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15º Aniversario de la Constitución

Rusia celebra los 15 años de su Carta Magna en plena crisis económica

La Constitución es el símbolo más destacado de la nueva Rusia

Lunes 15 de diciembre de 2008, por ER. San Petersburgo

Lo que su antecesor no se atrevió a hacer personalmente, ahora el podría llevarlo a cabo para afianzarse en el poder, o quien sabe, para apuntalar una futuro regreso de Putin a la presidencia

«De este modo el pueblo realizó una elección inequívoca a favor de la libertad y del crecimiento sostenido, de cambios en las relaciones económicas y políticas, a favor del Estado social y de la justicia en una sociedad ordenada, del máximo prestigio del derecho y de la independencia judicial, del desarrollo de un federalismo real y de la plena autonomía local»

En estos términos se pronunciaba el presidente Medvedev refiriéndose al texto constitucional que rige la vida política del país desde 1.993. En 1.992 Rusia ya existía como Estado independiente pero seguía en vigor la Constitución socialista de la RSFSR [1] de 1.978. Era paradójico, pero Yeltsin, principal artífice del final del orden comunista, se encontraba limitado por una Constitución de tipo soviético. El orden constitucional que el había jurado respetar garantizaba la primacía del Partido Comunista y de la economía planificada. Pero el PC había sido colocado fuera de la ley y los programas de privatización estaban en marcha.

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Soviet Supremo ruso en llamas
Imagen del diálogo constitucional de 1.993

Yeltsin necesitaba un nuevo marco jurídico que rompiera definitivamente con el pasado comunista, pero para ello tendría que deshacerse primero de los que se le oponían desde las mismas instituciones. Las principales críticas a su política provenían del Soviet Supremo. Así que decidió cerrarlo con promesas de nuevas elecciones. Como los diputados se negaron a abandonar la Casa Blanca, Yeltsin se atuvo a negociar con ellos a cañonazos. Y fruto de este dialogo nació la «elección inequívoca a favor de la libertad» de la que habla Medvedev en forma de constitución presidencialista. Para promulgar la nueva norma Yeltsin necesitaba superar el rubricón de un referéndum. Los datos de participación no fueron muy brillantes: tan sólo un 55% de los electores se acercaron a las urnas, y de ellos un 58,4 voto a favor. O sea, que no fue exactamente todo el pueblo el que optó por las maravillas del nuevo orden, sino el 32% del censo. [2] Y ni de eso estamos completamente seguros. He aquí otra de las muestras irrefutables de la «libre autodeterminación» del pueblo en su camino hacia la libertad: «Las autoridades encargadas del referéndum habían recibido instrucciones del gobierno para que se aseguraran de que el proyecto constitucional de Yeltsin fuera ratificado a cualquier coste y por cualquier medio. El recuento de los votos tuvo lugar en secreto y poco después del anuncio se procedió a la incineración de las papeletas. Viacheslav Kostikov, ayudante de Yeltsin, estaba seguro de que se habían producido flagrantes abusos, pues advirtió que las cifras del informe oficial impreso sobre el referéndum habían sido corregidas a pluma. Es también muy posible que no votara la mitad del electorado, en cuyo caso el referéndum habría quedado invalidado» [3]

Notas

[1] República Socialista Federal Soviética de Rusia

[2] Service, R. (2005): Rusia, experimento con un pueblo. Siglo XXI. Madrid. Pág. 123.

[3] Ob. cit.


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