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Evo cede ante los disturbios callejeros de la oposición

Morales acepta cambiar la Constitución para acabar con la violencia en Bolivia

El presidente indigenista boliviano acepta revisar con la oposición la Constitución recientemente aprobada

Domingo 14 de septiembre de 2008, por ER. Cochabamba

16 muertos han dejado en Bolivia los últimos enfrentamientos armados entre opositores al Gobierno de Evo (oposición que va desde el fascismo y el separatismo hasta algunos grupos de izquierdas contrarios al proyecto indigenista de MAS) y partidarios del duo Morales/García Linera en el poder. Morales ha dicho que no extenderá el estado de sitio a otras regiones de la nación si cesan los enfrentamientos. Ante la grave situación del país, la presidenta de turno de UNASUR convocará una reunión de urgencia para estudiar las posibles repercusiones para la organización en particular e Iberoamérica en general

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Violencia en Bolivia
Dos proyectos irracionalistas y reaccionarios enfrentados: indigenismo reaccionario frente a separatismo filofascista

Los 16 muertos han sido todos en la región de Pando, al norte de la nación. Este viernes se decretó el Estado de sitio en la región.

Debido a la gravedad de la situación (se acrecenta el temor entre los bolivianos de una Guerra Civil balcanizadora similar a la que ocurrió la década pasada en la antigua Yugoslavia en Europa), el presidente Evo Morales se ha visto obligado a afirmar ante la prensa su disposición de revisión de la, todavía no aplicada, nueva Constitución boliviana con la oposición. La militancia de base del Movimiento Al Socialismo, coalición política en el Gobierno, han autorizado al presidente y a García Linera —vicepresidente y, para muchos, verdadero ideólogo del experimento indigenista postmoderno de Bolivia— la revisión de la parte que en la Constitución se dedica al tema autonómico. Esto es así porque la unidad de la nación política boliviana está en peligro. En esta búsqueda de la paz antes de la tormenta ha coincidido el líder separatista, gobernador de Tarija, Mario Cossío.

El presidente Morales no ampliará el estado de sitio a más regiones del país aparte de Pando, a pesar de que la violencia y los actos vandálicos y de terrorismo procedimental (contra sujetos operatorios y contra edificios administrativos estatales y varias infraestructuras energéticas) se reproducen por todo el país.

El ascenso sin control de la violencia en Bolivia tiene repercusiones internacionales, debido a la dialéctica de Estados. De hecho, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, ha expulsado de su país al embajador de los Estados Unidos de Norteamérica, a los que acusa de estar detrás del intento de balcanización de Bolivia. Pidió a los estadounidenses que respetasen la legitimidad del Gobierno boliviano, a la vez que les llamó «yankis de mierda» en un discursto ante centenares de miembros del PSUV en formación. En respuesta, Estados Unidos ha expulsado al embajador venezolano en Washington. También en Chile, como nación política que preside provisionalmente la, también en gestación, organización UNASUR, la preocupación es máxima, no sólo por ser país fronterizo con Bolivia. La presidenta Michél Bachelet convocará una reunión de urgencia de todos los países miembros de UNASUR para analizar la situación boliviana. Reunión que se empezará a preparar mañana lunes, pero a la que Morales no ha confirmado su asistencia.

Y es que el terremoto político en pleno centro de Suramérica puede tener consecuencias imprevistas para los políticos de la izquierda oficial iberoamericana en el poder.


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