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Tras los resultados de las elecciones del 21 de enero

Serbia hacia su fin por la democracia

La OTAN y la UE piden al país un gobierno «europeísta» pronto

Sábado 27 de enero de 2007, por ER. Bruselas

El caso de Serbia demuestra la incapacidad de la ideología del fundamentalismo democrático europeísta para encubrir las maniobras de las potencias que están instaurando el nuevo mapa europeo tras la caída de la URSS. El Revolucionario observa a estos «observadores» que reparten el certificado de «democracia» y «dictadura».

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Escudo de Serbia

¿Por qué un partido político de una «democracia homologada», que concurre a los comicios junto a otros tantos, tiene por nombre propio Partido Democrático? Es más, ¿por qué la prensa llamada internacional otorga a una serie de partidos, los que «deben» ganar las elecciones en ese país, el calificativo de «prodemocráticos»? Y por cierto, ¿acaso tales partidos autodenominados «democráticos» no deberían dar por hecho que el procedimiento de las elecciones «libres y pacíficas» es admitido igualmente por sus rivales, que son tan demócratas como exige la ley?

La respuesta a estas cuestiones tiene mucho que ver con lo que está pasando en Serbia, una de las repúblicas resultantes de la desmembración de la antigua Yugoslavia.

El pasado domingo 21 de enero se celebraron las elecciones en el país y una Misión Internacional Electoral (IEOM) de la que forman parte el Consejo de Europa y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) dictaminó al día siguiente que las mismas fueron «libres y justas» y que «supusieron una verdadera oportunidad para que los ciudadanos eligieran entre un amplio espectro de partidos». Por su parte, el embajador Geert Ahrens, que encabezaba la misión desplegada por la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos (ODIHR) de la OSCE y que llegó a mediados de diciembre al sufrido país, dijo que aunque existen una serie de «cuestiones a las que se tiene que prestar más atención», hay que «felicitar por los estándares democráticos que Serbia ha alcanzado».

Pues bien, la Comisión Electoral de Serbia anunció los siguientes resultados oficiales de la elecciones el jueves 25: El Partido Radical Serbio ganó 81 escaños y se mantuvo como el partido más fuerte en el parlamento de 250 escaños. El Partido Demócrata del presidente serbio Boris Tadic quedó en segundo lugar con 64 escaños. El Partido Demócrata de la coalición Serbia-Nueva Serbia del primer ministro Vojislav Kostunica consiguió 47 escaños. El reformista partido G17 Plus obtuvo 19 escaños, el Partido Socialista de Serbia del finado hombre fuerte serbio Slobodan Milosevic ganó 16 escaños y la coalición encabezada por el Partido Liberal Demócrata aseguró 15 escaños. Los ocho escaños restantes fueron para los partidos de minoría étnica —tres escaños para húngaros, dos para musulmanes, dos para rumanos y uno para un albanés. La afluencia de votantes fue de 60,56 por ciento, o sea 4.029.286 de los 6.653.851 electores inscritos.

lider del Partido Radical, non grato a "Europa" Pero para «Europa» y la «Democracia», o sea, para el imperialismo alemán que representa la UE apoyado por EE.UU, el partido ganador es ultranacionalista y ultraderechista por el hecho de defender la soberanía del país frente a las fuerzas disgregadoras, que son, claro está, fuerzas democráticas, prodemocráticas o proeuropeístas. Y aquellas instituciones «observadoras» que ya hemos referido que habían concedido la garantía del proceso, se pronuncian ahora sin empacho negando la victoria del Partido Radical, y celebrando el éxito de las fuerzas proeuropeas. A continuación, la metafísica «voluntad popular» serbia empieza a tejerse sin pudor en los medios con componendas del siguiente jaez: los demócratas fueron los principales ganadores de los comicios, porque duplicaron el número de sus escaños en el Parlamento de 250 miembros a un total de 65, superando los logrados en los comicios de 2003. Los radicales, sin embargo, mantienen un número similar al que ya tenían, 81 asientos, mientras que la gobernante coalición de Kostunica tiene 47, alrededor del 10% menos que en el Parlamento previo.

A pesar de que el Partido Democrático (DS), del presidente Boris Tadic, y el Partido Democrático de Serbia (DSS), del primer ministro saliente, Vojislav Kostunica, son rivales y las negociaciones se esperan arduas —con razón se llaman prácticamente igual, con la diferencia de que el primero ni siquiera se dice «de Serbia», tal es su fundamentalismo democrático—, también son aliados frente al ganador «a título personal», y sobre todo, por la imposición de la UE. La «democrática» y «generosa» institución, sin ocultar su más que tutelaje, chantaje, se ha «descolgado» con un «premio» para Serbia si se garantiza la victoria de un bloque proeuropeísta, a saber, las negociaciones sobre una futura adhesión al Club , lo que llaman un Acuerdo de Estabilización y Asociación.

Por lo visto, la UE suspendió el año pasado las negociaciones con Serbia para dicho Acuerdo porque el Ejecutivo de Belgrado no logró capturar y entregar al exgeneral Ratko Mladic, acusado de «crímenes contra la Humanidad», al Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia. Sin ocultar la presión, el jefe de Política Exterior de la Unión, Javier Solana, dijo a Serbia: «Espero la formación rápida de un Gobierno». Asimismo, tras la reunión de Exteriores de los Veintisiete, Frank Walter Steinmaier, ministro de Alemania, presidente este semestre de la UE, recalcó: «Dos tercios de los escaños en el Parlamento irán a las fuerzas democráticas... Creo que esa va a ser la base para un Gobierno que va a liderar el país en su camino hacia Europa». Y Miguel Angel Moratinos, ministro de Exteriores español, redoblando aseguró: «Que haya sido el partido más votado no quiere decir que hayan ganado».

Pero el premio de la UE es como un Huevo Kinder, viene con sorpresa. Y la sorpresa es denominada por la prensa del euroagitprop, siempre dispuesta al eufemismo, el «futuro de Kosovo». Los planes con los que la comunidad internacional va a decidir que Kosovo, provincia de Serbia, se «independice», en lo que viene siendo el proceso imparable de desmembración de la antigua Yugoslavia desde 1989, urgen al presidente serbio, Boris Tadic, a que agilice las reuniones la próxima semana con los líderes de las principales formaciones políticas.

Martti Ahtisaari, enviado de las Naciones Unidas para Kosovo, presentó ayer viernes 26 de enero, en Viena, sus propuestas para la provincia, que se encuentra bajo tutela administrativa de la ONU desde 1999. Y por lo que se ha podido filtrar a la prensa, aunque el texto no se hará público hasta el 2 de febrero, Prístina, gozará de una soberanía vigilada que le permitiría integrar organizaciones como la ONU, la OTAN o la Unión Europea. Además, en un futuro podría tener su propio Ejército.

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El sucesivo desguace

Esa comunidad internacional que está decidiendo las fronteras de Serbia la componen EEUU, Rusia, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido, en un llamado «Grupo de Contacto». De él, Rusia es la única que ha pedido que no se tome una decisión hasta que se forme un nuevo Gobierno en Serbia, además de que ha amenazado con hacer valer su veto en el Consejo de Seguridad a una solución impuesta a Belgrado desde el exterior.

Recordamos, aunque suene a chiste, que Serbia aprobó en octubre de 2006, a través de un referendo popular, una nueva constitución en la cual se declara a la provincia de Kosovo (administrada por las Naciones Unidas) como parte integral del país. Y es verdad que suena a chiste, como que ya circula uno por Belgrado que demuestra el gracejo eslavo: «¿En qué se parecen Serbia y Nokia? En que cada año sacan un modelo más pequeño.»


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