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Informe 2006 de la Agencia Judía sobre la emigración a Israel

Veintiunmil judíos retornan a Israel en 2006

«Les deseo una exitosa absorción», así termina la bienvenida del Ministerio israelí de Inmigración y Absorción que regula y promueve la Aliá

Viernes 29 de diciembre de 2006, por ER. Tel-Aviv

Según las estadísticas, en 2006 sólo se ha registrado un repunte considerable en la llegada de emigrantes (olim) de países occidentales, en particular desde Inglaterra y América del Norte; y se aprecia una leve bajada respecto de las cifras del año anterior

Israel tiene desde su fundación en 1948 una política de puertas abiertas para las personas «de origen judío» que residen en cualquier parte del mundo, y basta con tener un solo abuelo de ese origen para acogerse a la llamada «Ley del retorno».

Esta ley ofrece ayudas estatales para manutención y vivienda durante los primeros tres años de residencia, así como exención de altos porcentajes en el pago de impuestos nacionales y locales.

Ahora bien, si analizamos el proceso desde 1989, los «retornos» a Israel se estabilizan en las cifras anteriores a la caída del Muro y la descomposición de la URSS, circunstancia esta que provocó que las cifras de entrada de emigrantes en Israel aumentase extraordinariamente con los «judíos» procedentes de las ex-repúblicas soviéticas desde 1990. En este sentido, con unas cifras de crecimiento vegetativo de un 1’18, frente a casi el cuádruple de crecimiento para Gaza y Cisjordania, Israel tiene perdida la batalla demográfica.

El «Retorno»

La aliá (עליה, «ascenso») es un concepto teológico (opuesto a yeridá, ירידה, «descenso», diáspora) , que justifica la controvertida «Ley de Retorno», y que sólo está dirigida a los extranjeros (no israelíes) judíos (de origen judío o convertidos al judaísmo). Precisamente aquel extranjero que sea o se convierta al judaísmo ya puede acogerse a esta ley llegando, si realiza la Aliá, a Israel como «inmigrante», no como emigrante, puesto que automáticamente es reconocido como ciudadano israelí («absorción»).

El concepto de aliá a la tierra de Israel es central en la religión judía, y constituye la base fundamental del sionismo. La Ley del Retorno de 1950, que pretende garantizar a cualquier judío del mundo su derecho a «inmigrar» a Israel, establecerse allí, y obtener casi sin trabas la ciudadanía israelí, se basa en dicha idea. Quien realiza la aliá es llamado olé (masculino) u olá (femenino); plural olim u olot, respectivamente. No obstante, no fue hasta que acabó la Guerra árabe-israelí de 1948, o Guerra de la Independencia, que el Parlamento israelí aprobó el primer texto de la Ley del Retorno (5 de julio de 1950). Este primer borrador concedía trato de olé a todo judío que deseara establecerse en Israel. La posterior Ley de Ciudadanía (1 de abril de1952) otorgaba nacionalidad israelí a todos los olim.

La Ley del Retorno ha sufrido dos modificaciones en su historia; la primera de ellas, en 1954, de carácter técnico y la segunda de ellas, en 1970, para extenderla al cónyuge de un oleh y a sus hijos y nietos, junto a sus respectivos cónyuges. Esta segunda extensión de la ley, que permite la obtención de la ciudadanía a cualquier persona que hubiera sido perseguida bajo las Leyes de Núremberg de la Alemania nazi, pretendía facilitar la emigración de las familias cuyos miembros no fueran todos judíos, así como de descendientes de judíos.

Así, paradójicamente, la ley israelí sobre quién debe ser considerado judío, a efectos de poder acogerse a la Ley del retorno, fue definida de acuerdo con los parámetros que los nazis establecieron en 1935 en sus leyes raciales y por las cuales después, durante la Segunda Guerra Mundial, se enviaron a esas personas –judías o «de origen judío»– a los campos de exterminio. Y es que la Ley del Retorno no define qué se entiende por «judío», quedando en manos del Ministerio del Interior decidir cuándo la ley es aplicable o no –lo que ha motivado numerosos recursos al tribunal supremo.

La Ley del Retorno tiene su origen, pues, en el proceso de formación de Israel como Estado judío, según la resolución de Partición de Palestina aprobada por la ONU el 29 de noviembre de 1947.

Desde entonces, además de abrir la puerta a cualquier judío con vocación sionista, las autoridades ven en ella una fórmula para conservar la mayoría judía (80%) frente al incremento demográfico de la minoría árabe, que actualmente supone un 20% de la población israelí y está en constante crecimiento desde hace tres décadas. Hay que tener en cuenta que el 62% de la población judía israelí es población no nacida en Israel.

En cualquier caso, esta política de puertas abiertas es denunciada por algunas ONGs y por los palestinos como discriminatoria, pues no autoriza el regreso de «refugiados» que debieron dejar Israel durante las guerras de 1948 y 1967.

Pero Israel sostiene que estos refugiados, que representan uno de los principales problemas en la resolución del conflicto palestino-israelí y que ascienden a más de tres millones, deben radicarse en los territorios del futuro estado palestino, porque de lo contrario alterarían el balance demográfico de Israel como estado judío, además de que, y esto es esencial para la supervivencia de Israel, buena parte de ellos no reconocen al Estado hebreo.

La Ley de Retorno, de este modo, por muy oscurantista que sea su justificación, representa un hito fundamental desde el punto de vista del mantenimiento, de la eutaxia, del Estado de Israel.

El Retorno en 2006

La mayoría de los judíos que se acogen a la Ley del Retorno proceden de países que atraviesan crisis políticas o económicas, así como problemas de «anti-judaísmo».

Como ocurre desde 1990, los emigrantes de las ex repúblicas soviéticas han sido mayoría también en 2006, 7.300 en cómputo global, un 23 por ciento menos que en 2005.

Desde 1991, cuando la entonces URSS abrió sus puertas a la emigración, más de un millón de judíos se han radicado en Israel, generando un proceso de desarrollo económico sin parangón en la zona hasta el año 2000, cuando estalló la «Intifada de Al-Aqsa» (o segunda intifada).

Desde Estados Unidos y Canadá llegaron 3.200 personas, un 7 por ciento más que el año pasado

De Inglaterra emigraron 720 personas, una cifra relativamente baja en términos absolutos pero que, aún así, supone un récord en veintidós años; de Francia unos 2.900 según el informe, que es mucho en números absolutos, pero que representan unos 200 menos que en 2005.

Según el informe, de hispano América llegaron este año 1.450 inmigrantes, una cifra bastante inferior a la del último quinquenio –en los que Argentina estuvo sumida en una grave crisis económica–, y de Etiopía 3.600.

Por primera vez, la Agencia Judía también ha traído oficialmente a unos 220 miembros de una abandonada tribu en el este de la India, los llamados «Hijos de Menasé».

Esta tribu, cuya existencia se conoce desde hace varias décadas, no era reconocida hasta ahora como judía por las autoridades rabínicas israelíes, por lo que la Agencia se veía impedida a trasladarlos.

Un fallo rabínico del año pasado legalizó el origen judío de la tribu, que se remonta más de 2.500 años a los hijos del Menashé –hijo de José–, y sus miembros pueden acogerse ahora a la Ley del Retorno.

La comunidad de Beni Menashé cuenta con unos 8.000 miembros procedentes de las provincias de Manipur y Mizoram, en la frontera con Bangladesh, y un millar viven ya en Israel, donde comenzaron a llegar en 1996. Uno de los últimos grupos en llegar, el pasado mes de noviembre a Tel-Aviv, se convirtió al Judaísmo en el verano del 2005, con la ayuda de una delegación del rabino israeli sefardí Shlomo Amar.

El señor Amar, precisamente, ha presentado en noviembre una propuesta de reforma de la «Ley de Retorno» para endurecer sus condiciones: «Nosotros no queremos una situación en donde la Ley de Retorno y los derechos que garantiza sean usados indiscriminadamente», declaró recientemente en una entrevista en Radio Israel.

Si la propuesta del señor Amar es aprobada por el Parlamento israelí, entonces serían reconocidos automáticamente como ciudadanos israelíes solamente los nacidos de madre judía o los pertenecientes a familias judías ya protegidas por la Ley de Retorno.

No obstante, el despacho del Primer Ministro deniega tramitar la propuesta.


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