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Lesbianas iberoamericanas y de otras latitudes reclaman en Chile reconocimiento hacia sus proyectos

“Lo eterno femenino” como remedio contra las injusticias

“Las chicas con las chicas quieren vivir” y, si es posible, eliminando todo “lo masculino”.

Lunes 12 de febrero de 2007, por ER. Valparaíso

El movimiento lésbico y feminista reivindica en Chile la equiparación de las parejas entre mujeres con las heterosexuales, que serían propias de la "familia patriarcal". Más aún, pretenden que las injusticias de nuestro mundo se disolverían si se acabase con la, supuesta, dominación social de los hombres.

Del 8 al 11 de febrero se ha celebrado el VII Encuentro Lésbico Feminista Latinoamericano y del Caribe (ELFLAC) en el Centro Cultural San José de Santiago de Chile, al que se presentaron decenas de lesbianas y feministas de casi toda Iberoamérica, más alguna de nacionalidad española, australiana y estadounidense. Bajo el título Pensando autonomías desde una rebeldía cómplice el encuentro ha incluido ponencias, talleres, actividades lúdicas (“artísticas y culturales”), así como una manifestación por el centro de Santiago de Chile, que se realizó el viernes por la tarde.

Erika Montesinos, responsable de comunicación del evento, explicó en rueda de prensa las dificultades para celebrar estos Encuentros en Chile, después de 20 años intentándolo. Añadió que «realmente existe una apertura en Chile, pero que ésta conlleva consecuencias negativas, ya que con el aumento de la visibilidad ha aumentado también la persecución»”. Otra de las participantes, Claudia Acevedo, de Guatemala, subrayó que «soplan nuevos vientos en América Latina» y que, por esto, ellas están intentando «romper las fronteras del patriarcado y solucionar problemas que no sólo afectan a las lesbianas, sino a todas las mujeres». La peruana Norma Mogrovejo puntualizó que «aún así, la situación no está del todo resuelta porque, América Latina todavía no está libre de homofobia». Las participantes pusieron mucho énfasis en destacar su condición de feministas, además de lesbianas, y la guatemalteca Acevedo precisó que toman su sexualidad «para luchar contra el orden actual». La argentina Mariana Pessah intervino diciendo que se consideraba “lesbiana política”, y añadió que «las lesbianas feministas no son sólo mujeres que aman a otras mujeres, sino también personas subversivas con la heterosexualidad obligatoria que impera en la sociedad».

La directora de la revista Rompiendo el Silencio, Erika Montecinos, dijo por su parte que «no respaldamos el Pacto de Unión Civil (PUC) que el MOVILH impulsa con el aval del Gobierno. Las lesbianas no vamos a beneficiarnos con esa normativa, porque, por ejemplo, no está contemplado el asunto de la maternidad lésbica, lo que hace el PUC es reconocer fundamentalmente temas patrimoniales». Hay que tener en cuenta que el MOVILH (Movimiento de Integración y Liberación homosexual) lleva varios años presionando a los gobernantes chilenos para que se apruebe una ley, que se viene tramitando desde marzo de 2005, que no sólo modifique el Código Penal, sino que además introduzca cambios en otros ámbitos, como el educativo, de manera que impida la discriminación por razones de «raza o etnia, color, origen nacional, situación socioeconómica, zona geográfica, lugar de residencia, religión o creencia, idioma o lengua, ideología u opinión pública, sindicación o participación en asociaciones gremiales, sexo, género, orientación sexual, estado civil, edad, filiación, apariencia personal, estructura genética, o cualquier otra condición social». Tras esta retahíla de propiedades abstraídas para alcanzar la “igualdad” cabe preguntarse ¿en qué queda la persona concreta, que sólo se constituye a través de tales determinaciones, y especialmente las que tienen que ver con la relación de “dominación” (tal como expresa Gustavo Bueno en El Catoblepas 51, pág. 2).

Por su parte, Emma de Ramón, presidenta de la organización Las Otras Familias, que agrupa a cerca de 150 madres-lesbianas, también justifica su oposición al PUC señalando que éste sólo resuelve temas económicos, y también pidió legislar sobre la maternidad de las mujeres lesbianas y la custodia de sus hijos, tema que en su opinión debe contemplarse en una eventual regulación legal sobre el tema, ya que «en Chile una pareja de lesbianas o una mujer sola no puede inseminarse artificialmente». La presidenta del Movimiento Unificado de Minorías Sexuales (MUMS), Anatolia Hernández, afirmó que «los patrocinadores de ese proyecto se han convertido en una fuerza conservadora, funcional a la pobre y tibia agenda del Gobierno en materia de derechos civiles para personas y familias no heterosexuales. No queremos una caricatura de igualdad. Queremos ciudadanía plena». Y Angelina Marín, miembro chilena de la comisión organizadora del Encuentro remachó la perorata diciendo que «En ningún caso estamos pidiendo mayor tolerancia, sino la inclusión seria y efectiva de las minorías sexuales al Estado».

Radicalización de la perspectiva distributivista de la persona, aunque privilegiando “lo eterno femenino”.

Detrás de las declaraciones anteriores se esconde una radicalización de la perspectiva distributivista de la persona, aunque privilegiando “lo eterno femenino” frente a la masculinidad, que según algunos estaría presente tanto en los varones como en las mujeres, aunque en distintas proporciones.

Los movimientos homosexuales, y especialmente los lésbicos, pretenden diluir el matrimonio propio de sociedades políticas actuales (paradójicamente más el monógamo que el polígamo) institucionalizando a las parejas homosexuales en igualdad de condiciones con las heterosexuales. Para lograrlo parten de una interpretación muy cercana a la de los “bárbaros antiglobalizadores”, pero suponiendo que los varones (“lo eterno masculino”) serían los culpables de todo tipo de injusticias, opresiones y explotaciones, base de lo imperialismos capitalistas actuales. Las relaciones familiares “patriarcales” estarían en la base de todo tipo de injusticia, por lo que no sólo habría que romper con el predominio violento de los varones, sino conseguir que se impongan relaciones dialogantes, propias del lado femenino del ser humano (como si entre las mujeres, por muy femeninas que sean, no mediasen también relaciones de dominación y asimetría, aún dialogando). Detrás de esta búsqueda de igualitarismo radical (de esta negación de toda domimación) se vislumbra el deseo irracional de que predomine lo femenino sobre lo masculino.

Los movimientos feministas han llevado al límite la interpretación del origen del estado como resultado de la dialéctica entre explotadores y explotados, tomando la primera “división del trabajo” entre varones y hembras como germen de todas las sociedades constituidas, al parecer "injustamente", a través de la llamada "familia patriarcal”. El papel jugado por la clase explotadora en la perspectiva del marxismo vulgar (criticado por Gustavo Bueno, entre otros lugares, en Dialéctica de clases y dialéctica de estados) será desempeñado por “lo eterno masculino” en la visión feminista. Ahora bien, del mismo modo que la dialéctica entre clases sólo puede entenderse desde una previa dialéctica entre estados, tampoco cabría entender la oposición entre hombres y mujeres sin la mediación de la dialéctica entre distintas familias y “gentes”, que serán integradas por las sociedades políticas junto a nuevas relaciones sociales que desbordan el ámbito de la “familiaridad”.

Los movimientos feministas, lésbicos y de gays, en la medida en que privilegian una concepción distributivista de la persona, tampoco parecen poner mucha atención sobre las diferentes líneas sanguíneas dentro de las cuales están permitidas la relaciones sexuales y el matrimonio, con lo que parecen dejar la puerta abierta a la tolerancia del incesto. ¿Por qué no permitir que una hija, ciudadana de pleno derecho, cohabite o se case con su progenitor, o incluso con su progenitora? ¿Dónde fijar los límites de la “mayoría de edad”, tal como planteamos en nuestra anterior crónica (en torno a la polémica de la “píldora del día después”)?

Todo parece indicar que las lesbianas iberoamericanas se miran en el espejo de lo conseguido en España por el Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero, en la ideología de “un presidente en el país de las maravillas”. Ya veremos si el Pensamiento Alicia cuaja de la misma manera en la América Hispana.


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