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Se demuestra una vez más que, por regla general, quien convoca un referendum lo gana

Evo Morales gana su referendum en Bolivia

Aún así, los "autonomistas" afianzan su posición de poder

Sábado 23 de agosto de 2008, por ER. Cochabamba

Bajo un manto insidioso del Pensamiento Alicia (esto es, un pensamiento que no ve dificultades en las metas a conseguir y que incluso confía en exceso en el porvenir, siempre positivo para sus propósitos) el Presidente Evo Morales llama a la oligarquía separatista a compartir agenda con el Gobierno, si bien en realidad no las tiene todas consigo

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Evo ganó el referendum
Con Evo de Presidente, la unidad de Bolivia se asemeja cada vez más a una gran mesa rota chapuceramente sostenida

El referéndum boliviano (sobre el cual El Revolucionario informa con retraso debido a los problemas de acceso a información del corresponsal que les escribe) celebrado este pasado 11 de agosto ha mostrado que los resultados finales eran un secreto a voces antes incluso de que se realizara la votación. Tanto Evo como el «presidente oculto» de Bolivia, el socialdemócrata indigenista Álvaro García Linera, han ganado, al igual que los opositores «autonomistas», que han reafirmado su poder gracias a los sufragios emitidos. El combo Morales / Linera obtuvo el 63,1% de los sufragios emitidos. Sin embargo, en sus respectivas prefecturas, los gobernantes rebeldes separatistas han obtenido porcentajes similares de apoyo en votos: en Santa Cruz, Rubén Costa recibió el 66,6% de los votos; en Tarija, Mario Cossío obtuvo el 64,5%; en Beni, Ernesto Suárez el 61,2% y en Pando, Leopoldo Fernández ganó con un 56,3% del sufragio favorable a su candidatura.

El reparto de poder queda como estaba antes de la convocatoria de Morales, la cual no ha solucionado nada, salvo afianzar a todos en sus respectivos puestos de poder político. Aunque los prefectos indigenistas leales a Evo también vieron reforzada su posición (en Potosí, Mario Virreira ganó con un aplastante 75,9% del sufragio). Mientras que otros fueron revocados: en el lado opositor al Gobierno fueron destituídos Manfredo Reyes Villa, gobernador de Cochabamba (desde donde les escribo), consiguiendo un pobre 39,3% del sufragio; y José Luis Paredes de La Paz, que obtuvo un 42,3% de votos favorables para sí. Por la parte indigenista seguidora de Evo también se dio la derrota—destitución del gobernador de Oruro, Alberto Aguilar, el cual obtuvo un 45,6% de los votos emitidos en su prefectura.

Todos los ganadores han doblado el número de votos que recibieron en su primera elección en el año 2005, tanto los indigenistas como los separatistas. El referendum muestra un mapa inquietante en el que «dos Bolivias», o mejor dicho, la Bolivia indigenista aunque unitaria y la parte más rica de la nación que, de manera oportunista, se quiere segregar, sumen a la nación hispánica en un incierto porvenir, en el que los fantasmas de una posible balcanización del país sobrevuelan sin cesar las cabezas tanto de partidarios como de opositores a Evo.

Se trata, si se nos permite decirlo así, de un enfrentamiento entre el Altiplano (indigenista y pobre) y el Oriente (separatista—autonomista y rico), y unos Valles totalmente divididos entre unos y otros.

Morales, henchido en su poco sorprendente victoria, ha llamado a la oligarquía oriental a la unidad nacional, al consenso de la nueva constitución boliviana (votada, recordemos, en un cuartel militar y sin presencia alguna de esa misma oposición a la que ahora Morales, por lo que de sus declaraciones se desprenden, tanto necesita). Un consenso suicida imposible, ya que se trata de una Constitución indigenista, muy propia de los tiempos que corren en Iberoamérica, en los que la herencia grecolatina que los españoles trajeron con el Imperio pretende borrarse mediante la imposición ideológica del indigenismo precolombino más reaccionario, por muy demócrata y socialista (genérico) que se presente. Y es que una sociedad socialista en la que todavía pervivan los mitos irracionales e irracionalistas, según nuestro criterio, puede ser portadora de su propia autodestrucción, más si desde el poder de esa misma sociedad política socialista (ese Estado) se fomentan esos mitos basándose en mitos y sed de recuperación de los «derechos perdidos durante 500 años». Además, si terceros Estados promueven ese tipo de política (como, por una parte, la República Bolivariana de Venezuela con su presidente Hugo Chávez al frente, interesado en la unión política de Iberoamérica, pero también inmerso en el indigenismo y la izquierda indefinida fundamentalista; y por otra, los Estados Unidos de Norteamérica, interesados en promover el indigenismo para, asegurándose la desunión y la ignorancia supersiticiosa como adalides culturales de la Hispanidad, tener presencia casi perenne en su patio trasero para conseguir mano de obra barata y tener mayores facilidades a la hora de negociar la implantación de sus empresas y de su modo de vida en el continente) sobre Bolivia, un tercero que no puede competir con aquellos, Evo Morales no dejará nunca de ser un títere del que mejor sepa manejarlo, al igual que son títeres, a su modo, los separatistas orientales. Morales expresaba sus deseos de unidad así:

Estamos convencidos de que es importante unir a los bolivianos, y la participación del pueblo con su voto es para unir a los distintos sectores del campo y la ciudad, del oriente y del occidente, y esa unidad se hará juntando la nueva Constitución Política del Estado boliviano con los Estatutos autonómicos. Es la mejor forma de unir a todos los bolivianos y bolivianas, dijo al llamar a los prefectos para consolidar ese objetivo, aunque si. El mandato del pueblo boliviano será respetado y aplicado en todo el país, para que Bolivia cambie, Bolivia tenga igualdad, Bolivia tenga dignidad.

Sin embargo, y reforzados por los resultados, la oligarquía separatista no cederá ni un ápice; y es que la pedida de consenso de Morales, a pesar de su victoria, no deja de entrever la debilidad manifiesta de su propio Gobierno ante los embates separatistas, apoyados además por los propios errores de Morales en su gestión y de su política reaccionaria indigenista. Rubén Costas, prefecto de Santa Cruz, y opositor al Gobierno de Morales / Linera, dijo tras conocer la petición de unidad de Evo:

Este Gobierno insensible, totalitario, masista, incapaz, le niega el desarrollo al pueblo y sólo busca concentrar el poder y convertirnos en mendigo de él. Sigue siendo un pretexto de la dictadura masista el atender a los ancianos con el IDH, la verdadera intención es destruir la autonomía departamental. Estamos impulsando la creación de la agencia tributaria departamental para contar con una entidad que defienda nuestros recursos de forma eficiente y transparente, que permitirá la ejecución de un fondo solidario de apoyo a otros departamentos.

Hay que decir que la ilegal e inconstitucional Asamblea Legislativa cruceña comenzará a dictar leyes regionales por encima de las nacionales, a conformar su propia Policía y establecer mecanismos de recaudación de recursos que violan las leyes de la República.

Ante estas declaraciones, el Vicepresidente de Descentralización (esto es, la parte del Ejecutivo de Morales dedicada, de facto, a dinamitar, bajo la falsa idea de una mayor democratización de Bolivia, la unidad nacional boliviana), Fabián Yaksic, calificó las palabras de Costas como «excesos verbales», y añadió:

Yo lamento, la verdad, este tipo de discursos que contrasta con lo que ha planteado hoy el Presidente.

La pretensión indigenista es la de reforzar ese experimento llamado «capitalismo andino», mediante la unidad con la oligarquía oriental y los «cien clanes». Un capitalismo andino que está llevando a Bolivia a un suicidio nacional, mediante la cada vez más carcomida conciencia nacional gracias tanto a los autonomistas—separatistas orientales como a los indigenistas, ya que ambos bandos en realidad luchan por lo mismo, sus intereses, y ambos en realidad luchan contra lo mismo: Bolivia.

La oligarquía quiere echar a Evo del poder, el sector más radical del sector indigenista quiere aplicar ya la «agenda de la insurrección de octubre» que permitiría la nacionalización del gas, las minas y el petróleo. Y el combo Evo / Linera busca permanecer en el poder, aplicar la distopía indigenista con mayor seguridad y salir reelegidos en las próximas elecciones bolivianas del 2010.


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