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Como los sondeos anunciaban

Sarkozy gana la primera vuelta de las presidenciales francesas

Seguido de la socialdemócrata, Segolene Royal

Miércoles 25 de abril de 2007, por ER. Bruselas

Faltan dos semanas para que el resultado del pasado domingo, en el que Sarkozy y Royal han vencido a los restantes diez candidatos a ocupar la presidencia francesa, se decante por alguno de los dos. Para ello será fundamental conseguir atraer a los votantes del centrista Bayrou que consiguió el tercer puesto de estas presidenciales, históricas por su alta participación con casi un 85 % del electorado.

Los resultados han sido los siguientes : Nicolás Sarkozy ha ganado esta primera vuelta gracias al apoyo de once millones de franceses, con algo más del 31% de votantes. Segolene Royal, en segundo lugar, con un 25,8% ; en tercer puesto, Bayrou, consiguiendo el triple de votos que hace cinco años, con un 18,5% ; y por último, Le Pen, el lider del Frente Nacional, con un 10,5%, que recula por primera vez en veinte años, aunque no haya que echar en saco roto que cuatro millones de franceses lo han votado.

Las segunda vuelta de las elecciones de las que saldrá un nuevo Presidente de la República de Francia tendrán lugar el próximo 6 de mayo. Y para esta nueva cita con las urnas los electores indecisos habrán de ser captados por los aspirantes que de nuevo están en campaña.

En estos días alguien ha recordado el dicho que reza que los franceses votan en la primera vuelta con el corazón y en la segunda con la cabeza, pero de este apotegma sólo podemos decir que arrastra un absurdo dualismo: corazón y cabeza –falta el vientre, según la tríada clásica-; y aún más dicotomías se han pronunciado a propósito de estas elecciones: izquierda y derecha; hombre y mujer... Con estos tópicos se columpian la mayor parte de los analistas para diferenciar el perfil de los dos candidatos, productos de la mercadotecnia política.

Pero tales dualismos no hacen justicia a lo que está sucediendo en Francia. En primer lugar, y para analizar el asunto que es formalmente político, porque estos dos candidatos no representan el enfrentamiento ente la izquierda y la derecha.

Por lo que toca a la izquierda, porque Segolene Royal no es «la» izquierda, concepto oscuro por unívoco, sino, mejor dicho, la representante de una generación de las izquierdas, la socialdemócrata. Y, por tanto, de acuerdo con sus principios, sería absurdo que fuera apoyada en esta segunda campaña por el resto de diferentes generaciones de izquierdas, puestas en una lista graduada desde la más centrista a la más extrema, como parece ser que está propiciando. Esta metáfora de la «izquierda graduada» que, con tal de llegar al poder, puede «moderarse» y seguir un programa de mínimos con el que cualquiera de las izquierdas estaría de acuerdo, es ridículo políticamente hablando. ¿Qué harían los comunistas y los trotskistas unidos a Segolene, sino servir de comparsas al capitalismo «con rostro amable», al margen de su rivalidad histórica a muerte?

Y por lo que toca a la derecha, entre los cuatro candidatos salientes no hay más derecha que Le Pen, y encima, ni siquiera formalmente política, puesto que su apelación a la raza, más que política, habría que decir que es mística nazi. Tan extravagante que no nos permite encuadrarlo en un sistema clásico referido a algún plan positivo para el Estado, institución que desde Platón sabe que todos los hombres son iguales operatoriamente hablando. No es de extrañar que puedan votarle los musulmanes, dado su antijudaísmo.

Pero es que Sarkozy es de izquierdas. De aquella segunda generación que, tras el glorioso año de 1789 que marcó el hito histórico del surgimiento de la nación francesa, se acoge al ideario del liberalismo español nacido en Cádiz. Su « discurso», como llaman ahora al programa propuesto por un candidato, precisamente en aquello por lo que se le tacha de «derechista», cumple al máximo los principios de la nación en sentido canónico: impulso a la instrucción pública ; desmarque del multiculturalismo que encierra las posturas más reaccionarias por cuanto se relativiza la condición de ciudadano a partir de cualesquiera instituciones culturales, por salvajes que sean ; ruptura del monopolio que la extrema derecha mantenía sobre el problema de la inmigración, aportando la perspectiva del racionalismo holizador...

¿Qué mejor representante para esta Francia republicana que un hijo de inmigrante húngaro, que ha demostrado que es posible ser un ciudadano francés cuando no está el islam de por medio, casado con la nieta de Albéniz, Cecilia, para más inri de la causa nacional, en este caso de la nación vecina y no siempre, por no decir nunca, amiga ?

Hay que saber, además, que las izquierdas, muchas y enfrentadas, y la derecha, hoy ya acabada, no tienen mucho que decir en estas elecciones. El Presidente, elegido por sufragio universal directo desde 1962, es el representante de la nación y sus instituciones, garante de la integridad del territorio y de la continuidad del Estado. Su posición está por encima de los partidos y puede dirigirse directamente al pueblo, mediante un referéndum, por ejemplo. O sea, todo ello producto de la izquierda prístina. Por otra parte, también es el jefe del Ejecutivo, quien da las grandes orientaciones políticas aplicadas por el Gobierno y por el primer ministro, a quien tradicionalmente elige dentro del partido mayoritario del Parlamento. Y aunque el presidente puede disolver la Asamblea Nacional, esta cámara no puede sacarle del poder, sólo censurar al gobierno, el cual controla la agenda parlamentaria.

De todas estas funciones será responsable, a juzgar por las recientes encuestas, Nicolas Sarkozy, y de mantenerse tales principios institucionales que nacieron con su Revolución, Francia difícilmente será gobernada por la derecha. Al menos si el Islam, religión que anega la posibilidad de una nación de ciudadanos libres, y que cuenta en Francia con cinco millones de adeptos, es vencido...


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