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Crece la inconformidad social

Semana de intensas protestas en Colombia

Huelgas y paros en varios sectores productivos

Lunes 20 de octubre de 2008, por ER. Cali

Hoy comienzan siete días de alta tensión en el país con un gobierno puesto en tela de juicio por parte de un gran número de ciudadanos

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Uribe rodeado de militares
La capa basal del cuerpo de la sociedad política colombiana garantizaría a Uribe la eutaxia de su Gobierno

El número de paros laborales y de huelgas en Colombia se ha ido acrecentando en las últimas semanas, y es de esperar que en esta semana entrante aumenten de manera considerable. Por ejemplo, la Registraduría Nacional se encuentra en paro laboral por petición de mejoras salariales, en espera de consultas internas por parte de varios partidos políticos para el domingo que viene. Al mismo tiempo, 3.000 obreros de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales continúan en paro laboral que, si la cosa empeora, se extendería a un total de 8.500 empleados de la Dirección repartidos por toda Colombia. Todo depende de si llegan a algún tipo de acuerdo con el Ejecutivo.

A todo esto hay que unir una lucha llena de vaivenes: la de los grupos indigenistas en varios departamentos del país, que piden la entrega de tierras y el respeto a sus «derechos ancestrales». Es un peligro ciertamente, como ya hemos dicho muchas veces en El Revolucionario, que los grupos de izquierdas apoyen demandas indigenistas más propias del Antiguo Régimen que del socialismo racionalista y materialista que nosotros proponemos. La idea del respeto de derechos a los indígenas por el mero hecho de ser indígenas supone romper con la igualdad ante la Ley de todos los colombianos y, bajo el pretexto de los derechos, dar privilegios a un grupo de colombianos en base a la etnia, la lengua o la religión. Estos privilegios son propios de la derecha, por mucho socialismo que se invoque (el socialismo puede ser derechista, como demostraron Maura en España, Perón en Argentina o, en un plano más radical de derecha no alineada, Musollini en Italia, Hitler en Alemania o Pol Pot en Camboya). Además, dar tierras a los indígenas por el mero hecho de serlo les convierte en un importante grupo de poder que impediría al Estado, sea éste el que sea, explotar en caso de necesidad una tierra que, por fuerza militar y jurídica —política— le pertenece. Así, crea una élite de pequeños y medianos propietarios terratenientes que, en vez de explotar su tierra para el beneficio de toda la nación política, la convierten en tierra estacionaria, sin siquiera inversión de revalorización para pagar trabajo futuro. Esto tiene sus ventajas, desaparece la posibilidad de especulación de la tierra. Pero también tiene sus inconvenientes, los indígenas o sus —en muchos casos autodenominados— «legítimos representantes» se convierten en nuevos kulaks del siglo XXI.

Lo cierto es que el enfrentamiento con los indigenistas provocaron varios heridos e incluso tres muertes, todo después del bloqueo de carreteras. Al mismo tiempo, en Valle del Cauca, los cortadores de caña han paralizado la producción azucarera en varios centros de trabajo. Ya se ha anunciado un paro a nivel nacional para el jueves 23, con varias concentraciones y marchas en las principales ciudades. A esta marcha se sumarán todos los obreros antes citados, además de varios docentes, al igual que sus correligionarios en Argentina.


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