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La izquierda indefinida mundial sigue mirando con nostalgia a Cuba

La historia de la Revolución cubana contada por (algunos) cubanos

Una «investigación» financiada por la Fundación Ford sirve de testigo de defunción de lo poco que queda de la quinta generación de izquierda, la izquierda comunista, en la isla

Sábado 13 de enero de 2007, por ER. Washington

Elizabeth Dore, profesora de la Universidad de Southhampton, Reino Unido, impartió el viernes 12 una charla en la Universidad de California en San Diego para presentar los resultados de un proyecto de «historia oral» financiado por la Fundación Ford y que cuenta con el apoyo, y dirección, del gobierno cubano. La investigación, plagada de irregularidades, sirve más para entender la deriva de los restos de la quinta generación de izquierda tras la caída de la Unión Soviética que la situación real en Cuba. Dada la importancia del asunto para la definición política en la América Hispana del futuro, El Revolucionario se desplazó hasta el lugar

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Elizabeth Dore. Foto de archivo

Elizabeth Dore, junto con otro profesor británico y seis miembros de la Universidad de La Habana, todos ellos pertenecientes al Partido Comunista de Cuba, ha llevado a cabo 100 entrevistas para componer su investigación Memorias cubanas de vida política en la Revolución. La intención es construir, «frente a las historias oficiales y radicales» del Gobierno de Cuba, por un lado, y de Miami, por otro, una «historia oral» basada en «la memoria de la gente que verdaderamente importa: el pueblo que vive la Cuba cotidiana». La autora reconocía que esta memoria es «social», es decir que, como las otras historias «oficiales», consiste en una reinterpretación política contra terceros y reconocía también importantes sesgos en la investigación. Sin embargo, se siente autorizada para hablar, mientras organiza los resultados de las entrevistas, en nombre del «pueblo cubano» y decir que lo que quieren es «un socialismo más democrático» sin las penurias del capitalismo yanqui; también cree poder asegurar que el régimen cubano no caerá tras Castro, pues la transición está «atada y bien atada.»

El problema es que la «investigación» adolece de tantos fallos que es fácil ver que las conclusiones ya las habían sacado los investigadores mucho antes de llevarla a cabo. Por eso es más útil para conocer el pensamiento de estos que una supuesta «memoria social común del pueblo cubano», que difícilmente puede ser unitaria. La conclusión de la autora británica, típica en una izquierda indefinida sin rumbo tras la caída de la Unión Soviética es un «socialismo más democrático», aunque reconozca la imposibilidad de definir seriamente tal cosa y dotarla de verdadero contenido político más allá de la fácil arenga ideológica.

Esta posición de la autora la convertía en ciega ante los fallos metodológicos de la investigación, sobre los que ER Washington preguntó en el turno de intervenciones: 1. exclusión a priori (dando por supuesto que la «gente que importa» es la de dentro de Cuba) del casi 10% de la población cubana y segunda fuente de ingresos, tras el turismo, del país, que es la afincada en Miami; 2. exclusión de hecho, (y, como reconoció la autora, por resultado de la censura del Gobierno de Cuba en contra del proyecto inicial «Voces Cubanas», tal como aparece anunciado en su página de Internet) de áreas rurales y externas a La Habana donde el culto a Fidel es menor; 3. falta de anonimato real de los entrevistados e intimidación por parte de los entrevistadores, miembros conocidos (algunos de aparición rutinaria en televisión) del Partido Comunista; 4. criterios oscuros de selección de los entrevistados, desde encontrárselos por la calle hasta el «canales» institucionales auspiciados por el régimen.

La autora admitió todos esos errores y subrayó su importancia: dado que la Fundación Ford ha sido identificada por la propaganda del propio régimen castrista con la CIA en diversas ocasiones, no es de extrañar el interés de éste en controlar la investigación. Por eso, nada menos que María Castro, hija de Raúl Castro y sobrina de Fidel Castro, amadrinó la investigación para «reflexionar sobre lo que se podía hacer mejor la próxima vez». La profesora Dore reconocía que María Castro consultaba sus movimientos con «el tío».

Según la autora, él único modo que tenía de salvar esos fallos era advirtiendo de ellos en la publicación de la investigación, cuyos resultados, aun por organizar, no veía, sin embargo, invalidados. Por tanto, se seguía sintiendo autorizada para presentar los datos de su mediocre «historia oral» como la verdadera «memoria histórica común del pueblo cubano» e incluso para utilizarlos para predecir el futuro político de la isla: no habrá capitalismo y se sustituirá el «fidelismo» por un socialismo democrático. Que el capitalismo ya esté introducido en Cuba a través de la economía sumergida, el turismo, y el envío de dinero desde Miami no amedrentaba a la autora en sus conclusiones, que tenía definidas antes de hacer la investigación y, sin duda, antes incluso de viajar a Cuba.

Los mecanismos de «cerrojo» contra estas contradicciones eran típicos en una turista con amor antropológico por lo exótico: «aunque todos los cubanos tienen algún familiar en Miami y miran hacia allí a la hora de valorar su situación, nunca se implantará el capitalismo y la democracia al estilo Norteamericano porque los cubanos no envidian el exceso de trabajo de los yanquis, la frase que más oí era: ’el gobierno hace como que nos paga y nosotros como que vamos al trabajo, y así todos felices’.» En la misma línea, para defender sus entrevistas de la acusación de sesgo llegó a decir: «pero no les importaba (a los entrevistados) la falta de anonimato: lo más que pueden hacer es quitarles el trabajo, y para lo que les pagan preferían hablar claramente.»

Esta ingenua y desenfadada perspectiva puede ser capaz de tranquilizar la conciencia de la izquierda indefinida burguesa y puede ser útil a los oficiales del actual régimen cubano, pero es vacía a la hora de definir el futuro político de la isla y sólo prepara su entrega sin condiciones al imperio del Norte.


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