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Juan Laporta, Presidente del Fútbol Club Barcelona

Un traidor habitual

Sueña con liderar el separatismo catalán

Lunes 22 de marzo de 2010, por Grupo Promacos

Y es que, siempre según este ilustre representante de la mal-llamada «sociedad civil catalana», «es la hora de dar un paso adelante, la hora de la acción política», un paso al frente que, en efecto, para el caso de Laporta y su compinche el ex consejero de Gobernación Juan Carretero y Grau, se cifraría en la constitución de un «Estado Catalán» mediante la consabida metodología de la «acumulación» de fuerzas secesionistas (y de ahí, precisamente, el rótulo bajo el que este «partido» político se constituye: reagrupament.cat) que otros grupos separatistas como puedan serlo Eusko Alkartasuna o la banda terrorista ETA estarían ensayando desde las provincias Vascongadas.

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Joan Laporta, ese gran prócer separatista
De presidir el club favorito del separatismo catalán a una escisión de Esquerra

Se dirá sin duda que la tal acumulación, a diferencia de los procedimientos asesinos que la ETA vendría usando desde hace más de cuarenta años, representaría una estrategia políticamente respetable al mantener en todo momento un carácter pacífico (es decir, no violento: algo como mínimo dudoso si es que al menos no pretendemos confundir la violencia con los asesinatos, «matando» por así decir el género con la especie) como cuadra sin duda a un partido político democrático sin perjuicio de su independentismo español que, «en democracia», todos nos veríamos forzados a respetar con actitud tolerante.

Sin embargo, desde la perspectiva que pretendemos mantener desde el Grupo Promacos, resulta sencillamente erróneo señalar que la plataforma Reagrupament con Carretero y Laporta a la cabeza pueda ser considerado un partido político democrático si no es razonando desde una concepción enormemente abstracta y por ello formalista de la democracia que comenzase por olvidar que tal forma política sólo tiene sentido respecto de una sociedad política cuya soberanía se de previamente por supuesta. Ahora bien, desde esta perspectiva tanto Reagrupament como ERC de la que aquella pudo escindirse hace pocos meses, no aparecerían tanto en cuanto partidos («partes») de la democracia española como en tanto que agentes, o facciones sediciosas en relación a esa misma sociedad política democrática cuya soberanía pretenden mutilar en una parte esencial del territorio apropiado por ella.

Esa razón sin duda, y puesto que la corrupción del territorio apropiado involucra la propia corrupción de la democracia misma (aunque sólo, eso sí, si es que neutralizamos las premisas abstractas de los formalistas), no cabrá considerar a Laporta y Carretero como demócratas por más tiempo pues ellos en realidad se habrían puesto, sin perjuicio de su condición de españoles (es decir, como traidores secesionistas), en directa oposición a la democracia española que buscarían activamente destruir mediante la constitución del Estado Catalán.

Y viceversa: sólo si damos por constituido y en marcha el Estado democrático catalán que estos sujetos estarían tratando de establecer cabría a su vez considerar, retrospectivamente, como demócratas (demócratas catalanes) a sus promotores. Sin embargo, esto es tanto como reconocer que Laporta y Carretero aparecerían como «ciudadanos» de una democracia diferente e incompatible con la española por reclamar ambas la soberanía indivisa sobre el mismo territorio. Y no creemos que haga falta advertir que en ese caso sería forzoso empezar por conceptuarlos directamente como enemigos.


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