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Ecuador se perfila como nación clave en la incipiente plataforma bolivariana

Ecuador concede un nuevo plazo al Socialismo del siglo XXI de Correa

Autodenominado “alfarista” y “bolivariano", Rafael Correa deberá definirse con claridad ante el indigenismo, el Islam y la multitud de retos que acechan a la República

Martes 28 de abril de 2009, por ER. Quito

Bajo la atenta mirada de observadores internacionales erigidos en ángeles custodios de la democracia de mercado pletórico, Rafael Correa y su movimiento, Alianza PAIS, han ganado las elecciones celebradas en la República de Ecuador tras imponerse a sus dos principales adversarios: Lucio Gutiérrez, del Partido Sociedad Patriótica, y el multimillonario bananero Álvaro Noboa, líder del Prian

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Correa y un peligroso compañero de viaje
Las relaciones entre Ecuador e Irán, acaso se vean revisadas tras el beatífico triunfo de Obama

La victoria, cuyos resultados definitivos aún no se conocen, da un nuevo plazo a Correa para la implantación de su confuso proyecto, el denominado Socialismo del Siglo XXI. Y decimos complejo, porque pese a que el Presidente se ha apresurado a manifestar que su propósito es erradicar la miseria de la República, al tiempo que aseguraba el fin de los gobernantes títeres en Ecuador, no es menos cierto que en el plazo que ahora se abre, Correa deberá tomar importantes decisiones.

Ecuador y su Socialismo del Siglo XXI deberán posicionarse con claridad tanto de fronteras para adentro, como en su acción exterior. Veamos:

Sin duda, al menos así lo percibimos desde El Revolucionario, esa amalgama ideológica que se agazapa tras las siglas CONAIE, suponen un serio peligro para cualquier socialismo. El indigenismo, por su carácter reaccionario y su oscurantismo, alimentado de mitos, es una amenaza que puede poner en peligro no sólo la unidad de Ecuador, sino también la libertad e igualdad entre ecuatorianos. CONAIE se muestra así como una auténtica amenaza a la idea de ciudadanía ecuatoriana, pues sus objetivos, convenientemente ayudados desde el exterior por individuos y plataformas socialfascistas como la representada por el español José Luis Pérez Carod sólo pueden conducir a un secesionismo de cariz racista.

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Correa celebra su victoria
Tras la euforia del triunfo, el Socialismo del siglo XXI deberá mostrar su verdadero alcance más allá de las urnas

Por lo que respecta al exterior, conocida es la simpatía rayana en el fanatismo que Venezuela, y más concretamente su presidente, Hugo Chávez, despierta en Correa. Desde El Revolucionario, no dudamos de que la Plataforma Hispánica pueda comenzar por consolidarse en torno a Venezuela, Ecuador, Bolivia y Cuba, mas lo que nos preocupa es la dirección que una tal plataforma que tenga por origen la unión de estas naciones, pueda tomar. Máxime cuando comprobamos que, a menudo esta coalición intencional, tenía como elemento cohesionador su animadversión por USA. En este sentido, un personaje tan confuso hasta la fecha como Obama, parece haber neutralizado, fruto de un automatismo maniqueo, el odio a lo useño.

Finalmente cabe preguntarse por el futuro que puede esperarse de las relaciones entre el cuarteto citado, integrado por católicos confesos como Correa, y el Islam, representado por la OPEP y sobre todo por el Irán de Armadineyad. De nuevo un aluvión de mitos y odios se perfilan en el horizonte de esta relación que con perspectiva histórico-religiosa podríamos considerar contra natura.

A todos estos complejos problemas deberá enfrentarse Rafael Correa, vaya desde nuestra corresponsalía el deseo de que la nave ecuatoriana, sobreviva en tan procelosas aguas.


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