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Ante la toma de protesta del sandinista Daniel Ortega como presidente de Nicaragua

Nulidad política e ideológica continental de los conservadores mexicanos capitaneados por Felipe Calderón

Durante mucho tiempo en la vanguardia, México es posicionado ahora por Calderón, siguiendo la línea de Fox, en la «reacción ideológica» de Iberoamérica: en la ceremonia de investidura de Daniel Ortega lo sientan al final de la hilera de mandatarios

Jueves 11 de enero de 2007, por ER. México DF

México, de la mano de Calderón y la reacción conservadora mexicana, no podrá ser nunca dirigente ideológico de Iberoamérica. Tan sólo puede aspirar a acompañar, sin tocarlos, la dominación económica de sus monopolios empresariales

La retórica: el futuro de México está en Iberoamérica

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Chávez saluda a Calderón

En declaraciones hechas durante su paso por Managua, invitado a la toma de protesta presidencial del comandante Daniel Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional, el conservador Felipe Calderón sostuvo que «la esencia, la sustancia, la historia, el pasado y el futuro» de México está en América Latina. Independientemente, claro está, de que «geográficamente» pertenezca México también a la región de Norteamérica.

Para Calderón, según el mensaje grabado que difundió la presidencia de la república, es un «signo de ventura» el hecho de que sus mandatos —el de Ortega y el suyo— comiencen simultáneamente, lo que permitirá, afirmó, una coordinación «mucho más estrecha».

Por su parte, la canciller mexicana, Patricia Espinosa, desde un simplismo galopante, negó la existencia de incompatibilidad entre el interés de México por Latinoamérica y su agenda bilateral con Estados Unidos pues, aclaró, «en la cancillería se tienen equipos dedicados a ambas regiones» (¡sic!), como si el hecho de tener «equipos de trabajo» cancele por sí misma las contradicciones objetivas que determinan la orquestación de estrategias geopolíticas e ideológicas.

Este es el mismo simplismo bobo, propio del pensamiento Alicia y tan típico de burocracias diplomáticas e internacionales, según el cual de la organización de Grupos de Estudio de Alto Nivel (de «equipos de trabajo») puede derivarse de modo directo realidades objetivas tan disparatadas o, en el límite, imposibles estructuralmente, como la Alianza de Civilizaciones.

La dialéctica: junto con el mandato de Calderón comienza, también simultáneamente, el nuevo mandato de Hugo Chávez en Venezuela

Pero si dejamos de lado los argumentos retóricos de Calderón y su canciller, argumentos que se repiten y se repiten en cumbre tras cumbre, se aprecia un acusado antagonismo ideológico y geoestratégico que hará prácticamente imposible que ese futuro de México al que alude el señor Calderón pueda darse en un horizonte político en el que aparezca México como dirigente histórico e ideológico; en todo caso, su liderazgo sólo puede aspirar a ser económico, pero no por virtudes de los conservadores mexicanos (el PAN y Calderón), sino por el poderío de sus monopolios económicos (Televisa, Cemex, Telmex, &c.).

Es decir, que Calderón y el PAN no podrán ser nunca dirigentes ideológicos de Iberoamérica sino tan sólo comparsas políticos de una vanguardia económica cuyo cuerpo central está constituido por unos cuantos monopolios mexicanos; monopolios que, por cierto, han puesto en la presidencia al señor Calderón. La derecha ideológica mexicana, en definitiva, no será más que la retaguardia de la dominación económica que los monopolios mexicanos ejercerán o intentarán ejercer sobre toda Iberoamérica.

Por que, al margen de frases hechas y de formalismos diplomáticos ¿qué puede decir el señor Calderón ante la conformación del nuevo gobierno de Venezuela? ¿Con qué estatura política podrá Calderón encarar a Hugo Chávez si su campaña contra López Obrador lo utilizó peyorativamente para hacer de ambos el ejemplo de populismo y autoritarismo iberoamericano? ¿Qué puede decirle Calderón a Chávez si todos los parlamentarios del PAN, su partido, repiten una y otra vez que Chávez representa un riesgo para Iberoamérica?

¿Y qué puede decir ante la lucha que se resume en el Frente Sandinista de Liberación Nacional si él, Calderón, representa, en su modulación mexicana, la ideología y los intereses históricos contra los que pelearon Ortega y los sandinistas? ¿Qué parte de la realidad iberoamericana se refracta en la figura de Calderón y el bloque político que representa que no sea el de la reacción conservadora, la parte que es precisamente tributaria del Antiguo Régimen?

¿Qué liderazgo ideológico y político puede tener México en Iberoamérica —el económico acaso ya lo tenga— con un presidente conservador por quien votaron las clases medias y altas que desprecian a Venezuela y a Chávez, a todo lo que huela a lucha social y política, a todo lo que tenga que ver con la organización popular, con el pueblo, que desconocen por completo —acaso por que la desprecien— la historia de México y la de Iberoamérica y que aspiran sociológicamente a vivir en Miami?

Ninguno, que se escuche muy bien: México, de la mano de la reacción conservadora, no ejercerá ningún liderazgo geopolítico en Iberoamérica, no será dirigente ideológico, será administrador político de la dominación económica de grandes intereses monopólicos mediático-empresariales. ¿Cómo dirigir históricamente a un bloque continental geopolítico cuyo contenido ideológico se desprecia? ¿Cómo dar la cara si se está en el poder a través de un fraude mediático-empresarial-electoral? Imposible.


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