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Argel y Casablanca, escenarios de la barbarie

Al Qaeda vuelve a sembrar el terror

Utilizaron a niños discapacitados como «hombres bomba»

Sábado 14 de abril de 2007, por ER. Argel

Consciente de que los relativistas occidentales son incapaces de abrir los ojos ante la realidad del terror, Al Qaeda sigue firme en su estrategia terrorista. Casablanca, Argel, Bagdad, los nombres poco importan. Mientras, los «cafres», a lo más que llegarán es a ser cómplices objetivos del terror.

Al Qaeda volvió a azotar el norte de África con dos atentados terroristas en Argel, la capital de Argelia. El resultado fue de 23 personas muertas y 162 heridas.

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Argelia
A merced de Al Qaeda

La organización de Bin Laden confirmó que tres terroristas suicidas habían muerto como resultado de los atentados, jurando que no descansaría hasta liberar «la tierra del Islam desde Jerusalén hasta Al Ándalus», en clara muestra de los planes mundializadores del Islam.

No se ha confirmado que los atentados de Casablanca (Marruecos), que costaron la vida a cuatro terroristas y un policía, hayan sido producto de Al Qaeda, pero su extensión de brazos a costa de la adhesión de los salafistas hace sospechar que hayan sido las huestes de Bin Laden, quienes prometieron atacar objetivos de Estados Unidos, Argelia, Marruecos, Túnez y Francia.

Niños bomba

Pero lo peor estaba aún por llegar: se ha sabido que Al Qaeda ha utilizado a numerosos niños bomba para sus últimos atentados en Iraq. Niños discapacitados, reclutados entre huérfanos o bien secuestrados, fueron los que perpetraron un atentado el pasado 21 de marzo en el mercado de Adamiya, en Bagdad. Situados en la parte trasera de un vehículo, fueron conducidos por dos adultos al mercado, abandonando ambos el vehículo y el lugar mientras los niños explotaban segando numerosas vidas.

Semejantes actuaciones demuestran el irracionalismo de las doctrinas islamitas, que consideran el cuerpo individual como una nulidad. Al servicio del inexistente Alá, un islamita carece de condición personal y queda reducido al nivel de instrumento, de pura bestia.

La ONU, fiel a su formalismo, ha denunciado esta práctica terrorista, como si con semejantes denuncias, carentes de todo poder de actuación, pudiera hacerse algo para frenar la ola de atentados y no reflejaran, en el fondo, una complicidad objetiva con el terror.


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