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La popularidad de Michelle Bachelet se ha visto gravemente mermada por las deficiencias en el transporte público de la capital

Los problemas con el “Transantiago” precipitan una sustancial renovación del Gobierno chileno.

Con los nuevos nombramientos se rompe la paridad entre varones y mujeres prometida por Bachelet

Viernes 30 de marzo de 2007, por ER. Valparaíso

La presidente de Chile se ve obligada a sustituir a cuatro de sus ministros acuciada por las quejas y protestas motivadas por el mal funcionamiento del sistema de transporte “Transantiago”, uno de los proyectos estrella del gabinete de Bachelet para la capital en la que viven seis millones y medio de chilenos

El cambio ministerial ha sido precipitado por el nuevo sistema de transporte, llamado “Transantiago”, que se puso en marcha el pasado 9 de febrero (aunque el proyecto fue elaborado en la etapa anterior de Ricardo Lagos), y que no ha sido capaz de solventar los problemas de suministro de autobuses (gestionados por empresas privadas) y una planificación adecuada de las rutas, causando el caos en algunos recorridos con la consiguiente indignación de los usuarios (sobre todo en los distritos más pobres).

El Plan Transantiago nació con la promesa de mejorar la calidad de vida de los Santiaguinos, casi la mitad de la población del país, y de reducir la contaminación atmosférica de una de las urbes latinoamericanas con peores registros en la materia. Está inspirado en el exitoso Transmilenio de Bogotá. Consiste en una red de vías troncales por donde circulan autobuses articulados. A lo largo de estas avenidas principales existen numerosas estaciones de transbordo a las cuales llegan autobuses "alimentadores" procedentes de barrios periféricos. La red del metro es utilizada como recorrido "troncal".

La crispación por el mal funcionamiento del sistema se acrecentó por culpa de las deficiencias del nuevo sistema de cobro electrónico y la tímida huelga protagonizada por algunos conductores que exigían un incremento salarial que, al parecer, se les había prometido para esta nueva andadura. También se critica que todavía no estén disponibles los 5.100 autobuses estimados para su funcionamiento y que no se hayan construido todas las vías-corredores con separadores para uso exclusivo del transporte público.

Tampoco se ha habilitado el sistema informático de gestión de flota, que incluía la instalación de GPS en los autobuses. De ello se culpa al Administrador Financiero de Transantiago (AFT), un conglomerado de empresas encargado de recaudar y repartir los ingresos del sistema entre los operadores y de proveer la tecnología necesaria para su funcionamiento. En este sentido se ha llegado a decir que Manuel Navarrete, que recientemente ha renunciado a su cargo de gerente general de las dos principales empresas operadoras de autobuses -Gran Santiago y Metropolitana-, estaba boicoteando el sistema, al no sacar a la calle todos los vehículos comprometidos. Por esta razón, el gobierno ya ha multado a varios operadores.

Decenas de miles de personas, los más pobres que viven en la periferia, pasan menos horas con sus familias y duermen menos porque deben levantarse muy temprano para evitar llegar tarde al trabajo. Deben caminar alrededor de diez cuadras para coger un autobús que los acerque a otro y, con suerte, al Metro o a un tercer vehículo para llegar a sus destinos. Trayectos de 45 ó 60 minutos se han triplicado y los que tienen suerte de coger sólo el tren suburbano viven a diario la pesadilla de la aglomeración y el calor bochornoso que convierte los vagones en auténticas saunas.

La crisis ha tomado tal cariz que hasta el rostro publicitario del Transantiago, el ex futbolista del Real Madrid e ídolo nacional Iván Zamorano, dijo sentirse "engañado" por las autoridades que lo convocaron para promocionar el plan, pues la población lo responsabiliza también del fiasco.

Este episodio ha sometido a la presidente Michelle Bachelet a una intensa presión ejercida no sólo por la oposición política, sino también por la propia coalición oficialista, que veía cómo la popularidad de la mandataria bajaba en sólo tres semanas del 55 por ciento de aceptación a tan sólo el 45, el peor resultado desde que tomó posesión de la Jefatura del Estado el 11 de marzo de 2006, según una encuesta del diario La Tercera.

La presión ha desembocado este mismo martes en el sacrificio de varios ministros, algunos no relacionados directamente con el problema de la locomoción, pero cuya gestión estaba en entredicho por otras causas. Bachelet ha relevado a los ministros de Transportes, Defensa, Secretaría de la Presidencia y Justicia. Además, designó un ministro de Energía, separando esa área del Ministerio de Minería (posiblemente para enfrentarse mejor a la polémica sobre el desarrollo nuclear), y una ministra del Medioambiente, que estrena cartera.

La presidente ha puesto especial cuidado en mantener los equilibrios entre los cuatro partidos integrantes de la Concertación, la coalición que gobierna Chile desde 1990. De este modo, el democristiano René Cortázar reemplaza a Sergio Espejo, del mismo partido, en el Ministerio de Transportes y el socialista José Antonio Viera-Gallo a Paulina Veloso, también de ese grupo, en la Secretaría de la Presidencia. En Defensa, Vivianne Blanlot, del socialdemócrata Partido por la Democracia (PPD), fue sustituida por su correligionario José Goñi, hasta ahora embajador en México y el radical socialdemócrata Carlos Maldonado reemplazó a Isidro Solís, del mismo partido, en Justicia. Marcelo Tokman, del PPD, fue designado ministro de Energía y la socialista Ana Lya Uriarte en el nuevo Ministerio del Medioambiente. Hay que destacar que José Goñi, Carlos Maldonado y René Cortázar son hombres de confianza del anterior presidente, Ricardo Lagos, que parece tomar posiciones de cara a las elecciones presidenciales de 2009.

Estos cambios han acabado con la paridad entre hombres y mujeres en el equipo ministerial, que de una composición de diez hombres y diez mujeres pasa, con las dos nuevas carteras, a tener trece hombres y nueve mujeres. Con todo, la presidente chilena ha tratado de justificar esta enormidad, para las feministas, diciendo que se trata de una medida “circunstancial” (no sabemos si pasajera). Y es que el igualitarismo radical, con fundamento sexista, tiene estas peculiaridades a la hora de entender la selección de ministros y la justicia. Esperemos que los nuevos gestores, machos y hembras, sepan arreglar tanto desaguisado.


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