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Con motivo de una entrevista a Abel Prieto, Ministro de Cultura de Cuba

"La intelectualidad europea no entiende a América Latina"

Con este título circula en la red una entrevista realizada al Ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto

Martes 13 de febrero de 2007, por ER. La Habana

Recientemente ha circulado por correo-e una entrevista realizada al Ministro de Cultura de Cuba Abel Prieto, publicada en Rebelión, uno de los medios de prensa digital más leídos tanto por la izquierda española como la de habla hispana, originalmente realizada Mertxe Aizpurúa y publicada en Gara

Recientemente ha circulado por correo-e una entrevista realizada al Ministro de Cultura de Cuba Abel Prieto, publicada en Rebelión, uno de los medios de prensa digital más leídos tanto por la izquierda española como la de habla hispana, originalmente realizada Mertxe Aizpurúa y publicada en Gara, un periódico de Donostia.

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Abel Prieto, Minsitro de Cultura de la República de Cuba

El intelectual cubano ofrece algunas valoraciones sobre el cambio que se produce en América Latina y que la intelectualidad europea no entiende a plenitud ni percibe el alcance de este fenómeno.

Esta es una apreciación que comparten desde ciudadanos simples en su modo indefinido de ver las cosas, como activistas que dedican sus días y su esfuerzo al cambio, tanto como intelectuales y políticos que se enfrentan a la sensibilidad, la comprensión y el discurso de europeos de izquierda, (no siempre monolítico), pero que tiene como rasgo reiterado esta afirmación del escritor cubano.

Ante la pregunta de la periodista vasca ¿Qué está pasando en América Latina? Abel Prieto señala que en este lugar es “donde se están forjando las culturas de resistencia más sólidas, el antiimperialismo más consecuente, el anticolonialismo más coherente... y creo que, en general, la intelectualidad europea no entiende a América Latina. No obstante, soy de la opinión de que, inevitablemente, van a tener que acercarse de otro modo. Las cosas que están pasando son demasiado didácticas como para obviarlas”. Y afirma que esta sucediendo algo muy importante para el mundo y para Europa en estos momentos en el continente Latinoamericano.

El socialismo está ganando terreno —afirma el Ministro y dice: “Chávez, en su discurso de celebración de la victoria, dijo que la gente que votó por él no votó por una persona, sino que votó por el socialismo. La palabra socialismo ya no está maldita, se está recuperando y Cuba, la obra de su revolución, es una referencia obligada en esa recuperación, en ese socialismo del siglo XXI. Lo que está ocurriendo también es que los Estados Unidos no pueden confiar en sus procesos electorales manipulados; ya están hablando de formar más militares latinoamericanos... el sistema electoral se les agotó”. Sin dudas las afirmaciones bien pueden suscitar el análisis. Pero más aun para la intelectualidad europea, mucha de ella considerada a sí misma de izquierda, que desde el mullido mundo aderezado por el “pensamiento Alicia” hace críticas insustanciales, (la mayor parte de las veces), y critica a Cuba, convencida de su modo de pensar reciclado, unas veces Light, otras cercano al reformismo burgués.

Las críticas a Cuba —dice el ministro cubano— “Muchas parten de un error básico: el de considerar que lo que se construye en este país pertenece a la familia de aquello que se derrumbó; es decir, que somos una expresión de aquel antiguo socialismo que cayó y que representamos por tanto a algo viejo, algo superado por la historia, dinosaurios o naúfragos de aquel Titanic que se hundió. En eso que podemos llamar izquierda europea se percibe un fenómeno que tiene que ver con querer tomar distancia de aquel socialismo, de aquella izquierda que se burocratizó y que fracasó y pensar que Cuba representa el pasado”.

Quien conoce a la “intelectualidad europea”, en particular a la española, que se dice a veces ser "intelectual de izquierda" o en todo caso "progre", siempre está atento a las comparaciones simples, así como al modo de ver los procesos como cosas que se repiten, que se asemejan más de lo que se pueda asemejar una gota de agua a otra, que en verdad, poco comparten, más que la aparente forma. Y nada tendría que venir a enseñar de nuevo el español, el europeo, ni dictar como mal maestro a las tierras de ultramar.

Ante la pregunta: ¿Cree que hay una imagen estereotipada?, Abel Prieto respondió: “Sí; hay un estereotipo, basado en aquellas caricaturas del socialismo real” Y pone un ejemplo que argumenta: “…yo, como ministro, tengo que someterme a los análisis de la Comisión de Cultura de la Asamblea Nacional; tengo que rendir cuentas a la Asamblea y, como diputado, próximamente tengo que responder ante mis electores de Consolación del Sur, que es donde me eligieron. Cada vez que hay una reunión plenaria de la UNEAC (Unión de Artistas y Escritores de Cuba) tengo que rendir cuentas de mi gestión. Acudo al Congreso de los Pioneros para explicar a los niños y adolescentes qué es lo que estamos haciendo para la recreación del mundo infantil, por qué no salen más dibujos animados en la televisión... Nada de eso pasaba en la antigua Unión Soviética, ni en Bulgaria ni en ninguno de aquellos países. La discusión, el debate y el intercambio de ideas es algo que está imbricado en nuestra sociedad”.

La especificidad de Cuba, a escasas millas de los Estados Unidos y un inveterado interés geopolítico del Tío Sam, ha hecho siempre necesaria la radicalidad del proceso, un cuidado especial, una alerta. Por eso, ante la pregunta de la entrevistadora sobre las acusaciones de que los medios de prensa cubanos no informan lo que realmente sucede en Cuba, Abel Prieto dice:

“Hay una frase de un escritor cubano, Cinto Vitier, que a mí me gusta mucho: "Nuestro desafío es fundar un parlamento en una trinchera". Tenemos frente a nosotros un enemigo desmesurado y, entre sus planes, está acabar con nosotros y para ello dice que pretende fomentar la llamada sociedad civil en Cuba. Por supuesto, obvian totalmente que nosotros tenemos una sociedad civil revolucionaria. Todas las organizaciones de masas son formas de organización de la sociedad civil, la UNEAC es una forma de organización de la sociedad civil, los pioneros... pero claro, para ellos todo eso son instrumentos castristas y lo que debe hacerse es fomentar la sociedad civil que son cuatro tipos a los que ellos les dan dinero...”

Comprender lo que sucede en América Latina, en un barrio de Venezuela, en un cerro de Caracas, en el campo y las zonas mineras de Bolivia, en Chiapas o Oaxaca, en México, no es simple, y mucho menos si creemos que toda nuestra sabiduría y nuestros conceptos pueden dictarle a estas realidades.

Para comprender a Cuba, la compleja realidad constituida en los últimos cuarenta-cincuenta años, o lo que siente un campesino boliviano al cual le acercan la confianza, le alejan su timidez, o a un ser que recobra, de a poco, lo de humano posible en un cerro de Caracas cuando se alimenta humanamente en una casa de alimentación, o le limpian la suciedad acumulada por años, gracias a la Misión Madre Hipólita, así como curarse por un médico cubano en un consultorio de Barrio Adentro, es cuestión compleja que exige alejarse de prejuicios y saberes absolutos.

Cuando esta y muchas más realidades se agolpan, se suman, se hacen visibles en el día a día y un excluido puede preguntar ¿Y ahora, dígame que puedo hacer?, ennobleciendo su mirada, entonces, la Europa añeja queda distante, y en ocasiones imposibilitada de comprender desde una simple transformación, un simple gesto, hasta una mayor.

El reto también es para Europa que ve nacer lo nuevo en el continente latinoamericano, para su intelectualidad y esa izquierda indefinida que a veces extravagante, divagante o fundamentalista se ve como tal, pasando por alto las complejas realidades lejanas de sus ojos y su perspectiva.

A estas reflexiones invita esta breve entrevista del escritor y ministro cubano, difundida en la red. Él, quien día a día se debate entre la creación y el hacer desde una esfera tan compleja como útil por tratarse de la vida cultural, de la esfera de la reproducción, mediada por lo simbólico, los esquemas, los intereses que se disfrazan y fingen, la ideas, entre tantas otras cosas humanas expuestas a lo velado y la confusión, a la pseudoconcresión del saber humano.


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