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Sus propuestas coinciden con el «plan de paz» de Tzipi Livni, y son rechazadas por Abás por «poco realistas»

Condoleezza Rice en Oriente Próximo, y las debilidades del fundamentalismo democrático ante el empuje islamista

A pesar de las disensiones internas entre palestinos, Rice insiste en el cumplimiento de la «hoja de Ruta» diseñada por el «Cuarteto de Madrid»

Martes 16 de enero de 2007, por ER. Tel-Aviv

Ante la falta de propuestas originales, y como si nada pasase entre las facciones palestinas, Condoleezza Rice se reúne con autoridades israelíes y palestinas pensando, según ha declarado, que «la convivencia entre dos estados, viviendo cara a cara, ya no es un sueño, sino que es algo que nosotros debemos hacer realidad». El ministro de Estrategia israelí Lieberman, afirma sin embargo, tras la reunión con Rice, que otra confrontación en la Franja de Gaza es «sólo cuestión de tiempo». Con todo, la secretaria de Estado de EEUU, el primer ministro de Israel, Ehud Olmert, y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás, parece ser celebrarán próximamente una reunión conjunta, según informaron hoy fuentes del Gobierno israelí a la radio pública

Rice con Amir Peretz, ministro isrealí de Defensa La Secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, en su gira por Oriente Próximo (mañana estará en Egipto y después en Kuwait), visitó este fin de semana Israel, Jordania y Cisjordania, antes de continuar con su gira por Europa. El sábado por la tarde llegó a Jerusalén para reunirse con el gabinete del ejecutivo de Olmert, primero con el Ministro de Defensa, el discutido Amir Peretz, a continuación con la Ministro de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, y finalmente con el Ministro israelí de Estrategia, Avigdor Lieberman, con el fin de «reavivar el proceso de paz» cuyo programa nunca se ha cumplido desde que se propuso en 2003 por el Cuarteto de Madrid (EEUU, Rusia, la UE y la ONU).

El domingo, Rice viajó a Ramalla para reunirse con el Presidente de la «Autoridad Nacional Palestina», Mahmud Abás, para por la tarde encontrarse en Ammán con el rey Abdalá II. Ayer lunes de nuevo en Israel se reunió con el Primer Ministro israelí Ehud Olmert, una vez vuelto este de su viaje oficial a China.

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Rice con Tzipi Livni, ministra isrealí de Asuntos Exteriores

Entre los puntos de la agenda de Rice también se encuentra, además de procurar la mediación en el conflicto palestino-israelí, la crisis abierta como consecuencia del proceso de enriquecimiento de uranio llevado a cabo por Irán tras las amenazas del régimen de los ayatolás sobre Israel.

La visita se produce en medio de las disensiones internas entre las distintas facciones palestinas que han dejado en los últimos meses, sobre todo tras el anuncio por Abás de elecciones anticipadas el pasado 16 de diciembre, numerosas víctimas mortales en los enfrentamientos entre Hamás y Al Fatah. Un contexto en el que además Hamiya, primer ministro palestino, y otras «autoridades» palestinas no cesan de acusar a Al Fatah y a su líder Abás de complicidad y traición (tachándole de «marioneta», &c.) al aceptar la ayuda procedente de Israel y EE.UU. Una ayuda que se produce con el fin, según entienden los líderes de Hamás, de «dividir» interesadamente a los palestinos y evitar la formación de un «gobierno de unidad nacional». La división entre ambas facciones parece en cualquier caso irreconciliable, al margen de la política israelí y norteamericana al respecto, desde el momento en que se produce el reconocimiento del Estado de Israel por parte de la OLP, Al-Fatah y la ANP, cosa a lo que Hamás se niega. Sobre todo tras la victoria electoral de esta facción en las elecciones de enero del año pasado, y el bloqueo internacional correspondiente —al ser contemplado como grupo terrorista— la escalada de acusaciones entre ambas facciones no deja de intensificarse.

Rice con Lieberman, ministro israelí de Estrategia La jefa de la diplomacia norteamericana, con un optimismo incomprensible por su falta de realismo político, parecía venir dispuesta a que, aún sin cumplirse la primera fase de la «Hoja de Ruta» —valga la imagen empresarial bastante ridícula para referirse al cumplimiento de los compromisos adquiridos entre las partes—, es decir, aquella que preveía frenar la construcción de nuevos asentamientos israelíes en Cisjordania, así como desmantelar los grupos armados palestinos, se pasase sin más a la segunda fase con la institución de un Estado palestino con fronteras provisionales. Rice entiende que, según declaró al comienzo de su visita, «el pueblo palestino ha esperado mucho tiempo para tener su propio estado. El pueblo israelí ha esperado mucho tiempo para poder vivir en paz y seguridad con sus vecinos», por eso la solución sólo puede pasar por la tesis de los «dos estados» («dos estados para dos pueblos»). No se da cuenta, o no quiere darse cuenta, la diplomacia norteamericana, que esto representa, sin más, una petición de principio, al entender que entre los palestinos existe una «unidad popular», nacional, dirán otros, que exige la creación de un Estado palestino. Pero la cuestión es que, de hecho, no existe tal «unidad nacional», precisamente porque no hay Estado palestino (Abás habla en nombre de «Palestina» pero no la representa porque no controla todas sus partes en divergencia, o no controla las suficientes), siendo así que la «nación palestina» es una petición de principio que compromete, por desenfocada, cualquier comprensión, y por tanto solución, del conflicto palestino-israelí, al menos por vía diplomática.

Rice sostuvo, insistiendo en inventarse ocasiones ad hoc, que «hay que aprovechar el momento creado tras la positiva reunión entre Abás y Olmert», el pasado día 23 de diciembre. Una reunión que, de momento, no se ha llevado a afecto nada de lo allí acordado (intercambio de presos,…), además de encrespar aún más las disensiones entre Abás y Hamás, sobre todo cuando el Congreso norteamericano tiene previsto reforzar con 86 millones de dólares las fuerzas de seguridad de la ANP contra Hamás.

Pues bien, con estas expectativas, que como la propia Rice reconoció, no representan ningún nuevo plan, la jefa de la diplomacia norteamericana ya se encontró ante un primer obstáculo procedente del ministro de Estrategia israelí Lieberman, quien aseguró, frente a la falta de realismo (quizás fingido) de Rice, que otra confrontación en la Franja de Gaza es sólo «cuestión de tiempo».

Al día siguiente además, en su reunión con Abás, este no aceptó, tachando la propuesta de Rice de «irreal», unas fronteras provisionales para un Estado palestino. Este «plan de paz», basado en dar por cumplida la primera fase de la Hoja de Ruta y pasar sin más a la segunda —que fue el mismo por cierto que presentó Tzipi Livni hace un par de semanas— parece ser completamente rechazado por Abbás aún proviniendo de boca de la Secretaria de Estado norteamericana.

La política norteamericana se topa pues, con sus propias contradicciones: al defender la formación de un Estado palestino, según el canon de las democracias homologadas, se encuentra un resultado electoral, promovido en efecto por la diplomacia norteamericana, nada conveniente en la medida en que viene tal resultado a reforzar aquella facción que, precisamente, diverge del reconocimiento del Estado israelí y sus fronteras. Ahora, EEUU e Israel, que promovieron tal proceso electoral, se ven obligados a reforzar aquella facción que salió debilitada de ese proceso. Un proceso electoral que, se supone desde el fundamentalismo democrático norteamericano, representa el ideal de toda sociedad política pero que ahora, sin embargo, hay que corregir, entre otras cosas, con el bloqueo internacional: «el pueblo palestino» votó mayoritariamente a favor de Hamás y, por tanto, el no reconocimiento de las fronteras, ni del Estado, israelíes. La diplomacia norteamericana ha quedado, a partir de este momento, completamente desarmada desde un punto de vista ideológico.

De este modo Condoleezza Rice llega a Oriente Medio sin nada que ofrecer, poniendo de manifiesto la debilidad del democratismo ante el empuje creciente del islamismo.

Rice con Olmert En su reunión de ayer, ya con el Primer Ministro israelí Ehud Olmert, Condoleezza propuso una «cumbre tripartita» entre la ANP, Israel y EEUU sin determinar lugar ni fecha. La portavoz del primer ministro, Miri Eisen, ha indicado que Olmert ha aceptado «en principio» participar en una conferencia tripartita, y el propio jefe del Ejecutivo ha señalado después que esto no significa que no vaya a tener reuniones bilaterales con la parte palestina. No obstante, Olmert ha precisado que no dará pasos sin coordinarlos con Estados Unidos; y ha añadido: «tenemos buenos amigos en Washington».

El portavoz de Abás, Mohamed Edwan, ha dicho que la parte palestina aún no ha aceptado formalmente la invitación, pero que «el presidente siempre da la bienvenida a este tipo de reuniones...y es posible que se celebre».

Como se ve no existe mucho entusiasmo entre las partes y es que, la labor diplomática norteamericana en este viaje, ha dejado mucho que desear pasando, realmente, sin pena ni gloria.


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