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Al nivel de las bestias

La mujer, un ciudadano de segunda en el Islam

Una entrevista a Ayaan Hirsi nos revela la opresión que padecen a diario las mujeres musulmanas

Miércoles 7 de febrero de 2007, por ER. Argel

La infancia y adolescencia de Ayaan Hirsi Ali fueron las de una mujer modelo en el Islam: sufrió la ablación del clítoris, un predicador musulmán le fracturó el cráneo, intentó suicidarse con pastillas, vistió el burka, se unió a la Hermandad Musulmana y por último contrajo matrimonio con un hombre al que no conocía por deseo de su padre

En una entrevista concedida a un medio de comunicación español, Ayaan Hirsi confiesa que a los 20 años huyó a Holanda, consiguió la nacionalidad, estudió Ciencias Políticas, se convirtió en defensora de la causa de las mujeres en el Islam, fue elegida diputada por el Partido Liberal de 2003 a 2006 y escribió el guión para un cortometraje de denuncia que filmó Theo van Gogh, quien fue asesinado por ello, anunciando su asesino que ella sería la próxima víctima.

Según Hirsi, a las mujeres «no se nos envía a la escuela; si podemos ir, se nos saca de ella a mitad de los estudios; nos obligan a casarnos; nos practican la ablación del clítoris; nos fuerzan a obedecer sin ápice de cuestionamiento, lo que en la práctica, en la vida cotidiana, es una negación de tu vida intelectual y sexual, de tus ideas, de tu libertad de movimiento. Ser una mujer musulmana es como ser medio ser humano». Asimismo, se considera «sumamente afortunada. Pero existen miles y miles que se rebelan y acaban en circunstancias peores que aquellas contra las que se rebelaron», como aquellas que se convierten en víctima de la trata de blancas al intentar escapar de su marido, o incluso quienes son asesinadas por su propio padre.

Ayaan Hirsi también señaló que «solía deambular por las calles bajo ese burka. El burka significa "no quiero que ningún hombre me mire con ojos de deseo". Pero eso no evitaba que yo viese a los hombres con deseo. Hoy día no tiene sentido impedir a las mujeres que salgan de casa, como sucede en Arabia Saudita o incluso entre las que viven en Europa, para dar así a la familia la certidumbre de que son vírgenes hasta su boda. Con el correo electrónico y los SMS, puedes fijar citas románticas y decirle a tu novio que venga a casa entre las 3 y las 6 porque no habrá nadie», confiesa la mujer de origen somalí, demostrando la contradicción entre los adelantos técnicos actuales y un sistema propio del Antiguo Régimen como el Islam.

Volver al siglo VII

Sin embargo, a juicio de Hirsi, el Islam puede sobrevivir en un mundo de adelantos tecnológicos, pues «la tecnología puede cambiar cosas, pero no es suficiente», ya que «los agentes de la opresión también la usan para difundir sus terribles ideologías, el miedo y el terror. De manera que ahora también te transmiten a través de esa tecnología el mensaje de que lo que Dios quiere de ti es que te quedes en tu casa».

La tecnología no evita que el Islam esté anclado en el medievo, pues los agentes del Islam radical «tienen unas ideas premodernas pero utilizan tecnologías muy sofisticadas para divulgar esa visión totalitaria del mundo. No es que ellos estén confundidos. Somos los que vivimos aquí quienes lo estamos», pues personajes como Bin Laden usen la tecnología moderna para «volver al siglo VII», algo parecido a lo que ocurre con «los evangélicos estadounidenses», que quieren «que se enseñe creacionismo en las clases de Ciencias» ante la pasividad general, en una reedición del Antiguo Régimen que está produciéndose en todo el mundo.

La diputada declara asimismo con gran acierto, frente a los tontos útiles que lo niegan, que «la violencia que es intrínseca al Islam es la sexta obligación: la yihad. Tienes que luchar, no es suficiente ser musulmán; tienes que difundir la palabra incluso con violencia, incluso con la espada», y aunque el cristianismo también autoriza la violencia para difundir la fe, siempre puede decirse que los evangelistas, al ser personajes históricos, se confundieron. En cambio, «a nosotros se nos dice, como musulmanes, que quien escribió el Corán fue el mismo Dios. Así que cualquier cambio de acento, cualquier reforma cambiaría la relación entre el individuo y Dios, de la sumisión total al diálogo».

Por último, Hirsi dice al periodista que la entrevista: «Tiene usted una gran suerte por formar parte de la tradición judeocristiana, porque significa tener un historial de diálogo entre Dios y el ser humano. En cambio, la historia del Islam es de sumisión total».


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