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Mientras cada país busca su coartada

Los vuelos de la CIA: el hazmerreír de “Europa”

Las instituciones europeas airean los secretos de Estado

Miércoles 21 de febrero de 2007, por ER. Bruselas

El caso conocido como de los "vuelos de la CIA", en referencia a las detenciones secretas de sospechosos terroristas por parte de los servicios secretos estadounidenses y su posterior traslado a terceros países, donde supuestamente eran encarcelados y torturados, está significando el último trance del europeísmo para quedar en ridículo ante la implacable violencia del terrorismo yihadista.

Cómo se cuenta la historia

Un ciudadano español de origen sirio, Mustafá Setmarian, desapareció en Pakistán en octubre de 2005 a manos de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU.(CIA) y todavía sigue en paradero desconocido.

Un ciudadano alemán de origen turco, Murat Kurnaz, de 24 años, fue detenido por la policía paquistaní el 1 de diciembre de 2001 en Peshawar, cerca de la frontera de Afganistán, vendiéndolo a las fuerzas estadounidenses por 3000 dólares. De allí lo trasladaron a Kandahar, en Afganistán, donde lo interrogaron y maltrataron soldados alemanes de las fuerzas especiales. El viaje terminó en el campo de prisioneros de Guantánamo, donde pasó cinco años, hasta que la canciller Ángela Merkel intercedió por él ante George W. Bush.

El imán de la mezquita de Milán, Hasán Mustafá Osama Naser, más conocido como Abu Omar, fue capturado en plena calle. Fue drogado y llevado al aeropuerto de la base norteamericana de Aviano. Dos horas más tarde, un avión de la CIA aterrizaba en la base alemana de Rammstein, según las investigaciones de la fiscalía italiana. Abu Omar y sus secuestradores llegaron a la cárcel de El Cairo el 17 de febrero del 2003. Sólo hace unos días que las autoridades de Egipto le dejaron libre.

En torno a una decena de ciudadanos europeos han sufrido semejantes violaciones de sus derechos.

Cómo se debe contar

Mustafá Setmarian, conocido en los ambientes islamistas por Abú Musab Suri, no es sólo un español desaparecido; llegó nada menos que a formar parte de la shura o el directorio de Al Qaeda. Fue investigado por jueces españoles por su relación con la célula española de la organización de Bin Laden, el caso del 11-M y el atentado del restaurante El Descanso (Madrid, 1986, 18 muertos, cientos de heridos). Hasta ahora no se ha podido demostrar su implicación en estos procesos, lo que no quiere decir que no haya indicios de que sea así. Es natural que su mujer, Elena Salgado, quiera saber si está vivo o muerto, pero ella deberá comprender también que los intereses personales del señor Setmarian son menos importantes que los de los EE UU en proteger los secretos de Estado.

El llamado Talibán de Bremen, Murat Kurnaz, también dio motivos para ser observado, sobre todo después del 11 de septiembre, y tras averiguarse que alguno de los pilotos que lanzaron los aviones contra las Torres Gemelas vivían desde hacía años como ciudadanos ejemplares en la vecina Hamburgo. Este joven de familia turca fue transformándose, ante el espanto de su madre, en un barbudo religioso fundamentalista que frecuentaba la mezquita considerada más radical de Bremen y que tres semanas después de los atentados del World Trade Center partió hacia Pakistán para “formarse en el Corán”. La madre acusa al imán de la mezquita de haber lavado el cerebro a su hijo.

Este caso, más que a EE.UU., ha puesto contra las cuerdas al entonces gobierno alemán de Schröder, especialmente al hoy ministro de exteriores, Frank Walter Steinmeier. El que fuera responsable de los servicios secretos alemanes, y a quien Washington realizó en 2002 la oferta de entregar a Kurnaz tras haber estado retenido en la cárcel de Guantánamo, rechazó la repatriación del ciudadano alemán, permitiendo de nuevo su encarcelamiento. Razones no le faltaban para tal decisión, pero Steinmeier tendrá que comparecer por ello el próximo 8 de marzo ante la comisión del Parlamento Federal.

Por último, Abu Omar, actualmente en Alejandría, es un clérigo que había huído desde Egipto a Italia, país en el que recibió asilo político, por la persecución a la que estaba sometido al pertenecer a un grupo islamista radical.

Paradójicamente, al cabo de cuatro años, el imán milanés está libre, mientras que sus captores van a ser juzgados en el primer juicio penal por los “vuelos de la CIA” que está en curso en Italia. El jefe del Sismi (Servicios secretos militares italianos), general Nicolo Pollari, su ayudante Mancini y otros altos cargos, un suboficial de los Carabinieri que participó en el secuestro del islamista y 26 agentes de la CIA, todos ellos serán juzgados en rebeldía al no aceptar la autoridad del Tribunal de Milán. Con todo, el regreso a Milán de este “ciudadano” para testificar en el juicio implicaría su inmediata detención por supuesta cooperación con bandas terroristas: la Fiscalía de Milán le acusa de reclutar aspirantes al suicidio para enviarlos a Irak. Cuando fue secuestrado en febrero de 2003, Abu Omar ya era investigado por la policía italiana. Con la facilidad con que el doble rasero de estos individuos funciona para aceptar las leyes llamadas “occidentales” en su propio beneficio, ha manifestado que exigirá diez millones de euros de indemnización.

Si estos son los casos que han trascendido en los medios, es de imaginar el perfil de los otros tantos, en torno a la decena, que han sido víctimas de las detenciones secretas.

No obstante, hay que precisar que no es lo mismo denunciar a la CIA por hacer mal su trabajo, es decir, por capturar a ciudadanos juzgados como sospechosos por equivocación, que denunciarla por su misma existencia, en lo que parece una mala digestión de la Caída del Muro de la izquierda eurofundamentalista . El mismo antiguo jefe de la CIA en Europa, Tyler Drumheller, lo ha expresado con claridad: “Este tipo de acciones deben ejecutarse bien”.

Estos “inocentes” según la prensa antiamericana, aquella que habla de “Europa” como de un paraíso terrenal sometido al horror de los métodos policiacos de Estados Unidos, y cuya ciudadanía parece estar sobrecogida por las detenciones “ilegales” de la CIA, mucho más que por los atentados de las Torres Gemelas, o por el 11-M, o por el 7-J, o por las decapitaciones de los “cafres” grabadas en video, o por el desprecio a la vida que los terroristas tienen de sus propios correligionarios y de sí mismos, como demuestran los diarios atentados suicidas en Irak, etc., estos “inocentes”, decimos, son sospechosos de terrorismo, es decir, que se supone que a los servicios de inteligencia de sus países de residencia no se les ha escapado que realizan actividades que pueden poner en peligro la vida de las personas que viven en el supuesto paraíso europeo, si no la misma paz del jardín del Bienestar.

Lo que les inquieta a estos elevados europeos es el hecho mismo de ser “secreto” cuanto tiene que ver con los servicios de inteligencia, como si pudiera exigirse “luz y taquígrafos” para capturar a los terroristas; pero además los europarlamentarios sufren un eclipse tal de la prudencia, que les impide ver la realidad de que Europa carece de una política de defensa común y esta depende primordialmente de EE.UU. En cualquier caso, difícilmente pueden probarse los casos de tortura basándonos en los testimonios de enemigos declarados.

Fiat justitia, pereat mundus

Un informe elaborado por una comisión especial del Parlamento Europeo durante doce meses de trabajo – amén de dietas, viajes y euros de los contribuyentes del paraíso europeo- afirma que se realizaron 1245 escalas de vuelos sospechosos -¿de qué?- en Alemania, Reino Unido, Irlanda, Portugal, España, Grecia, Chipre e Italia.

En su versión final con varias enmiendas, el 14 de febrero se aprobó con 382 parlamentarios a favor, 256 en contra y 74 abstenciones. El texto, elaborado por Giovanni Fava, del Partido Socialista Europeo, condena “el hecho de que países europeos hayan reducido el control que ejercen en su espacio aéreo y sus aeropuertos, cerrando los ojos sobre vuelos explotados por la CIA y utilizados en muchos casos para el traslado ilegal de detenidos”.

Tras afirmar que "la tortura no sirve para nada en la lucha contra el terrorismo", Fava comentó que con este informe, el Parlamento Europeo demuestra su propia autonomía, que "no representa ni a gobiernos ni a partidos, sino a nosotros mismos". ¿Y quiénes son ellos, podríamos preguntarle?

Lo que ha sido silenciado por la prensa europeísta es el conflicto entre las mismas instituciones europeas: mientras que el "informe Fava" se aprobó en el Parlamento europeo, que es la asamblea de la UE de los Veintisiete, otras voces en nombre del Consejo de Europa, órgano completamente independiente que aglutina a cuarenta y ocho países, defendieron las competencias de cada país y no de la UE para controlar a sus servicios de inteligencia.

También Francia parece haber estado callada en todo este asunto. ¿Ocupada acaso con su campaña de las presidenciales? En modo alguno, nada menos que supervisando la negociación de la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas frente a la Desaparición Forzosa, que ha sido firmada en París el 6 de febrero, para, según se dijo, llenar un flagrante vacío de la legislación internacional en materia de derechos humanos. Parece improbable que sea una casualidad el que dicho documento, una forma grandilocuente de apresurarse a denunciar ante la ONU lo que hace la CIA en “Europa”, se emita precisamente ahora.

Por cierto que España, uno de los países acusados de colaboracionismo con los yanquis por el informe de la Eurocámara, ya se ha cubierto las espaldas ante los posibles ataques de la “conciencia europea” con sede en Estrasburgo: el diario progubernamental español El País informó el 18 de febrero de que el Ministerio de Defensa ha acordado con Estados Unidos "las normas reguladoras de la actuación en España del NCSI [Servicio de Investigación Criminal de la Navy] y de la OSI [Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea]", dos de las agencias de inteligencia del Pentágono”.


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