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Mentiras a cambio de petróleo

La prensa socialdemócrata europea e Israel

No se paran hasta conseguir que se justifique un nuevo holocausto

Lunes 14 de junio de 2010, por ER. Teherán

Cuando el conflicto entre el seudoestado palestino e Israel es registrado en letras de imprenta en Europa, el lenguaje muda al gusto de la socialdemocracia imperante: un terrorista islámico es simplemente un militante; el material bélico de Israel no es israelita sino judío (lo que lleva a pensar al lector en una ortodoxia tal que circuncida a sus armas antes de usarlas en combate); los territorios en disputa que caracterizan al seudoestado palestino son territorios ocupados...

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Israel y la Unión Europea
La segunda apuñala por la espalda a la primera, siguiendo la tradición socialdemócrata.

El mito de los territorios ocupados ha sido sin duda uno de los puntales de la mentira socialdemócrata característica, apoyada de manera franca por la ONU. Así, cuando se produjo el incidente armado en Yenín de las tropas israelíes en el año 2002 (donde murieron 27 soldados israelíes y 52 terroristas palestinos), se produjo no sólo una condena unánime sino una equiparación desproporcionada y demagógica con el Holocausto sufrido por el pueblo judío durante la II Guerra Mundial.

Incluso el entonces Secretario General de la ONU, Kofi Annan, afirmó que con semejante condena, Israel era culpable sí o sí: «Todo el mundo no puede estar equivocado». Olvidó no obstante que en ese «todo el mundo» se encontraba un numeroso grupo de países islámicos que no reconocen al estado de Israel y sueñan con echar a los judíos al mar.

Sin embargo, tres años antes, en abril de 1999 se había visto ya un ensayo de esa unanimidad socialfascista: en la Guerra de Kosovo, un conflicto desproporcionado en todas sus formas del lado de la OTAN (mucho más desproporcionado que la posición israelí en Yenin, desde luego), fue tildado unánimemente como «guerra humanitaria» para librar a los kosovares de una supuesta «limpieza étnica». En realidad, se trataba del golpe de gracia a una Yugoslavia ya herida de muerte desde 1991 y que se desmembraría de forma definitiva, a mayor gloria de una Alemania en expansión comercial y estratégica.

La única limpieza étnica de esa guerra fue la que perpetró la propia OTAN, provocando el éxodo de uno de cada cinco serbios de Kosovo, aparte de la masacre que los musulmanes kosovares cometieron contra ellos por medio de los narcoterroristas del ELK, ligados a la Conferencia Islámica. Estos detalles, ocultados convenientemente, vieron la luz dos años después, cuando Estados Unidos se dio cuenta del peligro que el Islam suponía para el orden internacional, 11-S mediante.

Niños que pasan de escudos humanos a víctimas de los israelíes

Una de las grandes mentiras que la prensa socialdemócrata cuenta habitualmente sobre Israel es la supuesta actitud brutal de su ejército para con los infantes palestinos: suelen aparecer imágenes en las que un tanque dispara contra un niño que porta una simple e inofensiva piedra.

Sin embargo, esas imágenes se ofrecen de forma muy cerrada, sin panorámica suficiente para ver que tras esos inocentes niños se esconden milicianos de Hamás armados con AK 47 y lanzamisiles. En realidad, las milicias islámicas del seudoestado palestino usan de sus niños como escudos humanos, que la prensa socialfascista luego convierte en víctimas de un «perverso enemigo judío» y realiza propaganda gratuita al terrorismo islámico, convirtiéndose así en cómplice suyo a cambio de un poco de petróleo para sostener el Estado de Bienestar europeo.

La última maniobra propagandística la conocen todos ustedes: la presunta «flotilla solidaria» asaltada sin contemplaciones por los malvados soldados israelíes. Una nueva victoria del islamismo, gracias a su cómplice socialfascista.


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