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Consecuencia de la discriminación a la que les somete la teocracia islámica

Las mujeres musulmanas son las que menos participan en la economía mundial

La teocracia islámica discrimina a la mujer

Domingo 28 de enero de 2007, por ER. Argel

Informe de la ONU señala que la contribución femenina en países de la zona sólo asciende a 33% comparado con 55.6% a nivel global. El texto, lejos de denunciar sin temor el problema, se limita a puntualizar que «algunas interpretaciones estrictas de la tradición islámica» son la causa de la discriminación de la mujer en el Islam

El informe de la ONU sobre el desarrollo humano en el mundo árabe de 2005, presentado en El Cairo hace unos días, destaca que el índice de participación de la mujer árabe en las actividades económicas es el menor del mundo. El documento, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), señala que sólo una de cada tres mujeres árabes participan en la actividad económica, mientras que la media mundial es de cinco de cada nueve.

Además, la sociedad árabe devalúa la participación femenina en actividades económicas y humanas al no recompensarla por su contribución al bienestar humano. Sin embargo, la publicación del UNDP elude atribuir la «débil participación» de la mujer en el desarrollo económico al islamismo que impregna tales sociedades y que somete a la mujer a no ser siquiera vista por un varón.

El texto, de más de 300 páginas, puntualiza que algunas interpretaciones «estrictas» [sic] de la tradición islámica han contribuido al establecimiento de ciertas normas discriminatorias, como señalando la posibilidad de una interpretación menos «estricta» del Corán, que nunca se ha producido en la Historia. Lejos de asumir el problema, el informe lo disuelve en la «cultura masculina» que predomina en los países árabes, y destaca la «discriminación» de la mujer en relación con los sueldos. Lo más sencillo hubiera sido mentar el Corán y sus consideraciones de la mujer como un ser inferior y pecaminoso como causa de la discriminación femenina, lo que repercute también en la deficiente situación económica de los países árabes.

Buena voluntad para solucionar la discriminación

Además, destaca que «en los países árabes las mujeres tienen muchas menos oportunidades que los hombres para utilizar sus capacidades de manera efectiva. Sufren más la carencia de derechos humanos y civiles». El informe agrega que incluso algunos proverbios árabes sitúan a la mujer en un plano inferior al hombre, en la línea de la sociedad estamental del Antiguo Régimen, ya superada en los países occidentales.

El documento reconoce que las constituciones de ciertos países árabes garantizan la participación de la mujer en la vida política, pero destaca la falta de aplicación práctica en los partidos y otras actividades políticas. Parece olvidar que incluso en los países supuestamente más avanzados, como los del Magreb, existe una profunda censura.

El documento asegura, asimismo, que las violaciones a mujeres en esta parte del mundo continúan y que los gobiernos no hacen nada para frenar el fenómeno, así como destaca la mala condición de salubridad y educación que sufren las mujeres islámicas. A lo más que llega el informe es a instar a la adopción de reformas políticas y legislativas, en todo un ejemplo de inútil gesto de buena voluntad.


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