estudios de doctorado en filosofía. Fue distinguido como profesor sobresaliente de la Universidad Hebrea de Jerusalén en donde dirigió y creó diversos programas de estudios en español. En dicha ciudad dirigió el Instituto para Líderes del Exterior.

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Gustavo Perednik
junto a la bandera de Israel, su país

Autor prolífico, Gustavo Perednik ha publicado numerosos artículos con mucha presencia entre los buscadores de Internet. Colabora, entre otras, con la revista El Catoblepas todos los meses. Es autor además de varios libros que recibieron excelente crítica y premios literarios internacionales. Es especialmente interesante su libro España descarrilada (junio de 2004), escrito inmediatamente después de los atentados del 11 de Marzo en Madrid, que representa un verdadero revulsivo contra el palestinismo practicado continua y principalmente por la izquierda divagante y extravagante española y europea, en general. Sus últimos libros son los ensayos Grandes Pensadores (2005) y Notables Pensadores (2006), y la novela El silencio de Darwin (2006). Vive en las afueras de Jerusalén.

Corresponsal de El Revolucionario en Tel-Aviv: —Ante todo, muchas gracias al Profesor Perednik por conceder esta entrevista al recién nacido periódico El Revolucionario.

— Gracias a ti, es muy gratificante ser tu primer entrevistado.

—Al final del prólogo a su último libro usted afirma lo siguiente: «Los israelíes sentimos mancomunión con España. Israel es uno de los pocos lugares del mundo, en donde hay radio y revista en ladino, y el único en donde el idioma de Cervantes es hablado por cientos de miles. Es uno de los pocos lugares en los que el parlamento comenzó con un minuto de silencio y un acto de homenaje a las víctimas del 11-M. Pero España no quiere que la amemos.» ¿Se ha resentido esta simpatía de los israelíes hacia los españoles después de la ascendencia al gobierno de Rodríguez Zapatero y su giro maurófilo extravagante en política exterior? ¿Qué piensan en Israel acerca de la «Alianza de Civilizaciones»?

—El sentimiento de cariño hacia España trasciende tanto presidentes como zapateros. No es la primera vez que el gobierno español es hostil a Israel y siempre cabe guardar la esperanza de que sea la última.

Con respecto a la pretendida Alianza de Civilizaciones, es dable suponer que no genere confianza en los israelíes ninguna iniciativa de la teocracia de los ayatolás de Irán. Cualquiera rechazaría una alianza entre potencias que quieren borrarlo del mapa. Además para los iraníes el objetivo a largo plazo de toda estrategia política es islamizar el planeta, frente a la nada novedosa «ingenuidad europea», impotente ante totalitarismos.

—¿A qué cree que se debe esa falta de reciprocidad en la simpatía?, ¿por qué cree que España se desentiende de la causa de Israel y se mantiene tan favorable a la «causa» palestina? ¿Ocurre lo mismo en Hispanoamérica, que usted conoce tan bien?

— A por lo menos cuatro factores: la arraigada judeofobia española, sobre la que me he explayado mucho en El Catoblepas; la dependencia del petróleo árabe; el apaciguamiento ante una creciente inmigración árabe; y lo que Jean-François Revel denominaba «la obsesión antiamericana». De todos modos, opino que los medios españoles (TVE y los principales diarios) son mucho más judeofóbicos que el promedio de la población.

En cuanto a Hispanoamérica, la situación es muy distinta. Mucho mejor. La judeofobia de los americanos siempre fue muchísimo más leve que la de los europeos. Aquella es parecida a la xenofobia; ésta es demonizadora. En Hispanoamérica hay distintas tonalidades; en España hay pensamiento único: ser antisionista es obligatorio…

—Pero centrémonos en su país, en su política exterior y en su política interna. Empecemos por la amenaza del régimen de los ayatolás sobre Israel. ¿Cómo cree que está actuando el gobierno de Olmert al respecto? En Alemania, en una entrevista televisiva en diciembre pasado, confesó, siquiera tácitamente, la posesión de Israel de armamento atómico, ¿cree usted que esto fue un descuido o responde a las reiteradas amenazas de Ahmadineyad contra Israel?

— Sugiero que ninguna de las dos. Olmert simplemente sostuvo que no son igualmente peligrosas las armas nucleares en manos de dictaduras de iluminados como la iraní, que las que estén en manos de democracias. Entre éstas incluyó a Israel, pero me parece que su intención fue mostrar que nuestro país no tiene objetivos de agresión contra ningún otro, y no que almacenemos armas nucleares. Tengo la impresión de que se infló demasiado la trascendencia de sus palabras.

En cuanto a cómo debe actuar el gobierno, no cabe duda de que no podemos esperar a que Irán posea armas nucleares cuando sus amenazas contra Israel son bien concretas.

—«Neturei Karta» fue un tema candente después de lo publicado por el diario Maariv sobre el «jerem» contra uno de ellos en Manchester. ¿Cuál es su juicio al respecto?

— Se trata de un grupúsculo marginal e irrepresentativo de judíos de concepción medieval. Si ayer Arafat y hoy los ayatolás no los hubieran financiado y difundido, sabríamos de ello tanto como de los promotores de que la Tierra es plana. No creo que merezcan ni un artículo en un diario. El problema es Ahmedineyad; no esta gentuza, que son un mero peón en sus manos.

—Vayamos de Irán a Hizbolá, lo que no es muy difícil, de los ayatolás al «partido de Dios» (valga el contrasentido teológico), ¿cómo cree que ha actuado su gobierno desde la captura de los soldados, Eldad Réguev y Ehud Goldwaser, que aún, por cierto, siguen en manos, si es que permanecen con vida, del grupo islamista?. Muchos, incluso dentro de su propio país, tratan a la actuación de Israel como «desproporcionada», ¿qué opina al respecto?

— Desproporcionado es lo que con una menor potencia habría logrado sus objetivos. Obviamente éste no es el caso, porque nuestros soldados siguen secuestrados. Se me ocurre que el hipotético secuestro de españoles en territorio español por parte de un grupo marroquí armado y protegido por el gobierno de Rabat sería casus belli.

De todos modos, para la última guerra en el Líbano el secuestro y asesinato de soldados fue el detonante; no la causa. La causa de la guerra fue el constante ataque con misiles del Hizbolá contra las poblaciones civiles de la Galilea israelí. Sé que en TVE nunca se enteraron, pero a los israelíes nos disgusta vivir bajo los misiles constantemente. Ahora que el Hizbolá ha sido debilitado y la ONU y el gobierno libanés se han hecho cargo del Sur del país, se ven algunos logros de la guerra: la población israelí no es objeto constante de misiles.

—Pasemos ahora al otro asunto candente, ¿qué conviene más a Israel, según su opinión, un «gobierno de unidad nacional estable», cesando el conflicto entre Hamás y Al Fatah, o el total colapso de las dos facciones palestinas? En cualquier caso, ¿ve posibilidades de conciliación entre Al Fatah y Hamás?

— Al gobierno y al pueblo israelí les conviene que entre los palestinos surja una democracia estable. Eso impulsará la paz y el progreso, ya que entre democracias nunca hay guerras. Con Hamás en el poder la democracia es imposible; con Al Fatah, es muy difícil. Ninguna opción es particularmente alentadora de por sí. Pero no debemos perder las esperanzas en que el pueblo palestino madurará y de una vez por todas se dedicará a construir lo propio en lugar de destruir lo ajeno, que es la estrategia que hasta ahora le han impuesto sus líderes.

—¿Qué opinión le merece el «plan de paz» recientemente planteado por Tzipi Livni (Ministra de Exteriores israelí)?

— La creación de un Estado palestino con fronteras temporarias no es mala, pero el problema es que a veces los líderes israelíes hablan o actúan como si del otro lado hubiera un socio para la paz. Después nos frustramos cuando los «planes de paz» terminan estrellándose contra una ubicua pared: nuestros pacíficos vecinos anhelan borrarnos del mapa.

—¿Qué le parece la excarcelación de Tali Fahima?, ¿cree que la justicia israelí es benevolente en exceso?. Le diré una cosa, el diario español de izquierda socialdemócrata El País, planteó el asunto prácticamente como una historia de amor que Israel castigó, casi al modo de «capuletos y montescos»...

— No ha de sorprendernos que El País no se pierda ocasión de demonizar a Israel una y otra vez. Nunca admite la agresión contra el Estado hebreo, y por ello toda autodefensa de éste es siempre presentada como un acto de agresión. Más aún: la mera existencia de Israel es habitualmente para la prensa española una agresión, sin importar lo que hagamos o dejemos de hacer.

No creo que hubieran sido tan románticos si se hubiera tratado de una española que tradujera para Al Qaeda documentos secretos al árabe. Supongo que en ningún lugar del informe periodístico se narró que durante el juicio contra la Fahima ésta gritaba en árabe «muerte a los judíos».

En efecto, la justicia israelí fue inapropiada al reducir la pena a una convicta que en ningún momento se arrepintió de sus acciones.

—¿Cómo valoraría al ejecutivo de Olmert pasado un año en el gobierno, y qué diferencias percibe en relación al ejecutivo de Sharon?

— No veo grandes diferencias, amén de que Sharón tenía más credenciales de estadista. Mi opinión es negativa, principalmente porque Kadima ha nacido como un partido de políticos ávidos de poder y no de alcanzar objetivos nacionales. Lo que hasta ese momento era considerado el vicio de algunos políticos menores, se transformó súbitamente en un partido gobernante.

De todos modos, el odio de nuestros enemigos es tan omnipresente que termina por desdibujar las diferencias entre los partidos israelíes. Estamos todos empeñados en defendernos de quienes nos quieren hacer desaparecer.

—Ya para finalizar, El Revolucionario quisiera conocer cuál es su diagnóstico sobre el idioma español en Israel y qué futuro le pronostica.

— Me alegra mucho del aumento en el interés por el español que se registró en los últimos años. Resulta difícil pronosticar, pero teniendo en cuenta la suprema importancia del español, no llamaría la atención si dicho interés continuara en ascenso.

—Profesor Perednik, muchísimas gracias.

— Shalom a vuestro periódico.


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