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Aunque aún no es legal el “aborto terapéutico” se da vía libre al uso de la píldora abortiva a las muchachas de 14 años

Aborto libre para las adolescentes chilenas

A pesar de la fuerte oposición de la Iglesia católica, de los partidos de la Alianza y de la misma Democracia Cristiana, perteneciente a la gobernante Concertación

Domingo 4 de febrero de 2007, por ER. Valparaíso

El sábado 3 de febrero se publicó en la Gaceta Oficial el decreto supremo que permite a cualquier muchacha de más de 14 años, sin consentimiento paterno, solicitar gratuitamente la “píldora del día después” para impedir un posible embarazo.

El Tribunal Constitucional impidió el año pasado la aplicación de la presente norma promovida por el Ministerio de Salud, lo que obligó a la presidenta Michelle Bachelet a encabezar la iniciativa en la promulgación de la ley. Anteriormente el anticonceptivo era vendido en farmacias bajo prescripción médica a mujeres violadas o a jóvenes mayores de 18 años, pero las menores de edad (siempre mayores de 16 años) debían contar con el consentimiento de sus padres para que les fuera entregada la píldora en hospitales públicos. El Decreto, firmado por la mandataria socialista el pasado lunes, legaliza esta modalidad de “aborto libre”, a pesar de que sus promotores tienden a negar su carácter abortivo y prefieren interpretarla como una simple medida terapéutica, estrictamente sanitaria. Pinochet prohibió en 1989 el “aborto terapéutico” quirúrgico que se practicaba legalmente desde 1931, aunque el 18 de enero del presente año el Congreso de Diputados aceptó tramitar un proyecto de ley para volver a legalizarlo (sería completamente absurdo admitir el uso de la píldora y prohibir el aborto para todos aquellos que no lo practicasen “el día después” de haber copulado con certeza de fecundación).

Michelle Bachelet, médico socialdemócrata que se declara agnóstica y es madre soltera de tres hijos, ha dicho que su decisión busca frenar los crecientes embarazos juveniles no deseados y dar a todas las jóvenes, pobres y ricas, la posibilidad de optar por la píldora (también podrá adquirirse en farmacias, con receta médica, pagando 22 dólares) o por otros anticonceptivos disponibles. Según cifras oficiales nacen al año unos 3.700 hijos de niñas-madre, la mayoría de origen humilde.

La Iglesia Católica reiteró el jueves su rechazo a la medida porque "no es la solución que el país se merece" y porque estima que las normativas de salud que permiten la entrega del anticonceptivo recogen "de modo unilateral una visión parcial del hombre y de la sociedad". Políticos de la oposición han declarado que acudirán de nuevo al Tribunal Constitucional para que se resuelva la que consideran la “cuestión de fondo”: si la "píldora del día después" es o no abortiva. Además, varios alcaldes de la oposición política han anticipado que no entregarán la píldora en sus municipios (comunas), aunque la ministra de Salud, María Soledad Barría, declaró que están obligados a cumplir con la norma y que se estudiarán las medidas pertinentes para hacer cumplir el decreto.

Posibles consecuencias políticas de la medida.

Desde nuestro punto de vista habría que plantear, de entrada, si la medida de entregar la píldora a adolescentes de 14 años, sin consentimiento paterno, no implicaría reconsiderar los límites de la “mayoría de edad”, reconociendo a dichos “menores” como ciudadanos con plenos deberes y derechos. La “mayoría de edad” está jurídicamente fijada en los 18 años, con todas las consecuencias que se derivan respecto a la responsabilidad legal en múltiples ámbitos (incluidos los penales), aparte de los relacionados con la institución del matrimonio. Si se supone que los adolescentes son adultos y responsables para abortar, también deberían serlo para poder casarse o ingresar en prisión como cualquier ciudadano de pleno derecho.

La polémica que actualmente se escenifica en Chile, con sus implicaciones morales y políticas, recuerda mucho a las desarrolladas en países similares. La presente medida favorece la desconexión de las relaciones sexuales respecto de la institución del matrimonio (que en algunos estados, como España, se empieza a ofrecer “a la carta”) e introduce la sexualidad en el ámbito de un “mercado pletórico” para consumidores individuales con lazos familiares cada vez más débiles y reducidos. A pesar de las monsergas sobre “el amor libre” o “la liberación del cuerpo” (sobre todo de la mujer) están por verse las consecuencias para la eutaxia del estado, aunque todos los indicadores son bastante preocupantes y parecen conllevar un debilitamiento de las sociedades que introducen drásticas modificaciones en las instituciones familiares sin alternativas fiables y eficaces para el relevo generacional.

Una cosa es mantener a raya a las distintas iglesias, criticando su concepción sobre la personalidad del nasciturus, y otra es llevar la contraria a los enemigos políticos de manera generalizada e imprudente. Las instituciones familiares son anteriores a la Iglesia católica, y la socialdemócrata Bachelet debería tenerlo en cuenta cuando le lleva la contraria, so pena de acabar debilitando al mismo estado chileno que pretende fortalecer.


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