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Otro ideólogo del pensamiento Alicia desde México

Alfonso Cuarón y el enternecedor, insoportable por leve, simplismo ideológico de los «intelectuales críticos»

La gratuidad con la que «artistas e intelectuales» opinan sobre política, historia o sobre los asuntos «que conciernen a la humanidad» es tal que muchas veces termina oscureciendo su talento artístico

Jueves 28 de diciembre de 2006, por ER. México DF

La última película de Alfonso Cuarón, Niños del hombre, se ofrece, según entrevista al director, como propuesta filosófica del denominado «Proyecto Humano»

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Alfonso Cuarón
cineasta mexicano imbuido de pensamiento Alicia

El cineasta mexicano Alfonso Cuarón (1961) (Harry Potter y el prisionero de Azkaban, 2004; Y tu mamá también, 2001), con motivo de sus comentarios a su más reciente película, Niños del hombre, estrenada en México el 24 de noviembre pasado, ofrece en entrevista reciente (Proceso, 1571, 10 de diciembre de 2006) las claves de su enternecedora e infantil –aunque, desde luego, muy bien intencionada– ideología progresista fundamentada en el ya característico mito de la cultura en el que tantos intelectuales y artistas pacifistas, auto-complacidos y satisfechos (¡Arte sí, armas no!), encuentran su refugio existencial.

La película plantea una circunstancia en la que la esterilidad global aparece como el destino de la humanidad. En su estructura se trata de mostrar, según Cuarón, no tanto lo destructivo que es la humanidad sino el perniciosos papel que juegan «las ideologías al interponerse entre la capacidad de juicio de las personas y sus acciones».

En estos momentos iniciales de la entrevista, parece anunciarse por parte del entrevistado una posible claridad –crítica– respecto de la ideología en tanto que falsa conciencia o algo por el estilo (acaso teniendo a la vista alguna noción, idea o teoría sobre las ideologías, sea ya siguiendo la línea de Marx o la de Engels, la línea de Gramsci, la línea de Althusser o la de José Revueltas).

Pero de inmediato nuestro intelectual crítico nos decepciona lapidariamente y, planteando su «teoría», hace gala de su vacuidad filosófica (tan común por otro lado en artistas y hombres de la Cultura que por lo regular están preocupados exclusivamente por estar a la vanguardia para romper «esquemas arcaicos»). Según su planteamiento Alicia, ante un catastrófico horizonte en el que la humanidad está llamada a renunciar a todo derecho al futuro, aparece el mítico Proyecto Humano que es definido por él mismo como «la evolución del espíritu humano, la evolución del entendimiento humano». ¿Qué nos querrá decir con eso del espíritu humano? ¿En dónde está? ¿Qué lo define? ¿No es acaso una contradicción ecualizar al entendimiento –por racionalista– con el espíritu –por metafísico–?

Según su perspectiva, la evolución espiritual de ese entendimiento humano tiene que ver ante todo con la creación de nuevas estructuras. Pero, decimos nosotros, ¿según qué criterios? ¿Los de Oriente? ¿Los de China? ¿Los del Islam? ¿Los de los indígenas? ¿Los del Dios de los Testigos de Jehová? ¿Los del Yoga o el Tai chi? ¿No es acaso una frivolidad plantear «la novedad por la novedad misma» sin dar criterios ni parámetros? ¿No es la ciencia occidental la que ha hecho, nos guste o no, que el entendimiento evolucione? ¿A qué otra evolución se refiere Cuarón? En la entrevista, por lo menos, la respuesta brilla por su ausencia.

Pero aquí no acaba la cosa. Cuarón hace gala también de su solidez teórico-política y, desde una ramplonería pavorosa que deja ver que, por lo menos en política, no se ha enterado absolutamente de nada, mete en el mismo saco tanto a Felipe Calderón como a Andrés Manuel López Obrador: ambos reproducen, nos dice, «estructuras arcaicas». El primero «arraigado a las políticas económicas del pasado, a este neoliberalismo» (¡sic!); el segundo, atado a estructuras que «tienen que ver con una nostalgia por los héroes nacionales del pasado que transitaban por momentos históricos distintos a los actuales». Y entonces nuestro intelectual crítico apuntala la tesis política: «la esperanza tiene que ver más con pensar lo impensable, y no me refiero nada más a nuestros políticos mexicanos, ya es una cuestión global. Por el momento, la solución no vendrá de los políticos ni de los ideólogos, porque están arraigados en estructuras arcaicas […] No sólo los cineastas, es importante que la sociedad civil empiece a tomar el poder, y no necesariamente es tomar las calles sino crear nuevos planteamientos. Es juntarse a imaginar. Creo que por ahí va el asunto. Si los políticos quieren sobrevivir van a tener que subir al tren de la sociedad civil, no la sociedad civil subirse al tren de los políticos.»

Bien: juntarse a imaginar y pensar lo impensable... Aquí las claves filosóficas y políticas de Alfonso Cuarón. Claves que aparecen en consonancia directa con el Imagine de John Lennon, la Alianza de Civilizaciones de Rodríguez Zapatero y el socialismo blando y pueril –ético– del PSOE español (que tantos y tantos adeptos, tan ingenuos como simples, tiene aquí en México) y el No a la Guerra de la viscosa e indefinida farándula socialdemócrata que, antes que entender, quiere sobre todo que la dejen en paz.

Puede ser que las virtudes estéticas, dramáticas, fotográficas, de producción y, en definitiva, cinematográficas, de la película Niños del hombre de Alfonso Cuarón, cumplan con los más rigurosos cánones internacionales y pongan a su director en la lista de los más cotizados creadores fílmicos; pero por cuanto al contenido ideológico de su propuesta política que en la entrevista referida nos ofrece –«Cuarón y su filme político» reza el título del artículo que, en la sección de Cultura, aparece en Proceso– nos parece que estamos ante la propuesta de un director exitoso, sin duda ninguna, pero también ante un «intelectual» políticamente indefinido que, aunque bienintencionado, representa otro caso típico de pensamiento Alicia que, por difuso y confuso, no hace otra cosa que obnubilar aún más el entendimiento político, por lo menos desde un punto de vista racionalista, materialista y realista –no idealista–.


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