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Ya se advierten cambios y muchos se preguntan sobre la posibilidad de que sean definitivos

¿Transición en Cuba?: Fidel y Raúl, dos estilos (Sobre un artículo de Lisandro Otero)

Para Lisandro Otero el primer cambio ostensible es la reducción de la frecuencia de los discursos del dirigente interino y la brevedad de los mismos.

Jueves 22 de febrero de 2007, por ER. La Habana

El escritor cubano Lisandro Otero ha publicado un texto sobre el traslado transitorio de los poderes políticos y estatales al segundo hombre de Cuba, al General de Ejército y Segundo Secretario del PCC, Raúl Castro, tras la enfermedad de su hermano de 80 años.

El escritor cubano Lisandro Otero ha publicado un texto sobre el traslado transitorio de los poderes políticos y estatales al segundo hombre de Cuba, al General de Ejército y Segundo Secretario del PCC, Raúl Castro, tras la enfermedad de su hermano de 80 años. Siempre estas novedades circulan con especial interés, pues para los medios, Cuba y la enfermedad de Fidel Castro es una lectura garantizada de antemano.

El escritor cubano sostiene que ya se advierten cambios y muchos se preguntan sobre la posibilidad de que sean definitivos. “Como no poseemos ninguna vía de información de la alta cúpula de dirección del país nos limitamos a exponer las observaciones del hombre de la calle, lo que especula el ciudadano común, aventurándonos en estas hipótesis sin sostén oficial”.

Para Otero el primer cambio ostensible es la reducción de la frecuencia de los discursos del dirigente interino y la brevedad de los mismos. “Cuando la Revolución triunfó era necesaria una vasta obra de persuasión, un gigantesco esfuerzo de educación política en un pueblo que había sido prejuiciado con embustes y distorsiones de nuestra historia y de nuestra vida política. De ahí la longitud de los discursos de Fidel y la frecuencia de los mismos. No es necesaria ahora esa tarea de argumentación y proselitismo ante un pueblo cuyo capital humano es su principal riqueza, un pueblo educado que posee asertos y criterios bien formados”.

“El propio Raúl –dice Lisandro Otero– ha dicho que no le complace la exposición sobrada. Han disminuido los despliegues masivos reiterados, las concentraciones, desfiles, los mítines de protesta, las asambleas y congregaciones multitudinarias. Raúl habla corto, es condensado, no se extiende indefinidamente, habla de temas concretos que afectan a la población”.

Según el autor de la reflexión que se comenta, mucho se ha hablado de la capacidad organizativa de Raúl, de la manera eficiente en que preparó las Fuerzas Armadas, que creó escuelas de capacitación militar, elevó el nivel de instrucción estratégica de los altos oficiales, fundó talleres y fábricas de implementos militares. Luego, esas facultades se emplearon en el perfeccionamiento de empresas de la economía. “Ahora –afirma– esa misma capacidad se ha volcado en la solución de los tres problemas fundamentales de la sociedad cubana: alimentación, transporte y vivienda”.

Ya Fidel habló en uno de sus últimos discursos, de la posibilidad de autodestrucción de la propia Revolución si no se suprimía el fenómeno de la corrupción, anomalía que surge del actual desnivel entre precios y salarios, pues dice Lisandro que “cada trabajador se ve sometido a presiones aritméticas para lograr que su sueldo le alcance para sobrevivir entre los días de cobro. La única salida que ve a sus angustias es la sustracción o la malversación. Raúl le habrá concedido prioridad al análisis y solución de ese problema primordial de nuestra vida cotidiana”.

Raúl ha hablado sobre la caducidad generacional y la necesidad de sustitución eventual de los actuales dirigentes históricos, pues esta debe ser sustituida por nuevas promociones salida del horno de las nuevas generaciones, pues no ha habido pretensión de eternidad, ni de permanencia infinita en el gobierno.

El autor del texto afirma que Raúl ha hecho una convocatoria al debate pues ha dicho que las mejores soluciones surgen de la suma de objeciones discrepantes, lo cual ha sido una invitación al razonamiento y la evaluación. Y aprovecha el autor para señalar que: “De ahí el reciente examen de los intelectuales sobre el período de intolerancia y proscripciones que caracterizó la gestión cultural en los años setenta”, al referirse a los debates entre los intelectuales cubanos en torno al quinquenio gris (el período entre los años 1971 y 1975).

“Cada vez se advierte más el funcionamiento de un auténtico gobierno colegiado. La distribución de las representaciones en altas ceremonias de Estado en el exterior, las comparecencias públicas nacionales, el despliegue mediático de un mosaico muy variado de dirigentes, nos está indicando que existe una autoridad múltiple. Lage, Alarcón, Felipe, Lazo, Abel son algunos de los rostros más visibles de la nueva pluralidad” –señala acertadamente Lisandro.

Otro de los aspectos de gran envergadura es el llamado al diálogo con Estados Unidos y a la solución de nuestros diferendos lo cual es otra característica de la nueva situación, aunque ya Fidel había hecho, en el pasado, convocatorias similares –señala. “Raúl reclamó respeto a nuestra soberanía en tales pláticas y acatamiento a la igualdad entre Estados, pero ello es poco probable que ocurra mientras esté en la Casa Blanca un incompetente y altanero mandatario, tan comprometido con los agitadores cavernarios de Miami (que no son todo el exilio). A Bush le queda poco más de un año en el poder y la oferta de Raúl sigue sobre la mesa para la atención del próximo Presidente”.

Además, dice el texto, que en general “el clima de tensión política ha disminuido en la isla, la vida ciudadana es más relajada, menos inquieta”. Y acertadamente expresa que contra las predicciones catastróficas de los antagonistas de Cuba, todo parece funcionar bien, aún con las dificultades críticas, ya señaladas y sin solucionar aún. “Apuntamos menos a un idealismo sin fronteras, hacia utopías y esperanzadas quimeras, y más hacia acuerdos y respuestas positivas a los problemas concretos. En Cuba se estaría operando una mutación suave, apacible y ordenada. ¿Una transición? Ni transición ni sucesión, continuidad. Una continuidad de principios, un cambio de estilo con la misma base revolucionaria”.

Y es que los lectores de El Revolucionario no podrían dejar de tener ante si, otros textos y opiniones diferentes de aquellas que a diario ofrecen los medios críticos y sensacionalistas sobre Cuba, que se placen en atiborrarles con “la necesaria demonización” creada para un lector medio sobre una Cuba que debió deshacerse ya, mientras se vive hoy el día a día con una invariable calma, pese a todas las predicciones y planes macabros para una Cuba Pos-Castro.

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