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El conjunto murario y escultórico recogerá las cenizas de quien gobernó Ecuador entre 1895 y 1901

Un monumento al “Viejo Luchador” Eloy Alfaro presidirá la sede de la nueva Asamblea Constituyente de Ecuador

Alfaro impulsó las transformaciones de la nación supeditando las letras a las armas

Martes 15 de mayo de 2007, por ER. Quito

Lo que resalta en los tiempos de la corrección política o el Pensamiento Alicia, son los dos lemas que se recuerdan del bélico prócer ecuatoriano, frases que también espantarían a los izquierdistas divagantes y/o extravagantes que pueblan las democracias de mercado pletórico. "La libertad no se implora de rodillas, se conquista en los campos de batalla" ”No podemos perder con papelitos lo que hemos ganado con fusiles”

El artista manabita Ivo Urquillas, ha sido designado para erigir el monumento a Eloy Alfaro, que constará de un mural y una estatua del Viejo luchador, en la que éste aparece con el torso desnudo y musculado, levantado por decenas de brazos que representan al pueblo ecuatoriano. A todo ello se une una panoplia consistente en libros, cadenas rotas, un fusil, una antorcha y una bandera.

En el interior del monumento, se instalarán las cenizas de Alfaro, junto a huesos fracturados de manabitas, que en un alarde negroleyendista, simbolizarían el genocidio a que, según Urquillas, se vieron sometidos los aborígenes.

Como se puede observar, en la obra de este artista plástico aparecen diversos símbolos, algunos de ellos contradictorios – ¿cómo reconciliar la bandera tricolor que simboliza a la nación con las instituciones políticas indígenas que necesitan ser trituradas para dar paso a aquélla? – con el ineludible aderezo del relativismo cultural en el que suelen están cautivos los creadores contemporáneos.

En espera de que Urquillas dé forma a su obra, aportaremos algunos datos sobre Alfaro.

José Eloy Alfaro Delgado (Montecristi, 1842 – Quito, 1912), hijo del republicano español Manuel Alfaro González, es conocido popularmente como el Viejo Luchador. Admirador de Bolívar, combatió a García Moreno, Borrero, Veintemilla y Caamaño en busca de una transformación del país, cambios que iban orientados a la mejora de la educación (fundación del colegio Bolívar, Escuela de Artes y oficios, Instituto Nacional Mejía, Escuela de Bellas Artes de Quito, Colegio Militar Alfaro, & c.) y las comunicaciones férreas (firma del Contrato Harman por el que se comunicaron Guayaquil y Quito).

Pero lo que más resalta en los tiempos de la llamada corrección política o el Pensamiento Alicia, son los dos lemas que se recuerdan del bélico prócer ecuatoriano, frases que también espantarían a los izquierdistas divagantes y/o extravagantes que pueblan las democracias de mercado pletórico. En ellas parecemos encontrar rescoldos del "Discurso de las armas y las letras" de El Quijote, en el cual, las leyes (letras), como bien ha mostrado el filósofo español Pedro Insua, se supeditan a las armas. Abróchense los cinturones los antes aludidos:

«La libertad no se implora de rodillas, se conquista en los campos de batalla»

«No podemos perder con papelitos lo que hemos ganado con fusiles»


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