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Con ocasión del campeonato de Europa de selecciones nacionales de Fútbol

El «maleficio» de cuartos de final

Muchos consideran que el uniforme amarillo traerá mala suerte a la selección

Miércoles 25 de junio de 2008, por Grupo Promacos

Resulta llamativo y sintomático que en la mayoría de los medios de comunicación se repita machaconamente que la selección española de fútbol por fin «ha roto el maleficio de cuartos de final» (o expresiones similares: «ha acabado con la maldición», «ha matado al gafe», «ha evitado el fatalismo» o «ha sorteado los fantasmas del 22 de junio»). Desde nuestro punto de vista simplemente se ha cambiado en parte una tendencia que tampoco era tan constante ni mala. Hay que recordar que España ganó el campeonato de Europa contra la URSS en 1964 y nuestro equipo fue subcampeón en 1984 al perder contra Francia.

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Selección española de fútbol
Modificó sus mediocres resultados porque «rompió el maleficio»

Por lo que se refiere al campeonato del mundo los resultados de la selección absoluta son, en apariencia, menos brillantes, pero hay que tener en cuenta que tampoco parece razonable pedir que España gane todos los campeonatos cuando su población no es muy numerosa y económicamente, por ejemplo, no pasa de ser la octava potencia mundial (aunque haya factores deportivos y de moral patriótica que no se dejan reducir al ámbito económico). Ahora bien, y volviendo al enfoque supersticioso del asunto, lo que resulta más sintomático del nivel «cultural» del país es que el mismo jefe del estado (S.M. don Juan Carlos I) asuma la corriente interpretativa divulgada por los medios de comunicación y declare, al terminar el partido contra Italia, que «hemos roto el maleficio».

Tales expresiones parecen inocentes, espontáneas, pero desde el Grupo Promacos pensamos que de eso nada. A poco que uno profundice en la mentalidad común de los españoles de hoy día se comprueba que la magia y la superstición están ganando un terreno que, hasta hace poco, estaba acotado en gran medida por la religión y la moral católica (incluso por una filosofía de corte neoescolástico que, pasados los años, nos parece menos irracional que muchas de las corrientes posmodernas y de Pensamiento Alicia que en gran medida se han implantado en las facultades de Filosofía y los centros de enseñanza secundaria).

Estábamos acostumbrados a que buena parte de los equipos de fútbol del «tercer mundo» acudiesen a los campeonatos acompañados de especialistas en todo tipo de conjuros contra el enemigo. Pero después del último partido de España contra Italia, y aunque el asunto tenga algo de chanza y broma, la televisión nos mostró un muñeco de vudú, ataviado con el traje de la selección italiana, con varios alfileres clavados. Sin duda que en tales fenómenos influye la masiva afluencia de inmigrantes en cuyos países de origen la superstición es dominante, pero consideramos que el terreno era propicio para su recepción y amplificación (por ejemplo a través de la perniciosa ideología de la Tolerancia). No es de extrañar que la disminuida racionalidad de muchos españoles sea tan receptiva a los cuentos engañabobos del partido en el poder, con todo lo que ello implica para la libertad (potencia de obrar) de nuestro estado.

Si España pierde en semifinales contra Rusia no cabe duda de que muchos justificarán el resultado apelando al al uniforme amarillo que usa la selección como alternativa (muchos prefieren hablar de uniforme «oro» para intentar contrarrestar sus efectos). Esperemos que España gane dicho partido, aunque con ello no se modifiquen un ápice las creencias supersticiosas de tantos españolitos abotargados, cuya ignorancia precisa de actuaciones mucho más radicales y constantes para ser removida.


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