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El gasoducto Yamal-Europa, que atraviesa Bielorrusia, permanecerá funcionando a pleno rendimiento

Rusia garantiza a largo plazo el suministro de gas natural para la Unión Europea y Bielorrusia

Rusia y Bielorrusia llegaron a un acuerdo sobre el precio, minutos antes de que Moscú fuera a cortar el suministro de gas

Lunes 1ro de enero de 2007, por ER. Moscú

El contrato del suministro de gas ruso a Bielorrusia venció ayer, 31 de diciembre de 2006, anunciándose a medianoche el acuerdo: Bielorrusia se pliega y debe aceptar el precio impuesto por Rusia

Gasoducto en Bielorrusia

El problema del gas en su contexto

El gas natural supone prácticamente la cuarta parte del consumo total de energía en el mundo, una cifra similar a la del carbón, sólo superada por la de petróleo. El nivel de consumo de otras fuentes primarias de energía (hidraúlica y nuclear), se encuentra muy lejos del consumo de gas.

Los mayores yacimientos de gas natural en el mundo se encuentran en Oriente Medio, con el 40% y en el antiguo Imperio Soviético, con el 35%, suponiendo la suma de ambos aproximadamente las tres cuartas partes de las reservas mundiales de gas natural. La Unión Europea no posee en su territorio los recursos naturales necesarios para cubrir sus necesidades energéticas.

Por tanto, las naciones de Europa, dependen de la importación de combustibles fósiles (comercio externo) y de adoptar una serie de acuerdos con socios estratégicos, léase Rusia (diplomacia), el principal abastecedor de gas natural a éstas naciones, salvo excepciones (en España, por ejemplo todo el gas viene por la ruta Libia-Argelia, los tentáculos rusos se detienen en Francia, hasta en esto Spain is different), y así, asegurar sus requerimientos energéticos.

Además, todo el sistema de gasoductos que abastecen a la mayoría de naciones que componen la Unión Europea transitan desde Rusia y Asia central hacia Europa occidental a través de naciones europeas del antiguo bloque soviético, como Ucrania o Bielorrusia.

Ruta del gas ruso

El problema del gas en el año 2006

El año 2006 puede ser calificado sin exageración como el año del gas y la energía para el área geográfica euroasiática. Comenzaba enero con la crisis entre Rusia y Ucrania, una crisis sin precedentes que hizo saltar todas las alarmas en el Consejo de Europa. En palabras del Eurodiputado socialista polaco Marec Siwiec: «por primera vez en la historia, los suministros de gas se han interrumpido en muchos países de la UE. Estos acontecimientos no tienen precedentes. Esta situación es un aviso para los Estados miembros de la UE».

Desde el punto de vista materialista, esta inestabilidad puede y debe explicarse, como uno, entre otros, de los nuevos problemas políticos determinados por el derrumbamiento de ese curioso experimento generador llamado Unión Soviética. Durante el periodo soviético, la producción y circulación del gas se encontraban en manos estatales. En esos momentos, los Estados producen y distribuyen el gas, unos a través de otros, sin obstáculos y con condiciones muy favorables para unos y otros. En el periodo actual, una vez fragmentado el Imperio, sólo Rusia sobrevive como gran potencia. Las demás repúblicas que lograron la independencia formal, siguen siendo dependientes en el terreno material, pero el exacerbado nacionalismo y la dialéctica de Estados realmente existente les obliga a jugar sus cartas de la mejor manera posible: Ucrania, como lugar de paso del gas, Turkmestán como productor del mismo, &c. Así, a pesar de las considerables ventajas económicas a la hora de comprar el gas que Rusia le da a Ucrania o a Bielorrusia con respecto a la Unión Europea, éstas no son suficientes y se tiende, por parte de los gobiernos de las naciones ex-soviéticas, a presionar a Rusia en este sentido, exigiendo gas más barato o incluso el control de los gasoductos. Y Rusia empieza a comportarse con ellos, a través de GASPROM, como con unos clientes más a los que se les exige que paguen el mismo precio que los otros, en lugar del antiguo trato en calidad de naciones aliadas.

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Sergei Sidorsky, Primer Ministro bielorruso, levanta la mano anoche en la rueda de prensa. Le acompaña Alexei Miller, Presidente ejecutivo de GASPROM

Este tipo de Guerra de Precios que vivieron Rusia y Ucrania a principios de 2006 y que terminaron solucionando (para solaz de la angustiada Europa), se repite, con las lógicas variaciones y matices, en el caso de la crisis entre Rusia y Bielorrusia de fin del año 2006. En el caso bielorruso, el contrato del suministro de gas ruso acabó ayer y las negociaciones para renovar no avanzaron ni un ápice durante un mes, en el sentido, sobre todo, de las pretensiones económicas de cada parte. En una rueda de prensa conjunta, al comenzar el primer día de enero de 2007, Alexei Miller, Presidente ejecutivo de GASPROM y Sergei Sidorsky, Primer Ministro bielorruso, anunciaban el acuerdo por el cual Bielorrusia pagará 100 dólares por cada mil metros cúbicos de gas, en lugar de los 46 que estaba pagando hasta ahora. Es decir, no es que Rusia "suba el precio" como señala la prensa en general, sino que al fin "empieza a cobrar".

Sin embargo, en la actual crisis, Rusia había garantizado que el suministro de gas a Europa no peligrara en ningún caso. El gasoducto Yamal-Europa, que atraviesa Bielorrusia, iba a permanecer funcionando a pleno rendimiento, antes del acuerdo e inclusive, Ucrania contempla aumentar los envíos de gas ruso a Europa ante la previsible reducción de producción de gas Turkmeno debido al reciente fallecimiento de su presidente Saparmurat Niyazov, como ha confirmado Vladimir Putin en su viaje a Ucrania de finales de diciembre.

A pesar de todo, estas crisis generan inquietud en el seno de la Unión Europea, porque muestran, como señalábamos anteriormente, su dependencia de Rusia y su fragilidad general, provocando que los europeos se apresuren a proponer alternativas y planes de emergencia inmediatamente. Europa no se siente cómoda tratando con GASPROM, la empresa de corte monopolístico, heredera de la URSS, que forma parte de la estrategia energética rusa a largo plazo. Prefiere diversificar con pequeñas empresas y con diferentes fuentes de energía: la energía nuclear se presenta como la gran alternativa que ya ha comenzado a barajarse en el Plan de Escandinavia, Francia y Alemania para la Independencia Energética de Rusia, llamado eufemísticamente Política Energética Común de Europa por sus promotores.


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