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Michelle Bachelet pasea su economicismo y su indefinición política por América

La presidente chilena difunde su humanismo (capitalista) en México

Considera que lo que une a Chile y México es su americanismo (antes que su hispanismo).

Jueves 22 de marzo de 2007, por ER. Valparaíso

La presidente de Chile, Michelle Bachelet, anda de viaje oficial por distintos países iberoamericanos para darse a conocer entre sus homólogos políticos y encauzar distintos proyectos económicos. Aunque la confusión sobre la realidad política y la ocultada dependencia respecto del, también americano, vecino useño del norte, parecen las notas más características de sus encuentros con dignatarios hispanos

Antes de llegar a México la mandataria chilena hizo escala en Guatemala. Al entrevistarse con su homólogo Oscar Berger se trataron asuntos de diversa índole político-económica. Bachelet anunció la disposición de su gobierno a cooperar con la reestructuración de los aparatos de seguridad de Guatemala. También se acordó concretar en los próximos tres meses un Tratado de Libre Comercio entre ambos países que tenga en cuenta las exportaciones chilenas de carne y la venta de azúcar por parte de Guatemala. Posteriormente participó en la sesión inaugural de la Asamblea Anual de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde recordó que en la región aún están pendientes de resolver varios problemas como la pobreza extrema y el desigual acceso a servicios de salud y educación.

En la apretada agenda de la presidente feminista no faltó una reunión con un grupo de mujeres guatemaltecas, a las cuales instó a continuar la lucha por sus derechos políticos y económicos, advirtiendo que sin paridad de género no hay democracia posible (no sabemos si, a partir de ahora, se intentará controlar la natalidad para que nazca el mismo número de machos y de hembras; y si, en caso de que se hagan homosexuales, se equilibrará su cantidad).

El lunes 19 llegó a México la mandataria socialdemócrata. Calderón y Bachelet se reunieron en la residencia presidencial de Los Pinos como parte de una visita de Estado de la gobernante chilena a México durante tres días. Los mandatarios suscribieron una declaración conjunta en la que, de entrada, reiteraron su compromiso por "fortalecer la cooperación para el desarrollo y la integración"de la región.

Una de las medidas acordadas fue la institucionalización de un Consejo de Acuerdo de Asociación Estratégica (AAE) que desarrolle la vigente relación entre los dos países. El AAE fue suscrito en enero del 2006 por los ex presidentes Vicente Fox (2000-2006) y Ricardo Lagos (2000-2004) y entró en vigor el 20 de diciembre pasado. El Consejo tiene por objetivo fortalecer las relaciones políticas, económicas y de cooperación entre las partes, que cuentan con un Tratado de Libre Comercio (TLC), desde 1998, entre otros convenios.

En este apartado, Calderón y Bachelet instruyeron a las autoridades del área económica mexicana y chilena a que «de inmediato retomen las negociaciones» para concretar el capítulo de servicios financieros del TLC y «obtengan en el más corto plazo posible resultados que favorezcan el ambiente de negocios». En 1990, el intercambio comercial era de 158 millones de dólares y en el 2006 alcanzó los 3.237 millones de dólares.

También determinaron la creación de un fondo conjunto de cooperación (con aportaciones de un millón de dólares por cada país) y fijaron un plazo de 30 días para que se definan tres proyectos que serán financiados a lo largo del 2007. Bachelet dijo que su país buscará contribuir al éxito del Plan Puebla Panamá, la iniciativa mexicana para impulsar el desarrollo económico y social en el sureste de México y los países de América Central, aunque no concretó cómo lo haría. Pero añadió que «Tenemos una vocación global y ambos países comprendemos que necesitamos la concertación regional para tener una voz regional en temas globales».

Calderón, por su parte, aseguró que su gobierno inicia con Chile una etapa de "estrecha cooperación" con América Latina. «Estoy convencido de que con esta visita Chile y México consolidan una relación que será ejemplo de lo que dos naciones hermanas pueden hacer por el desarrollo de sus pueblos y de nuestra América Latina», señaló el mandatario mexicano. Felipe Calderón reiteró, en un claro arranque de armonismo, la fuerte convicción latinoamericana de México, pese a su privilegiada posición de vecino de Estados Unidos, y de pertenecer al mismo tiempo a Norteamérica. El gobernante mexicano es partidario de tener “relaciones Constructivas” con todos los países de América Latina, “incluidos Cuba y Venezuela”, después de que en el mandato de Fox éstas se Deterioraran.

Estas palabras dieron pie al desfogue de la mandataria chilena, Como si estuviera inspirándose en la Alianza de Civilizaciones, patrocinada por Zapatero, Michelle Bachelet no vio problemas en un asociacionismo armonista e ilimitado en pos de un indeterminado (políticamente) desarrollo económico. Indicó que México y Chile deberían fomentar su "asociatividad" y sacar mayor partido de las decenas de tratados bilaterales que cuentan cada uno con otros países o regiones del mundo, como Estados Unidos y la Unión Europea (UE). «Tenemos un espacio bilateral para estrechar nuestras relaciones», pero «podemos y debemos acometer esta asociación desde una perspectiva regional y a la vez global», remató.

Tras el encuentro en Los Pinos, Bachelet ofreció un discurso en el Congreso mexicano en el que urgió a los legisladores a trabajar para consolidar la democracia y eliminar la pobreza en Latinoamérica. Posteriormente, en el salón de Cabildos del Antiguo Palacio del Ayuntamiento de la Ciudad de México, se celebró una ceremonia en la que el Alcalde de México D. F., Marcelo Ebrard, entregó a la presidente de Chile la Medalla y las Llaves de la Ciudad, así como el Pergamino con la declaratoria de Huésped Distinguido.

En su discurso el jefe de Gobierno capitalino no pudo dejar de ser “políticamente correcto”, y subrayó que a la Ciudad de México y a la nación suramericana las une una perspectiva humanista con la esperanza de un mundo igualitario democrático, con paz y justicia. Manifestó que ambos gobiernos (al parecer “progresistas”) tienen preocupaciones comunes, sobre todo en el terreno de la política social en la que comparten intereses y «nos reúne la voluntad de construir alternativas viables al horizonte del liberalismo conservador. Nos sentimos hermanos con Chile y queremos profundizar nuestras relaciones para el futuro». Como colofón de tanto humanismo indefinido resaltó que al igual que el país suramericano, se tiene «la esperanza de un mundo posible sin injusticia, sin intolerancia y sin autoritarismos, un mundo igualitario de democracia y justicia».

Por su parte, la mandataria chilena aseguró que México y Chile estarán siempre unidos como lo han estado en el pasado, a lo que añadió que «nuestra común herencia americana y democrática, así nos lo pide». Reconoció que esta ceremonia es una expresión más de los profundos lazos de fraternidad que unen al pueblo de Chile con el de México, en especial con el Distrito Federal.

Desde El Revolucionario nos preguntamos si, aparte del fundamentalismo democrático que tan bien queda en este tipo de ceremonias, la “herencia americana” de Chile y México va más allá de su común hispanidad, pues tal comunidad no puede hallarse en las múltiples y dispares naciones étnicas que había cuando llegaron los españoles, ni tampoco en una “americanidad” cuya definición y dirección pretende fijar el poderoso vecino estadounidense.

Un importante indicador de la actual dependencia político-económica de Iberoamérica respecto de los Estados Unidos tenía lugar ese mismo día. Como contrapunto a tanto discurso humanista, el jefe del gobierno capitalino había celebrado una reunión privada con Bill Gates, presidente de Microsoft, en la que se determinó la creación de la Comisión Ciudad de la Innovación y del Conocimiento, que pretende afianzar la colaboración tecnológica entre la empresa useña y México DF. El acuerdo tiene el objetivo de que la Microsoft apoye a la administración local para que la Ciudad de México se convierta en una entidad que utilice las tecnologías de la información en beneficio de sus ciudadanos y mejore su relación entre éstos y el Gobierno.

Bill Gates aceptó participar en la ceremonia como Testigo de Honor «al conocer la profundidad, el alcance de los trabajos a realizar y la neutralidad e independencia de criterios tecnológicos con que trabajará la misma».

Tanto Bachelet como Calderón debieran analizar las palabras del presidente de Microsoft para cuestionar su contenido y conseguir que en futuras reuniones sean empresas hispanas las que marquen la pauta del desarrollo americano. Con humanismos y fundamentalismos democráticos no creemos que alcancen una independencia efectiva respecto de su común vecino imperial.


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