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La revista en la que trabajaban fue clausurada por unos chistes sobre el Islam

Juicio en Rabat a dos periodistas por ofender al Trono y el Altar marroquí

El veredicto contra el director y la colaboradora de «Nichane» se conocerá hoy

Lunes 15 de enero de 2007, por ER. Argel

Hoy se dará a conocer el veredicto del Tribunal Penal de Casablanca contra el director y una colaboradora de la revista «Nichane», Driss Ksikes y Sanâa Al Aji, por «atentar contra la religión islámica» y por «publicación y distribución de escritos contrarios a la moral y a las buenas costumbres», según interpreta la medieval estructura política marroquí, donde la religión islámica es la ley de hecho

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Portada del número de Nichane que ha provocado el juicio y las detenciones

Ksikes y Al Aji se enfrentan a penas de entre 3 y 5 años de prisión, una multa de hasta 100.000 dirhams (9.200 euros), además de la inhabilitación perpetua para ejercer su profesión, tras la publicación, el pasado 9 de diciembre, de un dosier titulado «Chistes: así se ríen los marroquíes de la religión, del sexo y de la política». En dicho dosier hay chistes que podrían pasar por todo menos por ofensivos: a uno de los compañeros del profeta Mahoma le impiden entrar en el paraíso, pese que antes de morir le habían prometido la entrada. Incluso el profeta protesta con él. «En los ficheros está claro y usted no tiene derecho a ir al paraíso», insiste el portero. Entonces Alá llega y dice a todos: «Mirad hacia allí, esto es una cámara oculta».

En lo que muchos han calificado de «intolerable injerencia del Ejecutivo en los asuntos de la justicia», el Gobierno prohibió la distribución de la revista el 20 de diciembre, tras recibir serias presiones del islamismo marroquí y de varios estados islámicos como Arabia Saudí y Kuwait. «Después de la reacción oficial condenatoria en el asunto de las caricaturas del profeta Mahoma y con la coacciones de fondo que ha habido, el régimen no ha tenido otra salida», confiesa un periodista de un diario defensor de la monarquía alauí.

El Trono y el Altar

Si nos atenemos al desarrollo del juicio, no sólo se ha centrado el asunto en el islam, sino también en las supuestas críticas vertidas contra la institución monárquica, buena prueba del carácter medieval de la sociedad marroquí, donde los ciudadanos adquieren la condición de súbditos sometidos a lo que el Trono y el Altar digan, sin importar ningún tipo de derechos.

«El objetivo del dosier era analizar los chistes consagrados a algunos de los temas tabú de nuestra sociedad», afirma Ahmed Reda Benchemsi, propietario de «Nichane» y director del semanario francófono TelQuel. Para Driss Ksikes, «atacándonos, el Gobierno ataca a todo un pueblo que es, en definitiva, quien ha inventado y vehiculado estas historias que nosotros simplemente recogemos». «La amplitud dada a esta situación es desmesurada y esta decisión nos expone a las iras de los extremistas», denuncia el director del semanario. Por si acaso, la dirección de «Nichane» ha reiterado sus disculpas por si hubiera herido algún tipo de sensibilidad.

Las muestras de solidaridad con la publicación han sido múltiples y variadas, tanto dentro como fuera reino alauí. En Marruecos, sin embargo, muchos consideran que «Nichane» ha superado los límites tolerados. «La libertad de expresión no puede ser absoluta en un contexto cultural, social y religioso como el marroquí», advierte Fadel Agoumi, director del semanario La Vie Eco.

El ministro de Comunicación marroquí, Nabil Benabdellah, dice al respecto que «el periodismo aquí sólo puede ejercerse dentro del necesario respeto a las reglas éticas y de los valores fundamentales que atraviesan a nuestra sociedad, sabiendo que hay sujetos que no se pueden tocar». Verdadera confusión de palabras, puesto que en todo caso lo que se cuestiona no es la ética, común a todos los seres humanos, sino la moral islámica, que se impone sobre derechos fundamentales en las sociedades modernas, reconocidos por encima de principios religiosos, como los del Islam, y de sangre, como los de la monarquía. En Marruecos, sin embargo, se comprueba con casos como estos el carácter medieval de su sociedad.


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