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Benedicto XVI partió esta noche desde San Pablo hacia Italia, tras una visita de cinco días

Ratzinger se despide pontificando contra el autoritarismo

En el último día de su visita pastoral a Brasil, el papa Benedicto XVI inauguró ayer en el santuario de Aparecida la V Conferencia del Episcopado de América Latina y el Caribe (Celam)

Martes 15 de mayo de 2007, por ER. Río de Janeiro

El Papa prefiere la democracia homologada realmente existente antes que el nacional populismo bolivariano chavista ¿Estará aquella forma de gobierno más cerca de la santidad que la de Chávez y aliados?

El Papa concluyó su visita a Brasil y regresa rumbo a Roma en un avión de Alitalia. . Antes de embarcar, se mostró muy agradecido con el presidente Lula y el gobierno de San Pablo. El vicepresidente brasileño, José Alencar, y el gobernador de San Pablo, José Serra, acompañaron al Pontífice hasta las escalerillas del avión, donde lo despidieron en representación de las autoridades. El gobernador paulista José Serra declaró que la visita "fue extraordinariamente positiva, algo bueno para todos nosotros, para el desarrollo espiritual y para la sociedad".

El Papa llegó a la base aérea paulista en helicóptero desde Aparecida del Norte, donde hoy inauguró las deliberaciones de la Quinta Conferencia de Obispos de América Latina y el Caribe. Allí dejo una imagen de Jesús para que los «inspire» en sus deliberaciones, que continuarán hasta el 31 de mayo.

En su última jornada en Brasil, el Papa hizo con un discurso destinado a ajustar la Iglesia de la región a las directrices del Vaticano, pero no descuidó hacer comentarios políticos. En su discurso, Benedicto XVI consideró que el continente “ha evolucionado hacia la democracia”. Sin embargo, manifestó su “preocupación ante formas de gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se creían superadas”, y que no corresponden con la visión cristiana del hombre y de la sociedad, “como nos enseña la Doctrina social de la Iglesia”. Por otra parte, advirtió que “la economía liberal de algunos países latinoamericanos ha de tener presente la equidad, pues siguen aumentando los sectores sociales que se ven probados cada vez más por una enorme pobreza o incluso expoliados de los propios bienes naturales”, y expresó su preocupación ante el “fenómeno de la globalización”.

En su alocución, el Pontífice abogó por la necesidad de mejorar la justicia social en la región, al afirmar que “los pueblos latinoamericanos y caribeños tienen derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con unas condiciones más humanas: libres de las amenazas del hambre y de toda forma de violencia”.

No obstante, enfatizó que la Iglesia debe contribuir a la construcción de estructuras sociales justas a la luz de los valores fundamentales, y que éstas no provienen de ideologías ni promesas.

“Si la Iglesia comenzara a transformarse directamente en sujeto político, no haría más por los pobres y por la justicia, sino que haría menos, porque perdería su independencia y su autoridad moral, identificándose con una única vía política y con posiciones parciales opinables”, enfatizó, en lo que fue interpretado como una advertencia a los adeptos de la Teología de la Liberación.

El Papa también atacó a diestro y siniestro: “Tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para la creación de estructuras justas y afirmaron que éstas, una vez establecidas, funcionarían por sí mismas”, y “esta promesa ideológica se ha demostrado que es falsa”. Al marxismo, Benedicto XVI le criticó el hecho de que “donde ha gobernado, no solo ha dejado una triste herencia de destrucciones económicas y ecológicas, sino también una dolorosa destrucción del espíritu”, mientras que, en el occidente capitalista, “crece constantemente la distancia entre pobres y ricos y se produce una inquietante degradación de la dignidad personal con la droga, el alcohol y los sutiles espejismos de felicidad”.

El Papa sigue, pues, en el juego de indefiniciones propio de la Iglesia, aparentando equidistancia entre capitalismo y marxismo, pero bien que se hizo desde el Vaticano para derribar el socialismo realmente existente, mientras que las diatribas contra el capitalismo son pura retórica de curas.

Al menos, el pontífice reiteró el aval de la Iglesia al proceso de catequesis de los pueblos indígenas de las Américas en la época de la labor civilizatoria española, y rechazó la idea de revivir las religiones precolombinas.

Tras el discurso, interrumpido varias veces por aplausos de unos 260 obispos, prelados, teólogos y laicos que intervienen en la Conferencia, el Papa se despidió del Santuario de Aparecida para dirigirse a Sao Paulo, a 167 km. de distancia, y emprender el viaje de regreso a Roma, a las 20:15.

El Celam, que se realiza 15 años después de la última celebrada en Santo Domingo, deberá marcar el rumbo de la Iglesia en la región donde vive casi la mitad de los católicos del mundo. La reunión durará hasta el 31 de mayo.


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