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Irónica «renovación» de dirigencia nacional de un cadáver ideológico nada exquisito

Se inicia el proceso de renovación de la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional

El destino político del PRI se definirá el próximo 18 de Febrero

Viernes 19 de enero de 2007, por ER. México DF

El Partido Revolucionario Institucional ante la necesidad de redefinirse para dejar de ser un mero recuerdo del siglo XX

Roberto Madrazo {JPG} En la total orfandad y vacuidad ideológica tras la trituración de su ideología nacionalista operada por la tecnocracia neoliberal salinista, y tras el fracaso aplastante del señor Roberto Madrazo, candidato a la presidencia de la república en 2006 (el segundo gran perdedor del PRI después del otro pequeño perdedor, Francisco Labastida Ochoa —en el 2000—, quien es hoy, faltaba más «señor licenciado», senador de la república), el PRI da inicio formalmente el día de hoy al proceso de renovación de su dirigencia nacional.

Esto significa que, posible y dramáticamente, los mexicanos tengamos que presenciar en los días por venir una patética campaña mediática (los spots de televisión, sobre todo, se antojan tan deplorables como abyectos), mediante la que se tratará de meter en la cabezota del pueblo que «el PRI tiene futuro», que «el PRI es un partido moderno y cercano a la gente», que «el PRI quiere un México mejor», que «el PRI va hacia delante», que «necesitamos un PRI fuerte, vigoroso y responsable», y toda una serie de estupideces de esta índole.

En sus documentos básicos, buscando acomodo en el tablero ideológico tras su vergonzosa deriva, el PRI se define hoy como cercano a la socialdemocracia. ¿Qué más se podía esperar? Prácticamente nada. Por que, por si no se sabe bien fuera de México, aquí todo mundo, para tomar distancia «si no se es de derechas», quiere ser socialdemócrata, amigo o, si no se tienen los contactos y la suerte, simple admirador, del señor Felipe González, ideólogo del así llamado «progreso global». Es decir, que aquí en México, quienes no se sienten de derechas, son, en los hechos, suscriptores ideológicos de una de las derechas económicas realmente existentes: la socialdemocracia.

Los dos principales contendientes a la dirigencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI son el exsenador de la república, señor Enrique Jackson, y la señora Beatriz Paredes, exgobernadora del estado de Tlaxcala y excandidata a la jefatura de gobierno del DF (derrotada por Marcelo Ebrard, del PRD).

El señor Jackson, un hombre de un simplismo lamentable, se mueve en las coordenadas de un discurso un tanto desenfadado, coloquial, fácil de entender y revestido con ciertos aires de franqueza (imaginamos que eso, según sus entendederas, es lo que le gusta a la gente), pero sin ninguna idea política definida, no se diga propia, que es ya pedir demasiado. Escuchar hablar a Jackson es evocar, en definitiva, a Juan Rulfo: este exsenador de la república —vaya república la nuestra— nos recuerda a cualquier líder de pueblo cuyos perfiles fueron retratados con tan fantástica fidelidad por Rulfo en El llano en llamas o en Pedro Páramo.

La señora Paredes es sin duda de otro perfil. Socióloga de formación y cercana al bloque campesino del PRI, su discurso es mucho más articulado y con contenido político de mayor definición: tiene idea sobre el Estado y sobre su razón, y sabe también de las contradicciones del poder y de su ejercicio. Acaso pueda considerarse como perteneciente a una corriente de nacionalismo a la izquierda dentro de lo que queda ideológicamente del PRI.

Pero lo cierto es que, por más que se nos quiera convencer de que el PRI sigue siendo necesario para el país, a nosotros nos parece que esta renovación de dirigencia está destinada, por lo menos en los términos del debate ideológico, a la nada, al vacío. La presencia del PRI seguirá dependiendo de su fuerza de movilización y del poder derivado de los gobiernos estatales que todavía controla (que son la mayoría). Pero ideológicamente, el PRI, hoy —en el pasado otra fue la cosa—, es igual a cero.

Y una cosa más: si hay algo verdaderamente patético, es escuchar a los jóvenes priístas, a las nuevas generaciones del PRI, todos ellos tan convencidos y tan seguros de sí mismos, entrenados para coordinar «mesas de debates» y para darle curso al «orden del día», que es lo único que saben hacer sus parlamentarios en el congreso. Es vergonzoso constatar que siguen convencidos de que México es México por el PRI y que sin él, este país se viene abajo, sin darse cuenta de que este partido ha quedado ya fuera de la dialéctica política en la que se definirá el futuro de México. Estos jóvenes priístas nos recuerdan, también, a Rulfo.


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