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Un casco de inspiración zen, propuesto como método para reducir accidentes

El zen y el arte de dirigir el tráfico

La laicidad del gobierno no se aplica a las religiones no católicas

Miércoles 16 de julio de 2008, por Grupo Promacos

La Dirección General de Tráfico, organismo gubernamental que vela por la regulación del tráfico rodado en las carreteras españolas, ha tenido a bien ofrecer una nueva frivolidad que añadir a una larga lista que incluye controles de carreteras para recaudar más fondos, leyes absurdas o exámenes para el permiso de conducir con preguntas inapropiadas. Ahora su director, Pere Navarro, recomienda el uso de un «casco zen» para fomentar la seguridad vial de los motociclistas.

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Pere Navarro
Pánfilo Director de la DGT

Este sujeto, que desde su cargo ha puesto en práctica nuevas medidas para la conducción, como el carnet por puntos o el nuevo y más estricto código de circulación, que convierte un exceso de velocidad en delito, no tuvo sin embargo reparos en saltarse con claridad esos mismos límites de velocidad, sin que tengamos constancia de que fuese sancionado.

Ahora propone el uso de un casco «portador de paz» elaborado por los monjes budistas del Garraf, en Barcelona, pues contribuye a la conducción, ya que «la filosofía oriental ayuda a mejorar el manejo de la moto». Eso afirmó Pere Navarro en la presentación de un nuevo manual de conducción de motocicletas junto a tan peculiar dispositivo de seguridad, un casco del mismo material que cualquier otro, con los colores del budismo: rojo y azafrán, además de una mantra o símbolo «portador de paz».

Pero Navarro no se ha inventado nada nuevo. Esta devoción por el zen en nuestras sociedades viene de lejos. Ya el escritor norteamericano Roberto Pirzig publicó en 1974 El zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, donde mezcla retazos de doxografía seudofilosófica, con citas de Hume, Berkeley y otros filósofos empiristas, con fragmentos de pensamiento oriental estilo zen, con el objeto de edulcorar el trasfondo de un viaje en motocicleta a través de las carreteras secundarias de Estados Unidos. Desde entonces, el libro ha conocido multitud de ediciones y un gran éxito, que parece haber afectado a Pere Navarro, Director General de la Dirección General de Tráfico.

Con semejantes declaraciones, aun a riesgo de haber sido realizadas en broma, la Dirección General de Tráfico oculta el verdadero problema existente en nuestras carreteras: muchas vías de comunicación tienen defectos en su pavimento y su trazado favorece la existencia de numerosos «puntos negros» o lugares que registran numerosos accidentes. Curiosamente, los controles de alcoholemia o de velocidad no suelen estar situados en estos puntos negros, lo que anima la hipótesis de que tales controles obedecen a un mero afán recaudatorio.

Uno de los diarios pertenecientes a la clase de la prensa basura socialdemócrata, el gratuito Qué!, advirtió con su cinismo habitual la obviedad, que parece no conocer Navarro, de mejorar y aumentar el trazado de la red viaria de España. Eso sí, con fondos europeos, pues parece que en España, décima potencia económica mundial, es preferible seguir estudiando las lenguas vernáculas antes que mejorar la seguridad de las carreteras.

Ahora, Pere Navarro nos ofrece una nueva muestra de oscurantismo al pretender, con una ingenuidad pasmosa, que un casco normal y corriente será más efectivo para la seguridad vial por haber sido compuesto por seres «iluminados» en los principios del budismo zen. Dentro de la Alianza de Civilizaciones, de la que sin embargo es excluido el catolicismo, el zen ofrece el típico ejemplo del Pensamiento Alicia: bastará con cambiar la actitud de las personas hacia «lo trascendente» para que los accidentes de circulación disminuyan.

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El zen y la motocicleta
Elementos incompatibles que aparecen en nuestras sociedades de mercado

Sin embargo, desde el Grupo Promacos sostenemos que la filosofía zen no sólo no puede resolver los problemas con la mera predicación de sus oscuros principios, sino que es incompatible con los elementos más modernos de nuestras sociedades desarrolladas. No puede sostenerse, bajo ningún concepto, que una iluminación sobrenatural, como la que impostadamente ofrece el budismo zen, pueda resolver problemas que dependen de muy complejas cuestiones técnicas, jurídicas y sociales propias de las sociedades industriales.

Semejantes afirmaciones son un mero engaño propio de gentes con un extraordinario grado de mala fe, que ante su incapacidad para resolver los problemas objetivos que existen en nuestro mundo, como el del tráfico de nuestras carreteras, intentan calmar a los conductores con tan ingenuas prédicas, creyéndose así libres de toda responsabilidad, ya sea al volante o sin «conducir por ti», como afirma Pere Navarro en sus campañas televisivas. Curiosa ramificación de la estrategia de Estados Unidos de favorecer el budismo por medio de sus estrellas de Hollywood a propósito del conflicto del Tíbet, para debilitar a China y desprestigiarla ante la opinión pública internacional.


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